Azares y desventuras de un día

Fernando López
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29 de mayo de 2003  

"Reinas por un día" ("Reines d´un jour", Francia/2001, color). Dirección: Marion Vernoux. Con Karin Viard, Héléne Filliéres, Victor Lanoux, Jane Birkin, Sergi López, Clémentine Célarié, Gilbert Melki, Melvil Poupaud, Valérie Benguigui, Atmen Kelif, Evelyne Buyle. Guión: Marion Vernoux y Natalie Kristy. Fotografía: Dominique Colin. Música: Alexandre Desplat. Edición: Lisa Beaulieu. Presentada por Alfa Films. Duración: 94 minutos.

Nuestra opinión: bueno

En el cine actual, sobre todo el que se plantea en clave de comedia, el azar parece estar cumpliendo horas extras. Nadie ignora su influencia, siempre inesperada y a veces decisiva, sobre la vida de los humanos, y eso explica que los guionistas le concedan la debida atención. Lo que parece un poco abusivo es que lo condenen a trabajos forzados, haciéndolo intervenir cada vez que el ingenio afloja y la acción se atasca.

Puede que éste no sea estrictamente el caso de "Reinas por un día", que si bien se suma a esta "moda" coloca al azar como elemento central, lo que se justifica ya que la serie de historias ligeras que se cruzan a lo largo de una sola jornada de diciembre está estructurada según el mecanismo del vodevil, incluidas su celeridad y su confusión.

Para que la urgencia de las acciones esté asegurada todo transcurre en un solo día, excepción hecha del breve prólogo en el que algunos de los protagonistas se cruzan en la misma fiesta de bodas. En aquella ocasión, la bella fotógrafa Marie Laure tuvo un fugaz encuentro sexual... con el mismísimo recién casado; ahora ha llegado el día en que las consecuencias de la aventura se harán perceptibles.

No es sino el anuncio de una jornada marcada por la contrariedad, y no sólo para la fotógrafa sino también, por lo menos, para los otros tres personajes centrales del enredo. Hortense (hermana mayor del novio infiel) planea aprovechar la ausencia de su marido para citar al galán que tiene en vista, pero ya se sabe que en estos casos la ansiedad resulta contraproducente. Maurice (vecino de la chica) es un borrachín decadente y abandonado que una vez fue estrella de la TV y que ha recibido el intempestivo aviso de visita de una ex compañera que fue su gran amor. Luis del Sol (otro vecino) sale como todos los días a conducir su ómnibus sin imaginar que en una parada cualquiera subirá su propia mujer para anunciarle que lo abandona.

Tropiezos y simpatía

Las historias y los personajes se entreveran en varias oportunidades, siempre cargando con el peso común de la contrariedad: el infortunio ajeno, sobre todo si es leve y si se ha generado alguna simpatía hacia los personajes, suele causar un efecto a la vez cómico y compasivo. Además, la directora Marion Vernoux añade alguna pizca de variedad jugando con los cambios de tono y aderezando cada historia con recursos bastante eficaces: los monólogos interiores de Hortense, las imágenes de fotonovela para ilustrar las fantasías de Maurice sobre su inminente reencuentro, los cambios de velocidad o los diálogos nunca dichos por Marie Laure. Así y todo, las variaciones aplicadas a este modelo de comedia grupal no son tantas como para disimular el relativo aporte de originalidad.

En el retrato de los personajes, las dos mujeres -Hortense y la fotógrafa- resultan favorecidas, un poco porque Marion Vernoux les ha prestado mayor atención y otro poco por obra de sus intérpretes, la siempre sorprendente Karin Viard y la sugestiva Héléne Filliéres. Pero en general hay que reconocer que son los excelentes actores -por pequeñas que sean sus partes, como sucede con Jane Birkin (la mujer que vuelve) o con el casi irreconocible Victor Lanoux- los encargados de ganarse la simpatía del espectador y de cubrir con sus desempeños impecables los escasos baches que acusa el ritmo, en especial en la segunda parte. Un regalo extra, además de los escenarios de París bien fotografiados por Dominique Colin, viene de la banda sonora: es una vieja canción de Brassens, "El viento", que acompaña los títulos en la voz de Catherine Ringer.

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