Cinco razones para no perderse el debut de El Marginal

La serie de Underground se estrena hoy, a las 22.30, en la TV Pública; cuáles son sus puntos fuertes
Silvina Ajmat
(0)
2 de junio de 2016  • 23:31

1. La historia, un policial argentino.

El Marginal dirá muchas verdades sobre las contradicciones del ser humano. Es, en términos generales una historia universal (hay un "héroe" que emprende una misión, hay buenos, hay malos, hay traición, hay una búsqueda de justicia y muchas piedras en el camino) pero aparenta ser posible sólo en un contexto argentino. La desconfianza en la Justicia y en las fuerzas de seguridad caló tan hondo en el imaginario local que la historia de un expolicía que es chantajeado por un juez para que se meta en una cárcel con una causa inventada y actúe de espía, no puede ser más verosímil. La serie cuenta eso: Miguel ( Juan Minujín ) es un expolicía convicto en el Sur, que deberá viajar a Buenos Aires, dejarse capturar por un crimen que no cometió, ir preso bajo otra identidad (se llama Pastor), e investigar si en esa cárcel está secuestrada la hija de un juez (Mariano Argento), que le ofrece a cambio de este favor la libertad definitiva. En un mundo donde inventar causas penales y borrarlas es tan fácil como apretar el gatillo, también pueden romperse las promesas: aunque Miguel cumpla con su misión, no le será tan sencillo salir del penal.

2. Luis Ortega se las trae

Luis Ortega está en un momento consagratorio. Tras dirigir la ficción más destacada del 2015, Historia de un clan, y alzar un Martín Fierro como mejor director, es el gran protagonista de este día: hoy estrena Lulú, su nueva película, y El Marginal, una serie que desde la primera escena del primer capítulo tiene su sello personal. Luis Ortega sabe cómo ser particular e inolvidable. La selección de cuadros que componen el primer envío de la serie lo prueban: su mirada es cruda, directa, bizarra, real, tierna, conmovedora. Luis Ortega es imperdible.

3. El realismo grotesco.

El Marginal se presenta como un relato carcelario hiperrealista. Al estilo de Tumberos, serie emitida en 2002 que al igual que El Marginal fue producida por Underground en base a una idea de Adrián Caetano, retrata la vida en una cárcel argentina con el detalle de un documental. Fue filmada en el penal de Caseros y toda la realización apunta a recrear el contexto tal cual es. Los diálogos y las actuaciones también están en esa línea. No cualquier actor puede hacer piel el lenguaje tumbero como Rissi o Portaluppi. Sin embargo, en los tiempos en que el costumbrismo argento está demodé y la vida cotidiana se volvió observable en tiempo real vía redes sociales, es necesario ir más allá en la construcción de la ficción. Para eso está la mano de Luis Ortega, que vuelve a las fuentes, a la influencia lyncheana, y explora un realismo grotesco, en el que los elementos ordinarios discurren para atravesar intempestivamente algún tipo de extrañamiento. Hay un patio tumbero, está la villa reproducida con exactitud. Sin embargo, hay un orden de lo surreal que está latente, a punto de erupcionar, y empieza a manifestarse con algunos destellos y de una manera absolutamente posible. Que el cabecilla del grupo de los revoltosos sea enano y se mueva en un triciclo por toda la villa. Que un grupo de matones arroje un féretro colina abajo y este se deslice como por un tobogán hasta caer exactamente en su fosa. En el filo de lo absurdo y lo extravagante hay una belleza que se agradece.

4. La punta de lanza

Juan Minujín resulta un protagonista excepcional para esta historia. Es versátil, trabaja en un registro de verosimilitud clave para el "realismo extrañado" de Ortega, y es un actor lleno de matices. En menos encuentra más. Lo demostró en cada uno de sus trabajos, desde comedias como Solamente vos o Viudas e hijos del rock and roll, hasta en el teatro (gran trabajo en Venus en piel). Para componer a su Miguel, se entrenó en el manejo de armas y se metió de lleno en el mundo carcelario, visitando penales y charlando con ex convictos.

5. Hay equipo

Para completar el elenco de El Marginal, Sebastián Ortega y Pablo Culell hicieron una selección prometedora: Carlos Portaluppi, el hombre peligroso de la villa, el primer enemigo que cosecha Miguel en su viaje al interior del penal. Claudio Rissi, el que manda, el más temido, el que maneja todas las mafias y negocia con los dueños del circo mano a mano, es decir, con el director del penal, que será encarnado por otro villano incomparable, Gerardo Romano. Para los buenos, dos personajes que ofrecen pinceladas de dulzura en esta historia que parece pura crueldad: Martina Gusmán, que brinda atención psicológica a los presos, y Gerardo Otero, que interpreta al hermano de Miguel, un abogado eximio, fundamental aliado del protagonista, un actor que tiene todo para ser una de las revelaciones de esta propuesta.

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.