Aventuras de un cholulo irredimible

Mis estrellas y yo, sencillo entretenimiento
Fernando López
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24 de diciembre de 2009  

Mis estrellas y yo (Mes stars et moi, Francia/2008, color; hablada en francés). Dirección y guión: Laetitia Colombani. Con Kad Merad, Catherine Deneuve, Emmanuelle Béart, Mélanie Bernier, Maria de Medeiros, Rufus, Laetitia Colombani, Patrice Leconte. Fotografía: Jean-Marie Dreujou. Música: Frédéric Talgorn. Edición: Veronique Parnet. Presenta Distribution Company. 88 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.

Nuestra opinión: Muy bueno

Haber encabezado el film más taquillero de la historia del cine francés ( Bienvenidos al país de la locura ) tiene sus privilegios. Que lo diga Kad Merad -también el torpe imitador de La canción de París -, que es el verdadero protagonista de Mis estrellas y yo . Y eso que las estrellas son dos tan indiscutibles como Catherine Deneuve y Emmanuelle Béart. Identificado con el buen tipo sin malicia, un poco ingenuo, bastante sentimental y no siempre muy afortunado, Merad es aquí un fundamentalista del cholulismo, un fan cuyo delirio por dos de las más cotizadas actrices de Francia -una madura y elegante como Deneuve, otra sexy como Béart, más una tercera, joven y en ascenso, como Mélanie Bernier- le ha hecho descuidar a su familia y se ha quedado solo.

El azar tuvo parte de culpa. Como empleado de una agencia de limpieza de oficinas, a Robert le ha tocado ocuparse de la de un influyente representante de artistas; allí recoge información para poder seguirles los pasos a sus diosas (bastante humanas, por cierto); inmiscuirse en sus relaciones profesionales o personales, darles alguna mano cuando puede, castigar a sus enemigos y ahuyentarles galanes. En fin, una pesadilla para las tres, que por supuesto ignoran que están siendo víctimas del mismo admirador anónimo. Hasta que les toca actuar en el mismo film y lo descubren: se viene la revancha.

Buena idea

Laetitia Colombani, que se reservó el papel de una estrafalaria psicoanalista de gatos, tuvo la buena idea que dio origen al cuento, lo desarrolló con módicas dosis de ingenio y lo tradujo en imágenes con más indolente corrección que brillo o ritmo chispeante. Quizá se entusiasmó con las autoparodias (Deneuve, una diva fatigada que está de vuelta y se despreocupa de la silueta, y Béart, una bomba sexy que se enamora tres veces por semana, se divierten bastante jugando ese juego); con los guiños al público (asoman por ahí celebridades locales), y con la buena imagen de Merad, pero no supo explotar la sátira al mundillo del cine, que promete bastante al principio y después se desvanece. La divertida guerra de maldades entre las dos divas dura poco, todo lo contrario de lo que sucede con la apelación sentimental, lo que hace del film un entretenimiento simpático, pero no mucho más.

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