Atrapante y tortuoso retorno a un mundo surrealista y lleno de enigmas

Marcelo Stiletano
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4 de junio de 2017  

Kyle MacLachlan retoma con espíritu fantasmal al agente Cooper
Kyle MacLachlan retoma con espíritu fantasmal al agente Cooper Fuente: LA NACION

Twin peaks / Creada por: Mark Frost y David Lynch / Fotografía: Peter Deming/ Música: Angelo Badalamenti / Edición: Duwayne Dunham, David Lynch / Elenco: Kyle MacLachlan, Sheryl Lee, Michael Horse, Miguel Ferrer, Catherine Coulson, David Lynch / Autores: Mark Frost y David Lynch / Direccción: David Lynch / Disponible en netflix / Nuestra opinión: muy buena

Puede ser una ironía. También una reflexión al paso o un instante de sardónica lógica en medio de un océano de enigmas surrealistas. Lo cierto es que al promediar el tercer episodio del regreso de Twin Peaks, la voz del agente del FBI Albert Rosenfeld, que Miguel Ferrer pudo traer de vuelta poco antes de su prematuro fallecimiento en enero último, pronuncia por primera vez una frase autorreflexiva desde la cual alguien quiere ayudarnos a entender qué pasa. "Es el misterio absurdo de las extrañas fuerzas de la existencia", afirma antes de seguir los pasos de su superior Gordon Cole (David Lynch). Ambos deberán viajar de inmediato a Dakota del Sur para tratar de esclarecer un par de muertes ocurridas durante los primeros escarceos de esta vuelta.

¿Cuándo se develará ese misterio? ¿Lograrán hacerlo quienes se lo proponen? Son preguntas elementales y naturales para cualquier ficción televisiva. La lógica tradicional de las series nos dice que deberían responderse en un tiempo y un espacio que el propio relato determinará con claridad.

Pero esas convenciones no corren en el caso de Twin Peaks. Los seguidores de la obra de Lynch, que también se deslumbraron en su momento por el perfil casi fundacional que propuso la aparición de esta serie un cuarto de siglo atrás, saben que cuando se trata de encontrar una certeza la búsqueda debe empezar por las preguntas sin respuestas, por los silencios, por los viajes a través de escenarios inasibles como el fantasmagórico cuarto de cortinas rojas, pisos que se mueven y voces de espectral distorsión.

Esos signos les piden sobre todo a los no iniciados calma, sosiego, serenidad. Quienes llevan años y experiencias de recorridos por el fascinante mundo lynchiano encontrarán aquí un nuevo motivo de regocijo y deslumbramiento visual, sonoro y de puesta en escena. Pero por sobre todo saben que la respuesta a la pregunta planteada por el agente Rosenfeld y a cualquiera de los infinitos interrogantes expuestos a cada paso en los episodios que hasta ahora Netflix puso a disponibilidad de sus abonados deberá esperar hasta el final para ser contestada. O tal vez quedar abierta, inconclusa, como tantas cosas y tantos hechos que llevaron a Lynch a regresar a Twin Peaks 25 años después de la igualmente alucinante experiencia original de sus dos primeras temporadas.

En la tercera, Twin Peaks parece asomar solamente desde los títulos de crédito, la extraña mística rural de sus extraños policías, de las premoniciones de la mujer del tronco (Catherine Coulson, también fallecida) y la reaparición de Laura Palmer (Sheryl Lee), cuya muerte disparó todos los dilemas iniciales.

Ahora, con la trama dispersa entre el enclave original, Dakota del Sur, Nueva York y los casinos de Las Vegas, las preguntas se multiplican. Visto desde una perspectiva convencional, la muerte de Palmer se esclareció en la segunda temporada. Pero para Lynch, por lo que nos sugiere este regreso, la cosa no termina allí. El ¿espectro? de Palmer resurge mientras Hawk, uno de los excéntricos policías de Twin Peaks, escucha decir a la mujer del tronco que "algo se perdió y es necesario encontrarlo".

Mientras tanto, frente a nuestros ojos se va reconfigurando otra imagen, la del agente Dale Cooper (Kyle MacLachan), otro fantasma que reaparece pidiendo ayuda mientras otro personaje con su misma cara lleva adelante acciones que lo identifican casi con el mal absoluto. Parece indestructible y dueño de un poder intimidante sin límites, hasta que lo vemos desmoronarse de un momento a otro. En verdad, Lynch parece divertirse con esta pintura insondable de Cooper. Con la apostura juvenil que todavía conserva a sus 58 años, MacLachlan consigue que su personaje parezca inmune al paso del tiempo. Pero la condición esencial de Cooper es el misterio. Un personaje que desde más de un avatar puede en un instante mostrar su carnadura y minutos después transformarse en cenizas, pura irrealidad.

Atrapante, tortuosa, irresistible, la tercera temporada de Twin Peaks funciona como una película de 18 horas. No puede verse ni analizarse con la lógica desde la cual vemos cualquier serie. Lynch, por ahora, nos muestra las piezas. El tablero completo se hará inteligible del todo dentro de un buen tiempo. Contemplamos fascinados ese work in progress. Sabemos que de allí surgirá, como antes, otro momento cumbre en la historia de las ficciones televisivas.

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