Bambalinas

Por Pablo Goriero
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16 de diciembre de 2009  

Purificación . El domingo pasado, Carola Reyna y Boy Olmi se vistieron con atuendos japoneses para conducir la ceremonia de purificación llamada Kiyome. Fue en el Jardín Japonés, donde los artistas participaron junto al monje zen Ricardo Dokyu. Tanto Carola como Boy realizaron la última purificación depositando los inciensos en la gran vasija pidiendo que todo lo negativo de 2009 se vaya y que 2010 comience lleno de prosperidad. Luego se dirigieron a la Isla de los Dioses, desde donde se produjo la gran humareda con los inciensos que la gente depositó durante el día.

Enredos . Luego de su experiencia en El libro de la selva, Darío Lopilato volverá al teatro con un protagónico, compartiendo cartel con Germán Kraus. Será en la comedia Passion y estarán acompañados por Stella Maris Lanzani, Andrea Estévez, Claudia Albertario y Olivia Molina. Nada tiene que ver con la obra de Stephen Sondheim que hará Elena Roger en Londres. Es una comedia de enredos producida por Aldo Funes y escrita por Sergio Marcos, sobre un padre y un hijo que poseen una lencería. Será en el Multiespacio Los Angeles.

Viejos compañeros . Este fin de semana, luego de haber brindado un recital en Mar del Plata, Rubén, Mario y Alvaro, de Los Nocheros, asistieron al teatro Atlas, de Mar del Plata, para ver una función de Fantástica . Allí se reencontraron con sus ex compañeros de Vedettísima . Kike Teruel, ausente con aviso, debió regresar a Buenos Aires luego de su show para cumplir con otros compromisos laborales.

De programas y acomodadores . La cortesía se ha perdido en algunos teatros. Siempre es grato ser recibido con amabilidad cuando uno asiste a un espectáculo. Eso ocurre siempre en salas como El Nacional, el Astral, el Lola Membrives y el Liceo, por ejemplo. Boleteros pacientes y acomodadores amables. Pero últimamente esa cortesía se ha perdido en algunas de las grandes salas, como es el caso del Avenida, el Gran Rex o el Opera. Los acomodadores no sólo parece que estuvieran reagrupando ganado, a espera del valor de la propina, sino que a menudo se niegan a entregar programas de mano, elemento esencial para el espectador. En cada uno de esos teatros mencionados, quien esto escribe recibió la misma respuesta: "Se entrega uno cada dos personas, no alcanzan para todos". ¿Desde cuándo? Cada persona del público tiene derecho a tener su programa de mano. Lo hacen las salas más chicas, es hora de que las más grandes también sigan el ejemplo.

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