Allegro

Pablo Kohan
(0)
29 de mayo de 2003  

  • Todo un bon vivant parisiense, después de su alejamiento de la composición de óperas, Rossini, como es sabido, durante los casi cuarenta años posteriores a la creación de "Guillermo Tell", de 1829, su última creación para la escena, se dedicó a los placeres mundanos los cuales, no es un detalle menor, le eran prodigados con generosidad, merced a un prestigio que se mantuvo invicto y sin descensos hasta su fallecimiento en 1868, incluso cuando sus óperas eran representadas con poca asiduidad. Además, en desacuerdo con la música de ese tiempo, acaso una de las razones por las cuales se retiró de la composición de óperas, durante ese larguísimo período, no dejó de arrojar críticas malevolentes e irónicas en contra de los compositores que, según él, pergeñaban obras tremebundas y poco valiosas. El blanco más conocido de sus dardos envenenados fue Wagner, por cuya música sentía una particular inquina.
  • Con todo, y ahora ubicado del otro lado de la escena, Rossini también fue muy criticado por otros compositores que no le veían demasiadas cualidades. Uno que tuvo poca condescendencia para con él y para con su obra fue Beethoven, mayor que Rossini en veintidós años y que, desde Viena, veía con fastidio cómo llegaban desde Italia y desde Francia, en oleadas permanentes, las noticias de sus éxitos. En una oportunidad, después de haber escuchado una de sus comedias, le preguntaron, concretamente, qué opinaba sobre el compositor italiano. Muy alejado de sus propuestas y de su estética, Beethoven, más hiriente que socarrón, dijo: "Rossini podría, tal vez, haber sido un gran compositor. Pero fue una lástima que su profesor no le hubiera castigado lo suficiente para que estudiara música tal como hubiera correspondido".

    ADEMÁS

    MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

    Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

    Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.