
Buenos Aires à la Page
A dos meses de su muerte, el legado porteño de la artista del pin up
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El 13 de diciembre último el mundo volvió a tener noticias de Bettie Page, después de décadas de estar sumida en el misterio. Pero no eran buenas noticias: la reina del pin up de los años 50 había muerto en Los Angeles a los 85 años. Pero, según cómo se vean las cosas, Betty Page está viva en Buenos Aires. En tiendas y bares porteños, sonríe bajo su flequillo azabache, ataviada con ligueros de encaje y tacos, inocente y pícara al mismo tiempo.
Su presencia porteña va y viene entre fotografías con marcos dorados hasta prendedores con su cara, se reconoce en versiones más infernales, rodeada de fuego, o en forma pop, sosteniendo corazones. Sus picantes poses asoman en remeras, luncheras, carteras, tazas, pastilleros, cigarreras, prendedores y vasos.
A 52 años del inicio del ostracismo de la artista, cuando se convirtió al cristianismo en pleno apogeo de su fama, y no volvió a dejarse fotografiar ni concedió más entrevistas, en Buenos Aires se multiplican sus adeptos. Aunque no son tantos.
Dónde está Bettie
Para encontrar tanto a los fans como a la musa del pin up, hay que acudir a lugares como American Tattoo, el local de tatuajes en la galería Bond Street, en Santa Fe y Rodríguez Peña, y tiendas como Baby Burn en la galería 5ta. Avenida, en Santa Fe y Talcahuano, o en bares como Mundo Bizarro, en Córdoba y Serrano. Son lugares donde se puede experimentar la presencia del psychobilly, género que es una mezcla estética y musical del rockabilly estadounidense de los años 50 y el punk londinense de los años 70, una de las corrientes que catapultaron el furor por Bettie Page en la ciudad.
Con una idiosincrasia que hace guiños a lo retro, el psychobilly hunde sus raíces en las actitudes de los chicos malos. Nacido en Gran Bretaña en los años 80, algunos de sus rasgos son el rojo y el negro juntos, lunares, jopos, tatuajes, autos antiguos, chicas envueltas en géneros de leopardo y películas de terror con morochas curvilíneas que gritan a todo pulmón. Bastante de eso puede verse habitualmente en el bar Mundo Bizarro, en Palermo, un nicho pionero de esta subcultura. Un buen ejemplo es Pablo Piñata, manager del lugar, y también gran bartender, con gran bigote, jopo a lo James Dean, y brazos tatuados. Combina bien con el lugar, tapizado en rojo, con sillas que emulan un diner esta-dounidense de, por supuesto, los años 50. En sus paredes cuelgan única y exclusivamente piezas de arte con distintas versiones de Bettie Page. En los años 90, la oscura damisela era poco conocida, las postales que publicitaban el lugar tenían forma de billetes con la imagen de la chica.
"Su espíritu es sexy, divertido y extraño", dice Piñata sobre Page, mientras a sus espaldas Bettie Page se proyecta en un film de 16 milímetros, en blanco y negro. La proyección de estas películas es común en las noches del bar.
En tanto, en la galería 5ta. Avenida, cuartel de lo vintage, se encuentra la tienda Baby Burn, con la musa fetichista en prendedores con encaje negro, remeras, espejos de cartera... La dueña del lugar, Natalia Dorosz, hizo de Bettie Page el símbolo del local hace siete años, cuando casi nadie sabía de su existencia.
Pero ahora que lo retro ganó un lugar importante en la moda, la artista se hace presente de otras maneras. En las fiestas y recitales de psychobilly, como los de la banda Los Primitivos, la imagen de Page es recurrente en pantallas donde se proyecta, pero también en los looks adaptados por las chicas que remedan su flequillo o su vestimenta.





