Beyoncé, la cantante justiciera

El nuevo trabajo de la cantante es una obra audiovisual que desafía los géneros y reivindica el lugar de las mujeres afroamericanas
Gabriel Caldirola
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4 de junio de 2016  

Crédito: Sony

El vínculo entre lo musical y lo visual define al pop desde sus inicios. Los Beatles supieron explorarlo en sus películas, pero recién a partir de la década del 80, con la aparición de MTV, encontraría una forma más acabada. Desde entonces, la inclinación a reducir la unidad del disco a los "cortes de difusión" fue cada vez mayor, a lo cual contribuyó, hace una década, el surgimiento de nuevas plataformas de reproducción, como YouTube.

A modo de reacción contra esta tendencia, hizo su aparición un nuevo formato, el álbum audiovisual, que se ubica a mitad de camino entre un videoclip y una película e intenta volver al álbum como unidad conceptual. Lemonade, lanzado el 23 de abril por HBO, funciona en su totalidad como una unidad narrativa en la que confluyen la música, el cine, el diseño y las artes del movimiento. Se trata de un relato sobre la infidelidad amorosa que se inscribe dentro de un relato mayor: la historia del sometimiento y la opresión de la mujer afroamericana.

Destrozada por el desengaño amoroso, Beyoncé salta desde el techo de un edificio. Al caer, la calle se convierte en agua y, cuando se sumerge en ella, tiene inicio un proceso de transformaciones interiores que la llevarán, hacia el final del álbum, a la reconciliación, a volver a confiar en el mismo amor que la traicionó, participando de un ciclo interminable de engaños y desengaños en el que toma parte su historia familiar. Entre ese comienzo trágico y el final feliz, se la ve romper autos con un bate de béisbol, bailar enfurecida en un estacionamiento y realizar extraños rituales en los que el fuego y el agua actúan como elementos naturales transformadores.

Salvo pocas excepciones, todos los personajes que aparecen son mujeres de ascendencia afro, entre las que se encuentran las madres del movimiento Black Lives Matter, la tenista Serena Williams, la modelo con vitiligo Winnie Harlow y la bailarina de ballet Michaela DePrince. Predomina una estética naturalista inspirada en el imaginario rural del sur de Estados Unidos, aunque también hay lugar para los escenarios urbanos. Las casas coloniales de Nueva Orleans funcionan como locaciones emblemáticas de la historia de la violencia racial que Beyoncé intenta relatar. A modo de reivindicación, las mujeres negras que las habitan no cumplen su rol histórico de esclavas sino que, en un empoderamiento retrospectivo, lucen vestuarios inspirados en los de la realeza africana de la época.

Lemonade hace gala de un preciosismo que dota al más mínimo detalle de una fuerte carga simbólica. Por señalar sólo un ejemplo, en el momento que corresponde a la recomposición amorosa, se ve un cuenco de cerámica arreglado según la técnica japonesa del kintsugi de reparación con oro, que resalta las líneas de fractura en lugar de disimularlas, según la creencia de que el objeto cobra mayor valor al exhibir su historia de ruptura y reparación. El álbum, en su totalidad, puede ser pensado como una pieza de kintsugi.

Una imagen del acompañamiento fílmico de Lemonade
Una imagen del acompañamiento fílmico de Lemonade Crédito: Sony

Lo público y lo privado

La trama es sencilla: Beyoncé sospecha que su marido, el reconocido productor y músico de hip hop Jay-Z, la engaña. A partir de allí, construye un relato en el que se entretejen la realidad y la ficción, hasta el punto de que resultan indiscernibles. Tratándose de una de las parejas más famosas de la industria musical, cuya vida íntima suele quedar celosamente resguardada de lo público, resulta significativa la decisión de poner en escena la traición amorosa en un álbum como Lemonade, auténtico drama en el que Beyoncé y Jay-Z hacen de sí mismos.

Pero la situación personal cobra un sentido más profundo al inscribirse en el marco de la violencia hacia las mujeres afroamericanas que, como dice el activista por los derechos civiles Malcom X en un audio que se escucha al final de "Freedom", son "las personas menos respetadas" y "más desprotegidas" de Estados Unidos. El proceso de emancipación que emprende la protagonista incluye ambos planos: los de la lucha personal y colectiva.

En el tema "Daddy Lessons", la figura del marido aparece vinculada con la del padre, quien fue su manager hasta el año 2011, cuando ella decidió despedirlo y tomar control absoluto de su carrera musical. Dice que su padre le advirtió que tuviera cuidado con los hombres como él, abonando una idea de ciclos que se repiten: "mi torturador se convirtió en un remedio", canta hacia el final del álbum. Sin que cambie nada en realidad, la alquimia interior que se produjo le permite volver a confiar en el amor, como remedio paradójico a los sufrimientos que éste le propició. La solución aparece al final de "Freedom", en una grabación de la abuela de Jay-Z en su nonagésimo cumpleaños que dice: "Me dieron limones, pero hice limonada".

Citas, referencias y alusiones

A los diferentes lenguajes involucrados en el intento de obra total que constituye Lemonade, se agrega una gran densidad referencial. Samples de la más diversas procedencias (de Andy Williams a Led Zeppelin), pero también textos de la poeta somalí-británica Warsan Shire, que son leídos entre tema y tema, además de letras que citan otras letras, como es el caso de "6 Inch", que remite a un tema de Animal Collective. O "Hold Up" que, en el summum de la intertextualidad, cita un tuit de Ezra Koenig que cita, a su vez, una canción de los Yeah Yeah Yeahs, elevándose a 15 el número de firmas consignadas en los créditos del tema.

Lemonade cuenta, también, con la participación de músicos invitados de lujo, como Jack White en "Don't Hurt Yourself", el tema más rockero del disco, y Kendrick Lamar (la última joya del hip hop) en "Freedom", sin dudas uno de los hitos del álbum. Este tema incluye samples curiosos: del único disco de la banda portorriqueña Kaleidoscope, editado en 1969, y de antiguas grabaciones de campo efectuadas por el etnomusicólogo Alan Lomax.

El álbum contiene algunos de los mejores registros de la voz de Beyoncé hasta la fecha. Es una voz madura, plena de expresividad y matices, que va desde el estilo de gran caudal y las proezas melódicas que la caracterizaron en sus inicios hasta una voz más hablada, poseedora de un flow que la acerca al hip hop. Además de investigar este género, el álbum se desplaza a través del pop electrónico, el r&b, el gospel, e incluso el country. Es que Lemonade no sólo inaugura un nuevo concepto, llevando el álbum audiovisual a niveles inexplorados, sino que coloca a Beyoncé en un lugar difícil de clasificar, como una artista a la vanguardia de la música mainstream capaz de producir una obra que va más allá de los géneros.

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