Bestiario

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17 de diciembre de 2009  

"No compre, adopte", aconseja Jaqueline Turdo. Viendo a Renata se entiende por qué. "Es lindísima, cariñosa y fanática de mi marido. Cada vez que se va llora al lado de la puerta hasta que vuelve. La adoptamos de un refugio de José León Suárez. La verdad es que aunque es un poco hincha me da su alegría todos los días", comenta. (Foto 1)

Nada más lindo que un gato arriba de un árbol. Chichito se da esos placeres porque siente mucha alegría cuando se va por las ramas. "Le gusta jugar y ronronear. Y demuestra que es un verdadero atleta. Acaricia con su boca cada flor que encuentra en su paseo, sin deshojar ninguna. Nació en nuestra casa y le tenemos mucho cariño", dice Carmen Brest. Un verdadero naturalista . (Foto 2)

Lunita Tucumana llegó a nuestras vidas cuando hacía un mes que nos habíamos casado, con sólo 20 días. La cuidamos como si fuera nuestra primera hija (tomó mamadera hasta los cuatro meses). Hoy tiene un año y siete meses, y no puedo imaginar llegar a mi casa del trabajo y que ella no esté esperándome en la puerta, o ir a ponerme perfume para salir y que no esté ella esperando su turno (sabe que cuando la perfumamos es porque vamos a algún lado). Le encanta pasear en auto y dormir con nosotros en la cama. Estamos esperando la llegada de su hermana humana Paulina", dice Melisa Caamaño. (Foto 3)

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Oso dejó el recuerdo de 15 años de alegrías y travesuras. "Fue el perro de mi madrina, pero el lugar le estaba quedando chico. Por eso vino a mi casa, ya que nosotros tenemos un patio grande. ¡No se imaginan la alegría del perro cuando llegó! Corría por todos lados. Oso se ganó el amor de mi vecina, que también le daba de comer porque él le cuidaba su casa cuando ella no estaba. Se hizo amigo de Pipo, mi otro perro, que ya era viejito y no tenía tanta paciencia para jugar con él. Oso era muy compañero. No le gustaban los fuegos artificiales. Le encantaba comer verduras y sabía dar la patita", cuenta Roxana Pintos. (Foto 4)

Final feliz

El cachorro Otto fue atropellado el 10 de octubre, en medio de una intensa lluvia, y recogido por María Cristina Flores, que de inmediato envió su foto a Bestiario. Felizmente se recuperó y encontró un hogar en lo de Delia González Cereijo. Apenas lo vio, la mascota estaba hiperkinética y no paraba de saltar. Pero poco a poco se fue adaptando. En su nueva casa conoció a Misha con la que entabló una relación muy especial, casi como de una madre y un hijo. "Desde que llegó Otto a casa Misha está mucho más vivaracha y él más apaciguado. Juegan, saltan y corren por el parque de casa chochos de contentos, y hasta comparten la cucha. Se complementan a la perfección", cuenta González Cereijo. (Fotos 5 y 6)

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