Birdman, un reconocimiento de los actores para los actores

El film del director mexicano le arrebató la consagración a Boyhood, de Richard Linklater, que fue el favorito durante meses
Diego Batlle
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24 de febrero de 2015  

Si en los últimos años los organizadores y los votantes del Oscar han ido profundizando ciertas fórmulas (tanto en el armado de la ceremonia como en el tipo de películas que terminan premiando), lo de la Academia de Artes y Ciencias Cinematográficas de Hollywood este año estuvo demasiado cerca del cliché y la autoparodia.

La gran ganadora de la noche del domingo, con cuatro estatuillas (película, dirección, guión original y fotografía) fue Birdman, otra historia sobre el show business y el narcisismo de los actores, uno de los temas predilectos de la Academia. No es extraño que la neurosis de los artistas y la crisis de todo proceso creativo tengan tantos adeptos, ya que 1200 de los 6200 votantes del Oscar son intérpretes.

También en los rubros actorales se retomó el, a esta altura, lugar común de premiar a quienes interpretan a personajes con progresivos deterioros físicos y/o mentales. Más allá de lo que pueda pensarse de ambas performances, las victorias de Julianne Moore por Siempre Alice y de Eddie Redmayne por La teoría del todo no hacen más que abonar esa tendencia.

La argentina Relatos salvajes también fue víctima de otra de las predilecciones habituales de la Academia: las historias ligadas al Holocausto. Más allá de la excelencia artística de la ganadora del Oscar extranjero como Ida, del polaco Pawel Pawlikowski, su trama vinculada a ese tipo de conflictos resultó insoslayable para muchos votantes. Las estadísticas, en ese sentido, son contundentes: 20 de los 23 films nominados con esa temática terminaron quedándose con la estatuilla.

Más allá de la agridulce noche para el cine argentino (la derrota de Relatos salvajes y la victoria de la dupla Giacobone-Bo como coguionistas de Birdman), los cinéfilos que apostaban por la consagración de un director notable como Richard Linklater debieron resignarse ( Boyhood sólo obtuvo un premio consuelo para Patricia Arquette como actriz de reparto), aunque la Academia sí destacó a dos muy buenos films independientes, como El gran hotel Budapest (cuatro estatuillas) y Whiplash: Música y obsesión (tres).

La conducción de Neil Patrick Harris (quien ya había sido anfitrión de los Tony y los Emmy) no fue todo lo lucida que se esperaba (en buena medida por el pobre trabajo de los guionistas contratados para la ceremonia) y el rating le dio la espalda: cayó 10 por ciento respecto de la edición 2014, liderada con mayor gracia y encanto por Ellen DeGeneres. Para no pocos analistas, la profusión de homenajes al género musical y de shows a pura balada en detrimento de eventos más puramente cinematográficos ubica al Oscar cada vez más cerca de los Grammy y los Tony.

En medio de esa maratón musical, hubo algunos resquicios para la política: el triunfo del notable y radical documental Citizenfour (sobre el caso de Edward Snowden), la victoria de "Gloria", canción de la película Selma (sobre el movimiento de los derechos civiles que encabezó Martin Luther King), y el discurso final del director de Birdman, el mexicano Alejandro González Iñárritu, sobre la crítica situación de su país, le dieron algo de tensión, pasión y color a una noche bastante desteñida.

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