Bob Marley, a 22 años de su muerte

El músico y activista jamaiquino sigue siendo una figura de peso para los jóvenes de su país Falleció a los 36 años, víctima de cáncer. Difundió la música de su tierra, el reggae, por todo el mundo. Se reeditarán todos sus discos, que ya vendieron 300 millones de copias
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11 de mayo de 2003  • 15:40

KINGSTON.- "Marley es mucho más que su música. Representa la sangre y el alma de Jamaica como ninguno." En todo Kingston se escuchan cosas semejantes acerca de este hombre convertido en mito, pero nunca en la voz de un joven de 17 años como Kevin. Chris, un rastafari sesentón que aseguraba haber tocado con Bob Marley y que ayer nomás había estado en la casa de Ziggy, uno de los tantos hijos de Bob, dice: "Marley fue nuestro guía y sus canciones fueron la voz del pueblo". Por su parte, Johana, de 45 años, aseguraba, emocionada: "Hace veintisiete años, Kingston era una ciudad muy hermosa, repleta de gente buena, alegre y con un fuerte sentido de la identidad. Y Marley tuvo mucho que ver con eso".

Kevin no vivió aquella Jamaica conmocionada por la independencia, la lucha de clases y la revindicación de la cultura africana, de la que Marley fue héroe y mártir al mismo tiempo. Pero el espíritu de ese hombre nacido como Robert Nesta Marley no sabe de diferencias generacionales en este país. En Jamaica, Marley fue, es y será la vívida imagen de un mesías negro con drealocks .

Para comprender la vigencia de la música, la palabra y la acción de este héroe nacional con ritmo (veintidos años después de su muerte) habrá que recordar aquello de la revolución reggae , del rastafarismo como militancia combativa y dignificadora para la raza negra, y demás circunstancias que hicieron posible que Marley, en apenas diez años, vistiera tanto las ropas de profeta como las de músico estrella; que se lo comparara a la vez con John Lennon y con el Che Guevara; que sus palabras sonasen a veces como las de un líder religioso, y otras como las de un radical activista social; que fuera el encargado de sellar el pacto de paz entre los dos líderes políticos jamaiquinos en 1978, Edward Seaga y Michael Manley, y que, con el paso del tiempo, se transformara tanto en leyenda del Tercer Mundo como en icono pop.

Música y religión

De madre jamaiquina y padre inglés, Marley nació el 6 de febrero de 1945, en el rural pueblo de St. Ann´s Parish. Pero se crió en el revoltoso y pobre barrio de Trench Town, en Kingston. Allí, el joven Bob descubrió las dos columnas en las que se apoyaría de ahí en más: el reggae y el rastafarismo.

Música y religión fue la combinación que escogió para hacerse escuchar. O, mejor dicho, una nueva música -hasta allí, principios de la década del 60, el ska y el rocksteady llevaban el ritmo de la isla- y una nueva religión -por esa época el rastafarismo recién comenzaba a sembrar su culto-.

De esa mixtura surgieron las canciones dulzonas con aura de himnos callejeros que, junto a Peter McIntosh (luego Tosh, a secas), Bunny Livingston, Aston y Charlie Barrett, firmaron bajo el nombre de Bob Marley and The Wailers. Desde 1970 hasta 1980, Marley compuso temas de rebeldía, liberación, amor, esclavitud, religión, denuncia política y racial. Claro, también escribió odas a la ganja (tal la denominación jamaiquina de la marihuana) y se encargó de resaltar a personajes como el último emperador de Etiopía, Haile Sellasie, y la figura del Jah, denominación otorgada por el rastafarismo a Dios.

Ahí está su legado sonoro y discursivo: "Concrete Jungle", "Get Up, Stand Up", "I Shot The Sheriff", "Rebel Music", "No Woman, No Cry", "Is This Love", "War", "Exodus", "Redemption Song" y tantas otras.

Primero fue profeta en su tierra y luego cruzó las fronteras para, por primera vez en la historia de su país, diseminar el ritmo cadencioso del reggae a través del mundo entero. A partir de allí, la música no sería igual en ningún rincón del planeta. La influencia de Marley se escuchó sólo unos pocos años después tanto en los combativos discos de The Clash como en las obras de The Police; el mismo Eric Clapton -que obtuvo su primer número uno en los Estados Unidos haciendo un cover de Marley, "I Shot The Sheriff"- lo describió como "un gran letrista, un genial músico y un asombroso líder de masas"; el reggae invadió cada uno de los géneros que surgieron tras los años 70.

A lo estrictamente musical habrá que sumarle una infinita cantidad de sucesos que agigantaron la imagen que hoy, según el prisma con que se lo mire, puede representar rebeldía principista o bandera (posters, remeras, prendedores, gorras y vinchas) de la cultura pop. Algunos de ellos fueron sus medallas de honor y órdenes de mérito recibidas por promover la paz, la fundación de caridad que creó para ayudar a los más necesitados, su incansable trabajo para la unión del pueblo africano, el atentado que sufrió y casi le cuesta la vida en 1976 y, finalmente, el joven cadáver que dejó para la posteridad (tenía 36 años cuando murió, el 11 de mayo de 1981, debido a un cáncer).

Un par de semanas previas a la conmemoración de los veinte años de su muerte, una publicación local señalaba: "Bob Marley ahora es reconocido como el músico más importante del siglo XX. Nadie puede discutirle ese galardón. Porque uno no ve a miles de maoríes y fijianos rindiéndole honor todos los años a Louis Armstrong; uno no ve remeras de Armstrong por las calles de Londres. De hecho, ¿podría pensarse la imagen de Elvis Presley entremezclada en el seno de una guerrilla armada? ¿Cuándo fue la última vez que se vio una bandera de Michael Jackson, una bufanda de Bob Dylan, o un papel para armar cigarrillos con la cara de Madonna? Todo esto sí existe en el universo iconográfico de Marley".

Y no sería para nada extravagante pensar que, en un futuro no muy lejano, el rostro de Marley sea la imagen central del billete nacional. Al igual que las caras de Norman Manley y Marcus Garvey figuran en los dólares jamaiquinos de la actualidad. De esta forma, se convertiría en el primer músico en el mundo que ilustre un papel moneda.

Por Sebastián Ramos

Especial para La Nación

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