"Batman" y su cuarteto de cuerdas instrumental

Marcelo Moguilevsky grabó su nuevo disco, Cinco, junto con un grupo de cuerdas formado en Europa e integrado por músicos de tres países
Marcelo Moguilevsky grabó su nuevo disco, Cinco, junto con un grupo de cuerdas formado en Europa e integrado por músicos de tres países
Mauro Apicella
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31 de julio de 2015  

El nuevo disco de Marcelo Moguilevsky se llama Cinco y no es un trabajo solista del aerofonista, sino un proyecto en sociedad con el Cuareim Quartet, conjunto europeo de arcos, integrado por un argentino, un uruguayo, una cubana y un francés. "Vengo viajando una vez por año a Berlín. A veces pongo en el Facebook mis actividades. Así me contactó Rodrigo Bauzá. Lo googleé. Escuché una versión que hizo de «Tea for Two» y me caí de espaldas. Estuve en su casa, allá, hace unos tres años. Y quedamos en hacer algo juntos", dice el rosarino-porteño Moguilevsky (54).

" Mogui siempre fue para mí una especie de superhéroe. Sus discos me los sé de memoria. Y esto es como salir a tocar con Batman", dice el formoseño radicado en Alemania Bauzá (32), que luego de integrar el cuarteto de cuerdas Arriaga, decidió salir del repertorio clásico e incursionar, con este tipo de formaciones, en la composición propia y en el jazz.

Cuando Rodrigo se animó a dar el paso, llamó a otro violinista, Federico Nathan, con quien lo unen una amistad de hace más de una década y media, cuando el formoseño se instaló en Montevideo -vivió en la calle Cuareim, de ahí viene el nombre del actual cuarteto- y se presentó en un concurso, en el que terminó en la final empatado con Federico.

La amistad continuó a la distancia (el uruguayo también hizo su carrera en Europa, pero en otras ciudades) hasta que este cuarteto los volvió a reunir. Juntos buscaron violista y chelista, y así aparecieron Mara y Guillaume. Viven en tres países diferentes (pero se hacen el tiempo para reunirse un par de veces al año, tocar música compuesta por ellos mismos y jazz). Rodrigo dice que está muy interesado en las músicas populares y en la improvisación libre. "Hay mundos abiertos por Bartok o Shostakovich para el cuarteto de cuerdas", explica, recién llegado a Buenos Aires, y antes de ensayar con Moguilevsky, para los conciertos gratuitos que tienen el apoyo del Ministerio de Cultura de la Nación.

Las actividades comienzan mañana, en el Museo de Arte Decorativo, Avenida del Libertador 1902. El 7 de agosto, a las 19, estarán en el Centro Cultural Kirchner, Sarmiento 151. El 12, a las 20.30, en el Templo Comunidad Amijai, Arribeños 2355. También viajarán a Formosa para actuar el 3, en el Teatro de la Ciudad, y a Montevideo, para dos funciones, el 8 y el 9 en el Jockey Club. Será la primera vez que toquen el material del disco en vivo.

"Empezamos a componer a distancia -dice Moguilevsky-. Creo que resultó una sociedad muy rica. Por una cuestión generacional, Rodrigo viene con música nueva y muy buena. Ayudo a que lo que hago suene. Cuando tuvimos una cantidad de música, nos juntamos en Amsterdam, en la casa de Nathan. Ensayamos ocho horas diarias. Fueron seis días de ensayo y dos de grabación. Traté de no ser una figurita por arriba o por delante, sino que el clarinete se fundiera en las cuerdas. Creo que salieron muchas cosas del proceso de conocernos. Hubo dos momentos: aprender a escribir para este proyecto y luego trabajar los temas con ellos para que suenen. Los veía corregir afinaciones y ataques, y pensaba: «Esto nunca lo viví en el palo de la música popular». Así se hizo el disco, con primeras o segundas tomas", dice Moguilevsky.

El álbum es verdaderamente una exquisitez. Tiene interpretación rigurosa y elasticidad, tiene tejido armónico y melodismo; hasta tiene una canción en la voz de Marcelo, que aparece hacia el final del disco, como un finísimo matiz en medio del discurso instrumental. Es un repertorio que también tiene climas, tiene sencillez, tiene atrevimiento con riesgo. Y tiene diálogo, entre los dos instrumentos: el cuarteto y el otro que Moguilevsky quiera soplar según el momento (clarinetes, armónica, flautas dulces o silbido).

"Está todo documentado -dice Rodrigo, sin ocultar su entusiasmo-. Porque el proceso de armar música pasó por Facebook, por WhatsApp o por grabaciones hechas con un teléfono, que Mogui me mandaba. Duró unos seis meses. En el medio, con el cuarteto fuimos probando cosas y se las mandábamos, hasta que nos juntamos en Amsterdam. Conozco su música desde chico, pero ellos lo veían por primera vez. Por eso estuve medio expectante. Se sorprendieron con lo especial que es Moguilevsky. Creo que esto para él también fue sorpresa."

De alguna manera, Marcelo volvió a ser alumno con este proyecto. "Yo estoy aprendiendo. Para mí fue como un sueño. El cuarteto de cuerdas era el impacto de mis 20 años con los conciertos de Bartok. Escuché de nuevo lo que me había conmovido en aquel tiempo. De ahí a Morton Felman y al Kronos Quartet. Ahora estamos en la punta del iceberg. Quiero ver qué significa subirme al escenario con esa energía. Pensá que casi los duplico en edad", confiesa.

Marcelo Moguilevsky

Con el Cuareim Quartet

Museo de Arte Decorativo, Av.Libertador 1902.

Mañana, a las 19.30. Entrada libre y gratuita.

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