Comedia romántica, con sabor español

Fernando López
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26 de febrero de 2004  

"El otro lado de la cama" (Idem, España/2002, color. Dirección: Emilio Martínez-Lázaro. Con Ernesto Alterio, Paz Vega, Natalia Verbeke, Guillermo Toledo y elenco. Guión: David Serrano. Fotografía: Juan Molina. Música: Roque Baños. Edición: Angel Hernández Zoid. Coreografía: Pedro Berdáyes. Presentada por Alfa Films. Duración: 114 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.

Nuestra opinión: regular

A las parejas jóvenes ya no les hace falta esperar hasta el séptimo año para sentir la irresistible comezón; sólo que cuando les pica el bichito de la infidelidad resuelven todo entre gente conocida: siempre está a mano la novia (o el novio) del mejor amigo/a, o, en todo caso, hay un ex novio/a siempre listo y al alcance de una llamada telefónica. Como todos padecen las mismas vacilaciones (y todos son rápidos para inventar mentiras), este ejercicio erótico-romántico puede practicarse sin mayores complicaciones; a lo sumo, dará origen a algún enredo livianamente vodevilesco. Y mientras se esperan los resultados del entretenido método de ensayo y error y cada uno reconoce cuál es su auténtica media naranja, se puede cantar y bailar un poco por la casa, por la calle, por el gimnasio o en el auto.

Se trata, por si no se ha comprendido bien, de una comedia de enredos romántica, musical, ligeramente humorística. Y a la española. Lo que en este caso quiere decir que hay desparpajo (y sólo desparpajo) para tratar "a la Almodóvar" el tema del sexo.

Faltan la gracia, la originalidad, la sorpresa. Sobre todo la sorpresa. Lo malo de muchas películas no es tanto que se sepa desde el principio adónde se va a llegar sino que también sea posible adivinar el camino. Eso le sucede a "El otro lado de la cama", un film que a ratos se ríe de los lugares comunes y de las reiteraciones y se pasa casi todo el tiempo empleando unos y cayendo en otras. Si a tal previsibilidad se añade que hay números musicales de brillo bastante relativo (en general sólo sirven para interrumpir la acción), y que la historia se estira hasta rozar casi las dos horas, se comprenderá que sean la impaciencia o el tedio los sentimientos que prevalezcan en el ánimo del espectador.

A los cuatro jóvenes protagonistas de este juego de cambio de parejas, engaños y equívocos se suman otros personajes puestos para añadir algún toque humorístico (como la latosa Pilar, campeona de las enumeraciones interminables o como el estrafalario detective privado que ha descubierto los secretos del asesinato de Kennedy y el suicidio de Marilyn). También hay espacio para burlarse de los prejuicios respecto de la homosexualidad o para que alguien (un taxista amigo) arriesgue rudimentarias teorías sobre el comportamiento femenino y los secretos de una pareja feliz.

Los cuatro intérpretes principales -entre ellos, el ascendente Ernesto Alterio y las muy atractivas Natalia Verbeke y Paz Vega- ponen todo su empeño para conferirle al film alguna vivacidad: son frescos, simpáticos y desenvueltos. La coreografía y las canciones, en cambio, ayudan poco. El film tuvo en España un éxito descomunal y, además, mereció siete candidaturas al premio Goya, incluida la correspondiente a la mejor película. Un enigma que quizá los expertos en sociología puedan descifrar.

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