Cierra el Festival de Mar del Plata con saldo positivo

El Astor de Oro se lo llevó el mexicano Diego Quemada-Diez por su sensible y rigurosa La jaula de oro
Diego Batlle
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24 de noviembre de 2013  

MAR DEL PLATA.– La jaula de oro, ópera prima del mexicano Diego Quemada-Diez, obtuvo ayer el Astor de Oro a la mejor película del 28° Festival de Mar del Plata, que cerrará esta noche con récord de público: algo más de 130.000 espectadores.

El film ganador –que ya había sido premiado tras su estreno mundial en la última edición de Cannes– es una sensible y rigurosa road-movie que retoma un tema bastante transitado por el cine contemporáneo (los inmigrantes ilegales que intentan cruzar desde México a los Estados Unidos), pero en este caso a partir de las penurias de aquellos que vienen de más lejos y en condiciones aún más precarias: tres quinceañeros guatemaltecos y un indio Tzotzil que ni siquiera habla castellano.

La jaula de oro fue, sin dudas, una de las favoritas de esta edición, ya que se quedó también con el premio del público, el de los directores de fotografía, el de la entidad Signis y el de la Asociación de Cronistas Cinematográficos.

La cosecha latinoamericana se completó con dos galardones para la película venezolana Pelo malo, sobre la relación entre una joven madre viuda y su hijo de 9 años en la convulsionada Caracas de hoy: mejor dirección y guión, ambos para Mariana Rondón.

Las estatuillas de actuación fueron para intérpretes europeos (la española Marian Álvarez por su conflictuada conductora de ambulancias en La herida, y el francés Vincent Macaigne por la notable tragicomedia francesa La Bataille de Solférino). El palmarés oficial se completó con el Premio Especial del Jurado para Little Feet, exploración del universo infantil a cargo del estadounidense Alexandre Rockwell; y una Mención especial para The Bright Day, del iraní Hossein Shahabi.

Los insólitos peces gato, de la chilena Claudia Sainte­Luce, ganó la Competencia Latinoamericana, mientras que en la sección oficial argentina el mejor largometraje fue La utilidad de un revistero, film de Adriano Salgado construido en un solo plano de 115 minutos (ver nota aparte), y la mejor directora resultó Ada Frontini por el emotivo documental Escuela de sordos. Finalmente, el mejor corto nacional fue Espacio personal, de Natural Arpajou, mientras que en el Work in Progress para proyectos en posproducción triunfó El patrón, de Sebastián Schindel; mientras que también fueron reconocidos Miramar, de Fernando Sarquís, y Necrofobia, de Daniel de la Vega.

Tiempo de balance

La 28ª edición cierra con un saldo muy positivo: la programación de más 400 títulos permitió acercarse a lo mejor del cine de este año (con joyas de directores consagrados como Alain Guiraudie, Johnnie To, Hitoshi Matsumoto, Joaquim Pinto, Jonas Mekas, Claude Lanzmann, Philippe Garrel o Claire Denis, pero también a muchas óperas primas innovadoras), a retrospectivas de lujo (el primer Hitchcock, Roberto Rossellini, Miklós Jancso, clásicos argentinos recuperados); la organización no tuvo mayores inconvenientes, los invitados fueron de primer nivel (desde el coreano Bong Joon-ho hasta el estadounidense John Landis, pasando por el también norteamericano Joe Swanberg, el portugués João Canijo o el francés Pierre Étaix); el público volvió a responder de manera masiva y entusiasta, y las proyecciones mejoraron mucho con todas las salas dotadas con proyección DCP de última generación.

Puede que el nivel general del cine argentino no haya sido el mejor (hubo demasiadas películas nacionales en las tres competencias oficiales y muchos títulos que pasaron casi inadvertidos por las secciones paralelas), pero también es cierto que los principales directores locales no tenían todavía listos sus nuevos films o decidieron guardarlos para Berlín, Cannes o el Bafici porteño. Fue uno de los pocos lunares de un festival que, en definitiva, lució bastante recuperado respecto de ediciones anteriores.

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