Bebe Contepomi: "No hay nada más humano que una sonrisa"

De la radio a la tele y de su bar a un aeropuerto, resuelve con muchos proyectos su imposibilidad de quedarse quieto
Victoria Pérez Zabala
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5 de septiembre de 2016  

Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Gómez

El metro noventa de Carlos José "Bebe" Contepomi se balancea hacia adelante y hacia atrás sobre un banco otomano. Una televisión encendida le llama la atención. Su cara aniñada gira cada tanto hacia la pantalla. Las manos tampoco se detienen: insisten en moldear ese pelo castaño, como electrizado, que no conoce de peines ni respeta la gravedad. Desde que se levanta de la cama a las siete y cuarto de la mañana, Contepomi es puro movimiento. Los múltiples proyectos muestran algún grado de hiperactividad: el segmento musical en Telenoche, la conducción del ya clásico La viola y el descubridor de bandas en Rock del país (por TN). Pero también el sitio web Generación B, el programa Vivo Rock y, en radio, Bebe va de 10, que conduce cada mañana de 9 a 12 por ESPN Radio (FM 107.9). Quizá sea su manera de entrenarse para momentos como el que vivió hace poco cuando le tocó entrevistar por segunda vez a Paul McCartney.

"Cuando estoy esos quince minutos con estas megaestrellas es como salir a jugar un test match de rugby", dice dispuesto a revelar el detrás de escena de las entrevistas con las grandes figuras que le ha tocado hacer. "Estar con Paul McCartney es estar con alguien contemporáneo que marcó la historia de la humanidad. Aparece uno por siglo como él. Estuve dos veces delante de ese tipo. Le di un abrazo y me la jugué, porque me habían dicho que no podía tocarlo." Son 15 de vuelo para una entrevista de 15 minutos. Un error y la oportunidad se escapa. Dice que siente esa presión en sus hombros. "Si te tapa el agua, ya está. Si no lográs conectar con el entrevistado, ya está. No es una nota a Kapanga que si sale mal los puedo llamar para hacerla de vuelta. Acá son 15 minutos.Viajé 15 horas, llego y me sientan a Madonna, a Paul McCartney, al que sea. Vos tenés que estar listo para sacar lo mejor."

-¿Cómo se logra?

-Creo que cualquier actividad que uno haga depende mucho de la autoestima. Me di cuenta de que si voy con la autoestima alta, salen mejor las notas. Si me peleo con mi mujer antes de hacerla y voy medio flojito, me puedo marear en la nota y no encontrar el rumbo. Hay que estar muy concentrado y seguro. Están Paul McCartney, Lenny Kravitz, Keith Richards, Bono. Yo me siento y arranco. Es como una actitud de ponerle garra, casi deportiva.

A veces puede resultar difícil. Como la vez que Roger Waters empezó la nota de la peor manera. Le dijo que si entraba a la página de Internet podía ver la respuesta a su pregunta. "Ahí paré la cámara y le dije: «Roger, si querés me voy porque esto es televisión y hay que hablar». Me la jugué. Y el tipo ahí reaccionó. Empezó a contestar bien. Entonces, si estás medio debilucho, arrugás. Hay un trabajo mental porque son grandes figuras."

Hace diez años le tocó entrevistar a uno de sus héroes. Desde el secundario juntaba fotos suyas: Keith Richards era un ícono en su vida. Viajó solo a Toronto para la nota. Tuvo problemas con la visa. Estaba nervioso y no tenía tanta experiencia. Antes de Richards, le tocó un monosilábico Ron Wood. "Estuvo muy parco. Tal vez recién se había levantado. Todavía no había tomado un trago ni fumado un cigarrillo. Fue más de dormido que de mala onda. Esa nota no la pude publicar. Después seguí con Richards y salió muy bien. Cuando terminó la entrevista, me apoyé en su hombro y me largué a llorar de la emoción. Él me decía: «Argentina, don't cry, don't cry". Madres de Plazas de Mayo, Maradona. Cualquier cosa que relacionara con la Argentina para tranquilizarme."

-¿Alguna vez fuiste con expectativas bajas y el músico te sorprendió?

-La gran sorpresa fue cuando entrevisté a Bono y a The Edge, de U2, en Nueva York. Bono cayó con bufanda. Había llegado en subte hasta los estudios. Cuando me tocó, le hice la nota. Al terminar me llevó a su oficina. Me dijo: "Bebe, te vi la cara, confío en vos". Me empezó a hacer preguntas y me pidió el teléfono. Quedé alucinado. Seis meses después, el día que llegó a la Argentina, me llamó. Desde entonces, tengo una relación de mandarnos mails cada 15 días, de contarnos cosas, de vernos. Estuve en su casa en Londres. Salimos mucho a comer afuera cuando estuvo acá. Es graciosísimo, inspiradísimo, atento a todo. Es el marido que todos queremos para nuestras hijas.

-¿A quién sentarías a tu mesa para hablar de rock?

-Lo siento a Andrés Calamaro, Adrián Dárgelos, Bob Dylan, Bono y a Cucho Parisi, de Los Auténticos Decadentes. Bono tomaría tequila conmigo, algo que hacemos cuando salimos, Andrés no toma alcohol, Adrián toma poco, un vinito quizás, Cucho no toma y Dylan, en una época, tomaba licor de menta. Sería una mesa con varios abstemios.

-¿Qué discos tenés en tu auto?

-Siempre uno de los Decadentes, de Andrés Calamaro, de Babasónicos, siempre de Dylan. Dylan es mi todo. Después hay discos invitados; ahora estoy con el último de Estelares, Las Antenas.

-¿Cuál es el músico argentino más difícil de entrevistar?

-A mí personalmente me cuesta entrevistar a Vicentico. No te regala la entrevista. A veces te contesta con dos palabras y se te queda mirando. Lo conozco, quiero y admiro. Lo digo con simpatía, pero es el que más me cuesta al día de hoy. A Calamaro me cuesta mucho porque es un amigazo. De repente voy a almorzar, estoy hablando tres horas de la vida y después tengo que entrevistarlo y ya me contó todo. En muchas notas con Andrés me pasa que arranca diciendo: "Como vos ya sabés, Bebe".

-¿Adónde te interesa llegar en tus entrevistas?

-Busco siempre hacerlos reír. Trato de sacar el lado humano y no hay nada más humano que una sonrisa. Alguna cosa extramusical.

La entrevista comienza en su oficina, en Palermo, y termina a pocas cuadras, en el bar La Viola, adonde llega caminando mientras habla por celular. Siempre en movimiento. Sube al primer piso del bar, donde está la sala para tocar, y se sienta sobre el bombo de la batería para las fotos. "Subime las luces. Traeme las chicas. Una, dos cervezas. Vamos chicos. Rock and Roll", dice con la tonada de Pomelo, el personaje de Capusotto, buscando aflojar el momento de mirar a la cámara, que, según dice, no es de sus favoritos.

"El año que viene La viola (el programa) va a cumplir 20 años. Y después de tanto tiempo me sigue costando poner la cara. Me gustaría estar menos expuesto. Soy desaliñado. No me peino, por ejemplo, y la tele necesita un poco de cuidado estético. Con los años, la tele me cuesta cada vez más. Y eso que tengo mucho oficio. Ahora estoy muy metido en la radio. Es un grupo de autoayuda con Martín Urruty, Magui Aicega y Violeta Santamarina. Los veo más que a cualquier ser humano", dice el periodista que hace seis años conduce Bebe va de 10 por la FM 107.9. Le cuesta, pero a la vez quiere aprovechar el momento. "Estoy arriba de la ola después de tanto esfuerzo."

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