Cicatrices de una guerra sin final

Sarajevo, mi amor, que llegará a los cines pasado mañana, es un gran exponente del cine de la ex Yugoslavia
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8 de diciembre de 2009  

La cinematografía de la ex Yugoslavia, a pesar de producir numerosos títulos al año, llega con cuentagotas a la Argentina. Sarajevo, mi amor , film que Mirada Distribution estrenará pasado mañana, intenta remediar esta carencia a través de la historia de una madre soltera que desea cumplir el deseo de su hija de 12 años de participar en un viaje escolar. Jasmila Zbanic, guionista y directora bosnia de este film que logró ocho premios internacionales, entre ellos el Oso de Oro de Berlín, hace aquí sus primeras armas como realizadora luego de graduarse en la Academia de Artes Dramáticas de Sarajevo, su ciudad natal, y de trabajar como marionetista de teatro.

En una entrevista acercada por la distribuidora del film, la realizadora sostiene que Sarajevo, mi amor es, antes que nada, una historia de amor, "un amor que no es puro porque se ha mezclado con odio, disgusto, trauma y separación. Es, también, una historia de víctimas quienes a pesar de que no han cometido delito alguno, no son enteramente inocentes en relación con las futuras generaciones. Mi película es una trama acerca de la verdad, un poder cósmico necesario para progresar y muy necesitado por la sociedad en Bosnia Herzegovina, que deben esforzarse mucho para alcanzar la madurez". La realizadora confiesa que Grbavica , título original de la película, es un vecindario ubicado frente a su casa que durante la guerra fue ocupado por el ejército serbio, transformado en un campamento donde la población bosnia fue torturada. "Ahora, en ese barrio se pueden ver edificios comunes del régimen socialista, residentes locales, tiendas, niños y perros, pero al mismo tiempo se tiene esa extraña y particular sensación de la presencia de algo inexplicable e invisible de un lugar donde sufrió mucha gente", recuerda.

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La película recorre la relación de esa madre y de su hija, que necesita un certificado de que su padre fue muerto en guerra, lo que le permitirá obtener un descuento en el viaje de vacaciones que emprenderá la joven con sus compañeras de escuela. Para animar a los dos personajes centrales de su película, la directora contó con la participación de Mirjana Karanovic, reconocida por sus papeles en varias producciones de Emir Kusturica, entre ellas Papá salió en viaje de negocios y Underground , y de la joven Luna Mijovic, que aquí hace su debut actoral.

"Ambas supieron lograr la sinceridad y la emoción que yo necesitaba para esos personajes de madre con un pasado nunca divulgado y de su hija, dispuesta siempre a lograr hacer ese viaje que la apartará de su barrio y de su progenitora? En otro país, en otro mundo, éstas podrían ser situaciones cotidianas, pero en la Sarajevo de posguerra, a pesar de su aparente normalidad, nada es cotidiano", concluye la autora.

Licenciado en cinematografía por la Universidad del Cine y realizador de varios cortometrajes y documentales, Julián Giulianelli encara con Puentes , que se estrenará pasado mañana, su primer largometraje. "No fue fácil llegar a esta etapa de mi trayectoria -confiesa durante un diálogo con LA NACION-, ya que son muchas las dificultades que se le presentan en este país a un cineasta dispuesto a lanzarse a conducir una película de aliento, pero finalmente logré mi propósito y pude rodar esta historia que tenía en la cabeza desde hace mucho tiempo."

Puentes es la historia de tres niños de doce años que van a la escuela primaria y viven una serie de aventuras y desventuras que les permitirán descubrir un mundo nuevo entre alegrías y tristezas. "Siempre fue mi idea -prosigue- hacer un film acerca del abandono emocional que sufren los chicos por parte de sus familias y la exclusión que sufren en las instituciones que deberían contenerlos".

-¿La película posee algún contenido biográfico?

-No exactamente, pero está inspirada en algunos amigos míos que vivieron esas instancias y que sufrieron diversas contrariedades durante una edad en que la felicidad debería ser el signo de sus existencias. No es intención del relato señalar culpables y víctimas, ya que no las hay, pues todos debemos responder por nuestros actos. Pero, sin duda, quiero decir que la amistad es el único bote salvavidas que puede sacarlos de ese desamparo que sufren todos los días.

Giulianelli explica que buscar a los personajes que transitan por su relato no fue una tarea fácil: "Necesitaba preadolescentes con una gran naturalidad, y tuve que hacer un casting muy exhaustivo para hallar a esos tres muchachos que recorren toda la película? Por fin, hallé en Juan Ciancio, Milton de la Canal y Facundo Pérez la necesaria propiedad para con sus respectivos personajes.

-¿Fue muy difícil trabajar con niños?

-No en este caso, ya que yo me entiendo muy bien con los chicos de esa edad y ellos, por su parte, supieron de inmediato lo que yo me proponía, es decir, hacerlos recorrer un camino que no los apartase totalmente de su existencia real. En las cinco semanas que duró el rodaje, logré que tanto ellos como yo formásemos un equipo dispuesto a emprender una aventura cinematográfica que hablara, fundamentalmente, de la amistad.

El realizador señala: "Cuando se habla de chicos, siempre se empieza reduciendo la complejidad; se los convierte en cifras, en tendencias. Y en el fondo es eso lo que genera situaciones trágicas como las que narra Puentes . Mi propósito era contar todo eso y hablar como ante la soledad en la que viven esos chicos tienen como único recurso la amistad entre ellos. Si logré esta premisa, mi propósito está cumplido.

La cinematografía de la ex Yugoslavia, a pesar de producir numerosos títulos al año, llega con cuentagotas a la Argentina. Sarajevo, mi amor , film que Mirada Distribution estrenará pasado mañana, intenta remediar esta carencia a través de la historia de una madre soltera que desea cumplir el deseo de su hija de 12 años de participar en un viaje escolar. Jasmila Zbanic, guionista y directora bosnia de este film que logró ocho premios internacionales, entre ellos el Oso de Oro de Berlín, hace aquí sus primeras armas como realizadora luego de graduarse en la Academia de Artes Dramáticas de Sarajevo, su ciudad natal, y de trabajar como marionetista de teatro.

En una entrevista acercada por la distribuidora del film, la realizadora sostiene que Sarajevo, mi amor es, antes que nada, una historia de amor, "un amor que no es puro porque se ha mezclado con odio, disgusto, trauma y separación. Es, también, una historia de víctimas quienes a pesar de que no han cometido delito alguno, no son enteramente inocentes en relación con las futuras generaciones. Mi película es una trama acerca de la verdad, un poder cósmico necesario para progresar y muy necesitado por la sociedad en Bosnia Herzegovina, que deben esforzarse mucho para alcanzar la madurez". La realizadora confiesa que Grbavica , título original de la película, es un vecindario ubicado frente a su casa que durante la guerra fue ocupado por el ejército serbio, transformado en un campamento donde la población bosnia fue torturada. "Ahora, en ese barrio se pueden ver edificios comunes del régimen socialista, residentes locales, tiendas, niños y perros, pero al mismo tiempo se tiene esa extraña y particular sensación de la presencia de algo inexplicable e invisible de un lugar donde sufrió mucha gente", recuerda.

La película recorre la relación de esa madre y de su hija, que necesita un certificado de que su padre fue muerto en guerra, lo que le permitirá obtener un descuento en el viaje de vacaciones que emprenderá la joven con sus compañeras de escuela. Para animar a los dos personajes centrales de su película, la directora contó con la participación de Mirjana Karanovic, reconocida por sus papeles en varias producciones de Emir Kusturica, entre ellas Papá salió en viaje de negocios y Underground , y de la joven Luna Mijovic, que aquí hace su debut actoral.

"Ambas supieron lograr la sinceridad y la emoción que yo necesitaba para esos personajes de madre con un pasado nunca divulgado y de su hija, dispuesta siempre a lograr hacer ese viaje que la apartará de su barrio y de su progenitora? En otro país, en otro mundo, éstas podrían ser situaciones cotidianas, pero en la Sarajevo de posguerra, a pesar de su aparente normalidad, nada es cotidiano", concluye.

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