Chile presente en el FIBA 2019

Manuela Infante
Manuela Infante Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio
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24 de enero de 2019  • 17:24

A la chilena Manuela Infante ya le quedaron chicas las etiquetas de niña genio y última agitadora de moda. A los 38 años, la directora y dramaturga (dualidad con la que ella no estaría de acuerdo) ya pasó por la efervescencia que provocó en 2001 su primera obra, Prat, donde se metió a reversionar un héroe militar decimonónico, personaje histórico al que siguieron Juana de Arco y Cristo.

Atravesar las capas de interpretaciones que construyen un hecho y cuestionar la idea de representación, de original y copia, son desafíos filosóficos de los que se apropió para poder desarrollarlos en escena. Fue con su grupo fundacional, la Compañía de Teatro de Chile, y dos obras, Cristo y Zoo, que Infante debutó en el FIBA 2013. Dos años después volvió al país, al teatro Sarmiento, con Cristo. Ahora, para este FIBA, presenta Estado vegetal, la primera creación realizada por fuera de la Compañía disuelta a fines de 2016.

"Quería volver, fue una experiencia muy bonita. Estoy con un equipo nuevo, formado solo por mujeres para un nuevo ciclo. Lo que me atrapa hoy -y que ya estaba en mi última obra con la Compañía, Realismo- es lo no antropocéntrico, correrse del mundo humano como referente absoluto", dice la directora de Estado vegetal, el unipersonal interpretado por Marcela Salinas (también coautora), estrenado a mediados de 2017 y que en un año y medio recorrió distintas ciudades, salas y públicos, desde 80 hasta 300 espectadores. "Es una obra muy maleable", dice ante el estreno en la Casacuberta del San Martín, con casi 600 butacas.

"Siempre he seguido el pensamiento filosófico y las tendencias críticas, material con el que me permito trabajar en escena. Creo que lo no humano, su peso, su fuerza, es un tema central en este momento. Me basé en lecturas del neurobiólogo vegetal Stefano Mancuso y el filósofo vegetal Michael Marder que exploran el modo propio en que el mundo vegetal siente, piense, se comunica, es consciente", explica Infante que quiere dejar en claro que no se trata de una obra en defensa de las plantas ni de un intento de darle voz a quienes no la tienen. Simplemente es una "obra vegetal", es decir, imita los modelos del mundo verde: "Por ejemplo: la escritura de la obra es ramificada, no lineal. Las plantas no son individuos sino multitudes, pueden dividirse. Yo quería un unipersonal con Marcela Salinas -una actriz monstruo con quien estudié y después no volvimos a cruzarnos-, de eso estaba segura. Entonces, multiplicamos sus voces con una lupera, el pedal de los músicos. Ella interpreta seis voces, término que prefiero en lugar de personajes". Otro ejemplo, según Infante: si en el teatro, en general, es la luz la que sigue al actor, en Estado vegetal la actriz sigue a la luz, a la manera fototrópica de las plantas. Expandir los límites de las artes escénicas será, entonces, salirse del centro del universo y mirar desde otros lugares.

"Los actores son cuerpos atravesados por voces. No me interesa la idea de personaje como algo rígido, fijador de identidad. Desarmar esa construcción es también mirada de género. En este momento, vincularme con mujeres artistas, con directoras de distintas generaciones, es muy enriquecedor", dice Infante para quien "tematizar mujeres" ya está cooptado y es un título que vende. No se refiere a contenidos, a historias, a cuentos que ubican a mujeres en lugares de poder, sino a estructuras. "Es más sutil, tiene que ver con cambiar las formas narrativas. Úrsula Le Guin, escritora de ciencia ficción, se refirió a esto, siempre hemos contado la historia del cazador, con su conflicto y su épica, pero ¿cómo sería un relato de recolección? Eso es un cambio de estructura", dice.

En el contexto cultural de su país, se siente parte de una franja intermedia de dramaturgos como Luis Barrales y Cristian Plana, ubicada entre los mayores todavía ocupados en un teatro político, activo contra las dictaduras, y los más jóvenes, la generación estudiantil que tomó las calles en defensa de sus derechos: "Ellos lo hicieron. A nosotros todavía nos daba un poco de miedo", dice la directora antes de entrar el ensayo del unipersonal multivoces que presenta este viernes hasta el domingo, producido por la Fundación Santiago a Mil.

Estado vegetal, de Manuela Infante (Chile)

En sala Casacuberta, Teatro San Martín (Corrientes 1535).

Viernes 25, sábado 26 y domingo 27, a las 21.

$ 280.

Al finalizar la función del viernes 25 habrá una sesión de preguntas y respuestas con los artistas de la obra.

Manuela Infante
Manuela Infante Fuente: LA NACION - Crédito: Fernando Massobrio

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