Cartón pintado y cebollas

Eloísa Cartonera, una editorial tan artesanal como curiosa
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9 de septiembre de 2003  

El desfile nocturno de cartoneros, con sus desbordados carritos de supermercado, conforma un paisaje triste pero real y cada vez más instalado en las ciudades argentinas. Justamente en esa realidad se inspiraron Javier Barilaro y Washington Cucurto, los dos jóvenes editores detrás de Eloísa Cartonera, proyecto que ya cuenta en su catálogo con títulos de Ricardo Piglia y César Aira, entre varias firmas destacadas y noveles.

"Fundamos la editorial para publicar poemas de autores latinoamericanos", explica el diseñador Barilaro, mientras su socio, Cucurto, autor de novelas provocativas, continúa en silencio con el armado de libros. "Queríamos hacer libros chicos, con tapas de muchos colores, con cierta estética de la pobreza que nos atrae mucho, un poco inspirados en los típicos afiches de las bailantas. Entonces, a Cucurto se le ocurrió hacer los libros con tapas de cartón. Así surgió Eloísa Cartonera."

El proyecto fue más allá de lo estético. Ya en funcionamiento, la editorial decidió comprarle el material a los recolectores. Le paga a cada cartonero 1,50 peso por kilo de cartón. "Cada vez que pasa un cartonero lo paramos y le pedimos que traiga cartón lindo. Uno de ellos es un experto. Nos consigue cartón de galletitas, ideal porque es colorinche", dice Barilaro.

Para redondear el perfil de la editorial, Eloísa se instaló para la producción y la venta de su catálogo en una verdulería de Almagro (Guardia Vieja 4237), donde los libros conviven con papas y cebollas, que algunos proveedores se llevan como pago.

Para la encuadernación, Barilaro y Cucurto cuentan con dos ayudantes que ganan 3 pesos por hora: lo mismo que cuesta cada libro de la colección. Los encuadernadores provienen de un comedor escolar de Villa Fiorito, donde los editores planean realizar muestras de arte. "Tienen una mano interesante. ¡Me alucina lo que hacen con los colores! -se entusiasma Barilaro sobre el carácter único de sus libros hechos a mano-. Lo que estamos haciendo es algo social, pero también estético. Es importante repetir que nos interesan los dos aspectos; no somos los salvadores de la humanidad."

Todo por tres pesos

Al dúo se sumó Fernanda Laguna, artista de inquietudes estéticas similares, fundadora del bazar, galería y librería Belleza y Felicidad. "Nos inspiramos en nuestras amigas -reconoce Javier-. Hace cuatro años que Fernanda arma libros con fotocopias, y ahora hace lo mismo para nosotros. Belleza y Felicidad tiene un slogan: A la mañana escribimos; a la tarde publicamos. Y es verdad: también se pueden hacer libros así."

Eloísa Cartonera es, de hecho, una vuelta de tuerca sobre Belleza y Felicidad: un local que comenzó, entre otras cosas, con la venta de artículos típicos de los negocios todo por dos pesos, a veces con el agregado de decoraciones artesanales.

Esta transformación artística de productos derivados de la crisis cultivó defensores y detractores. "Escuché por ahí que los libros cartoneros eran un símbolo de la miseria de esta época. Y yo digo que no; es simplemente tener una idea, revalorizar el cartón para convertirlo en libro y dar trabajo a la gente -replica Cucurto-. Esto es más que un libro y pasa por muchas manos. Javier lo diseña, yo lo leo, los muchachos lo pintan y Fernanda lo fotocopia. Y quien lo compra sabe que paga exactamente una hora de trabajo. Ese es el sentido del proyecto."

Todos los escritores ceden sus derechos. El bosque pulenta, del poeta Fabián Casas, es el best seller de Eloísa, con más de 200 irrepetibles ejemplares vendidos. Le sigue Mil gotas, de César Aira. Y en cualquier momento llegará El pianista, de Ricardo Piglia, que, como Aira, escribió especialmente para esta iniciativa. Es curioso el caso de Habrá que poner la luz: una novela formada por capítulos diarios que Daniel Ríos enviaba a su ex novia, durante el mes en que lo dejó.

"Los vecinos del barrio no entienden mucho -se ríe Barilaro-. Ven los libros en góndolas de verdulería, ven a los cartoneros que entran y salen... Algunos vienen a comprar papas. Y otros pasan, miran, pero ni quieren preguntar. No sé que pensarán, pero a mí me resulta todo muy divertido."

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