Cinco maneras argentinas de morir de televisión

Fuente: Archivo
La TV-en su mayoría- nos ofrece momentos que reflejan el ser nacional en su condición más extrema, mortal y agónica; una mezcla imperfecta de comedia y tragedia que no hace más que describirnos
Carlos Sanzol
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27 de noviembre de 2014  • 14:34

Un día, uno bueno, vamos a morir de televisión . Mejor dicho, de su exceso. Quizás, con el tiempo los Smart TV- bellísima contradicción-, como las cajas de cigarrillos, vendrán con la leyenda: "Mirar televisión es perjudicial para la salud". Habrá que esperar.

Mientras estamos expectantes, la tele -en su mayoría- nos ofrece momentos que reflejan el ser nacional en su condición más extrema, mortal y agónica; una mezcla imperfecta de comedia y tragedia que no hace más que describirnos (y, ¿definirnos?):

  • 1. Dos chiquitas se disputan, escapándole virulentamente a la sutileza, al señor economista que, sin reservas, se arrojó el mote de sex symbol.

  • 2. Tenemos la versión de Cenicienta que nos merecemos. Esa, que sin más Hada Madrina que las poses gluteales en las tapas de revistas hardcore, se ha convertido en una Primera Dama de la política. Y la tele, con el sutil encanto de la hipnosis, nos mostró la delicada fiesta de casamiento, que, sin ninguna razón fundada, nos recordó a las bacanales champañeras y pizzeras de otros tiempos. Sí, además esperamos con creces que nos llegue todo el diluvio universal sin el tiempo suficiente como para construir un arca. No sea cosa que sobrevivamos a la hecatombe: no hemos hecho ningún tipo de mérito al respecto.

  • 3. En el programa de la Personalidad destacada de la Cultura -sí... en ése que además bailan-, vivenciamos un momento digno. Un debate con mucha altura… muchísima. El Señor que para nada se enoja con facilidad y la Señora que conoce al dedillo ese arte de mantener las formas se disputaron un talento, el de la grácil Victoria Xipolitakis . Se escucharon exquisitas maneras de trato como "Mentiroso serial" , "Misógino", "Andá a llorar al campito" y "Estoy reseteada contra la huevada". La belleza del intercambio de ideas en la Argentina.

  • 4. La Señora que nos deleitó con el relato apasionado de su divorcio volvió, después de unos días de relax, a la televisión para narrar en primera persona su experiencia en el quirófano. Sí… otros seres humanos relatan sus propias historias de superación personal, pero es lo que hay. La Señora, en pleno maximalismo verbal, nos aportó un dato de color: en su epopeya plástico-médica, le tuvieron que hacer un ombligo nuevo. Aparentemente, el anterior quedó por ahí... perdido.

Carmen Barbieri
Carmen Barbieri Crédito: Gerardo Viercovich

  • 5. La sutileza es una de las características del pueblo argentino. Por eso, nos podemos sentir absolutamente orgullosos cuando vemos que en la cartelera teatral de la próxima temporada de verano, impulsada por la popularidad de las figuras de la televisión, sobresalen dos títulos ricos en metáfora: Tu cola me suena y Regatos salvajes. Dice Shakespeare, médium mediante, que si reencarna, reescribirá Hamlet. Aparentemente, tendría pensado que Ofelia haga pool dance. Basta de palacios, ahora lo que viene es una buena historia de venganza en un escenario símil Cocodrilo, con un título provocador como: El veneno se digiere mejor en tanga.

De algo hay que morir en este país… y capaz que lo sea de mera televisión.

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