Cemento, ese oscuro (y sucio) objeto de deseo

Sebastián Ramos
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8 de agosto de 2015  

Por estos días llegó a las librerías Yo toqué en Cemento, la historia por sus protagonistas, que, escrito por el periodista Sebastián Duarte, se convirtió en el segundo libro publicado en lo que va del año en torno al local de San Telmo alguna vez conocido como el Templo del Rock (el otro es Cemento, el semillero del rock, de Nicolás Irgazábal).

Que Cemento finalmente sea eje de sendos trabajos de investigación es más justo que extraño, pero la coincidencia temporal en la que llegan se suma también a esa suerte de autotributo hecho canción con el que el grupo Massacre cierra su flamante álbum Biblia-Ovni: "Voy de Cemento al Parakultural", canta Walas en "Feliz noviembre", tema que en el librito del CD aparece ilustrado por una foto de Omar Chabán, dueño del histórico local. Las anécdotas ocurridas en aquella oscura caja de zapatos gigante con baños hediondos que fue Cemento se agigantan en ambos libros a través de los testimonios de los propios músicos y con las historias under de bandas como Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, Sumo, Los Violadores, Ratones Paranoicos, Babasónicos, Todos Tus Muertos, El Otro Yo, Los Brujos, 2 Minutos y La Bersuit, entre tantas otras.

¿Qué tiene Cemento entonces hoy para que se recupere su nombre una y otra vez? Una leyenda tan grande como la lista de artistas que pasaron por su escenario y el aura de un tiempo único e irrepetible del rock de acá que transcurrió en Estados Unidos 1234. "¿Sabés con qué fantaseo a veces? -se pregunta Nekro, voz de Fun People y Boom Boom Kid, en uno de los capítulos de Yo toqué en Cemento-. Con que Cemento se transforme en un museo, que haya fotos de las bandas que tocaron, que haya butacas y que pongan una pantalla gigante para que la gente vaya a ver los conciertos de Sumo, Fun People y Babasónicos".

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