Bono

Predica y conciencia
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1 de diciembre de 2001  

Es profeta y sacerdote, estrella y figura; es un hombre que usa su poderosa voz aterciopelada para seducir y alentar por medio de la música y del activismo político. Paul Hewson -que nació en Dublín en 1960- y el resto de u2 se criaron en el clima de guerra de Irlanda y, a partir del dolor de la revolución y los conflictos sociales, forjaron uno de los sonidos más interesantes de los años 80.

La banda nunca mira hacia atrás: aunque pasó por varios períodos de experimentación en la música y en el arte escénico, desde hace más de veinte años no deja de cautivar. All That You Can’t Leave Behind fue un nuevo capítulo, una especie de resumen del punto de partida del grupo y una profunda mirada, melancólica y esperanzada a la vez, sobre sus integrantes en tanto músicos y personas. A nadie sorprende que, mientras se preparaban para lanzar el tramo del otoño [boreal] de su gira Elevation 2001 -el espectáculo de rock más importante del año-, su single "Stuck in a Moment You Can’t Get Out Of" se haya convertido en uno de los bálsamos a los que recurrieron los Estados Unidos después del 11 de septiembre. Tampoco sorprende que las percepciones de Bono sobre lo que está pasando en el mundo, sobre la pérdida personal que sufrió este año -la muerte de su padre- y sobre el futuro sean absolutamente iluminadoras. Habla con la calidez de un viejo amigo y con los rodeos de un experimentado narrador de cuentos.

-¿Cuáles han sido sus pensamientos después del 11 de septiembre?

-Hacemos música porque nos importa, y creo que desde ese día la música es una salvación para la gente. Están todos encerrados en sus casas con sus colecciones de cds. Para nosotros es un honor estar haciendo una gira por los Estados Unidos en este momento. Y es un orgullo haber puesto a la venta las entradas después del 11 de septiembre. Nos hace sentir bien. Es toda una postura: "¡Nos gusta estar aquí! ¡Venimos aquí! ¡Y váyanse a la mierda!". Subimos al escenario y todos lo saben, así que incluso antes de que The Edge apoye el pie en el pedal, estallan. Para mí, estar aquí es una bendición. Por lo que me dicen mis amigos de Nueva York, la ciudad está mejor que hace un par de meses, y por el peor motivo posible. Sin duda, eso es lo único que vale la pena celebrar en este momento: a las personas en sí, no el lugar donde viven. El mal que uno ve, cuando está aquí entre nosotros, presente y nítido, hace que nuestra vida cobre otro sentido.

-¿Qué opina sobre el futuro?

-Preparé una remera que dice "2002". Para nosotros es raro, porque empezamos este año haciendo un disco con un arte de tapa que trata de aeropuertos, y el título, y las temáticas, y salimos a tocar con uniformes militares que tenían flores cosidas, haciendo referencia al simbolismo del movimiento por la paz… Y que de repente estemos en medio de eso; es muy extraño. El otro día me llamó Ali, mi esposa. Estaba tratando de tirar las cosas viejas de la casa y encontró un video de hace unos años, cuando tocamos "Please" en los mtv Video Music Awards. Me dijo que le parecía una de nuestras peores actuaciones, pero me pidió que volviera a escuchar el tema. Lo puse y no pude creer lo que oía. ["Septiembre, las calles dieron un vuelco/ se derramaron y se fueron por la alcantarilla./ Astillas de vidrio como gotas de lluvia/ pero vos no podías sentir más que tu propio dolor (...) Octubre, las charlas no llegaron a ninguna parte./ Noviembre, diciembre; acordáte./ Empezamos de nuevo."] Habla en esencia del fundamentalismo, político o religioso. Cuando hay fundamentalismo religioso es cuando achicás a Dios; lo rehacés a tu propia imagen, y no al revés. Me impresionó bastante, y lo vamos a volver a incluir en nuestro show.

-¿Qué nos dejarán de bueno estos hechos espantosos?

-Ahora los Estados Unidos están más interesados en el resto del mundo. Uno no puede ser una isla en medio de un mar económico global. Las onditas vuelven en forma de oleaje, y justamente, el origen de la crisis actual se encuentra en la pobreza, la extrema pobreza en la que viven muchos africanos. Eso no lo dije yo, ¿no? Lo dijo el presidente del Banco Mundial, el 13 de septiembre. De todas maneras, los fanáticos se aprovechan de la pobreza. Bin Laden es un pendejo malcriado de clase media. ¡Clase media las pelotas!: es un nene rico, como lo eran muchos integrantes del ira Provisional. Eran estudiantes de Ciencias Políticas, y nosotros nos criamos cerca de ellos y terminamos despreciándolos, a esos que consideran que las ideas son más valiosas que la vida humana.

-¿Cree que la conciencia global de los norteamericanos será un cambio duradero?

-Estar interesados en el resto del mundo es necesario para todos, y nos hace falta. A lo que apunto con mi trabajo de todos los días es a que la reunión cumbre que va a celebrar el g8 el año que viene sea una oportunidad de que el mundo se reagrupe para enfrentar estos problemas. Hasta los militaristas reconocen que esta guerra no se puede ganar con las armas de siempre. En nuestra era, todo un continente, Africa, se prendió fuego, y nosotros nos pusimos al lado con unas regaderitas. ¡Y después no entendemos! Acabamos de ver lo que pasa cuando implota un país: Afganistán. ¿Y si explotara o implotara el continente africano entero? Porque hacia eso va encaminado. En estos diez años va a haber 40 millones de huérfanos por el sida. No hay tiempo para capacitar a los maestros, porque se mueren antes. No es un problema insostenible solamente para el Africa, sino para todo el mundo. A mí, que hace rato que me dedico a esto, el hecho de que ahora [el secretario de Estado norteamericano] Colin Powell haya decidido a ocuparse de estos problemas me hace tener una fe grandísima en el futuro. Quizá de esta nube salga un orden mundial distinto, más justo, porque está claro que la globalización no le sirve a la mayoría de las vidas que afecta. Lo bueno de los Estados Unidos es que tienen una clase media en aumento. Uno quiere que en el resto del mundo pase lo mismo; es esa sensación de que todos se pueden subir al tren. La historia nos dice que, cuando la mayoría de las personas queda fuera de la ecuación, se vienen los levantamientos. Así que estoy muy entusiasmado por el futuro, porque me parece que de esto va a surgir algo bueno.

-¿Qué cambios le gustaría que hubiera en la cultura pop?

-Un poco como nos pasa con los políticos, tenemos los rankings de música pop que nos merecemos. Me gustaría que hubiera cosas más imaginativas en los charts de música pop. Quiero que Laurie Anderson entre en los Top 40 de la radio. Hace muchos años, llegó al primer puesto en Inglaterra con "O Superman". Eso es todo. Que venga del hip-hop, que venga del rock; no me importa de dónde venga, pero salgan del gueto en el que estén y métanse en el mainstream.

-¿Qué suele hacer en Año Nuevo?

-El 31 de diciembre, a la medianoche, siempre digo una oración. Si tenemos cañitas voladoras, les atamos las oraciones y después las lanzamos. A veces me meto en el agua congelada del Mar de Irlanda y, cuando salgo, me tomo un vodka helado. Me gusta la idea de volver a empezar. La gente religiosa dice volver a nacer. Pienso que habría que volver a nacer varias veces. Lo que me encantó del movimiento del Jubileo fue que exigía eso mismo para los países: justamente, que tengan la oportunidad de volver a empezar, que se libren del pasado. Me gustaría entrar en el año 2002 en la piel de un niño. Tal vez sea ésa la forma de ver el mundo... en lugar de verlo desde la óptica de un niño grande.

-¿Cuál fue el encuentro personal más memorable que tuvo este año?

-Estar al lado de mi padre durante las últimas semanas y horas de su vida. Y sus últimas palabras, que fueron: "¿Ustedes tienen un pedo en la cabeza?" (risas sonoras y prolongadas).

-¿A quién le dijo eso?

-A mí... Yo dormía a su lado. Volvía a mi país después de los shows que estábamos dando en Europa y en Inglaterra, me tomaba una cerveza Guinness y un trago fuerte para calmarme los nervios, y entonces iba al hospital y dormía con él, ¿no?, porque no quería dejarlo solo de noche. Mi papá tenía muchas cosas memorables para decir. Los últimos días estuvo muy gracioso. "Papá, ¿hoy tuviste visitas?", y me contestaba: "Sí. Es fabuloso... fabuloso cuando se van". Es un tipo difícil, la verdad; muy difícil. (Se queda en silencio.) Tuve como una revelación sobre todo esto. Yo rezaba por que no perdiera su dignidad. El tenía mucha actitud, pero no logró mantener la dignidad. El cáncer es muy cruel por cómo te va matando poco a poco. Pero yo estuve con él, ¿no? Le tuve la mano. Hice cosas que él nunca me habría dejado hacer. Lo tenía atrapado (ríe entre dientes). Pero me puse a pensar que quizá la dignidad no es para tanto. Yo a la dignidad la tenía ahí arriba, al lado de la rectitud; algo a lo que uno aspiraba. Pero los dos acontecimientos más importantes de la vida -nacer y morir- son muy caóticos. Muy caóticos. Dar a luz es muy caótico para la madre y para el bebé.

-No hay manera de mantener la calma ante algo tan real.

-¡Exacto! Es eso. Ese fue mi descubrimiento. Que la dignidad es un concepto creado por el hombre, igual que la tranquilidad, y que puede ser arrogante. Empecé a entender a los sadhus [hombres sagrados ascetas y errantes] de la India y los platitos con los que mendigan los sacerdotes hindúes que dejan de lado la dignidad. Y que quizá la humildad sea el ojo de la aguja por el que tenemos que pasar todos.

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