Cómo rejuvenecer un clásico

Dieter Kosslick habla de la actualidad del Festival de Berlín
Dieter Kosslick habla de la actualidad del Festival de Berlín
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23 de septiembre de 2005  

Dieter Kosslick es, desde 2002, el director del Festival de Berlín. Durante ese período (breve, si se tiene en cuenta que su antecesor, Moritz de Hadeln, estuvo al frente durante un cuarto de siglo) este muy simpático hombre nacido en Pforzheim hace 57 años consiguió no sólo instalar a la Berlinale como un evento insoslayable dentro del calendario de grandes muestras cinematográficas, sino también ampliar considerablemente su espectro y su alcance internacional.

En los últimos tiempos, el European Film Market -el mercado de compraventa de películas que se desarrolla de manera simultánea al festival- se convirtió en uno de los más grandes y visitados del mundo, el Talent Campus -un ámbito destinado a formar y promover cada año a 500 jóvenes realizadores- se transformó en una vidriera de primera línea, mientras que el Co-Production Market y el World Cinema Fund se transformaron, especialmente para los directores del Tercer Mundo, en foros indispensables para conseguir ayuda financiera para la producción, desarrollo y comercialización de sus nuevos proyectos.

Kosslick estuvo apenas tres días en Buenos Aires, pero aprovechó al máximo esas jornadas para interiorizarse del panorama del cine argentino, para contactarse con sus artistas, sus funcionarios, sus empresarios, sus estudiantes y su prensa especializada y, claro, para promover las múltiples actividades que dependen de la Berlinale.

Solidificando espacios

"Nosotros estamos muy contentos por haber descubierto a talentosos realizadores como Lucrecia Martel y Daniel Burman, que hoy son figuras de alcance internacional. Los directores argentinos son los que mayor participación han tenido en el Talent Campus, mientras que el World Cinema Fund ha apoyado económicamente en distintas fases a cineastas locales como Rodrigo Moreno, Sandra Gugliotta, Carlos Sorin, Ariel Rotter o el propio Burman, entre otros. Ya era hora de que yo pudiese constatar de manera directa toda esa vitalidad que se percibe respecto del cine en este país", aseguró Kosslick en diálogo con LA NACION.

Este hombre -feliz padre "tardío" de un bebe de un año y medio- indicó: "Nuestra función política y artística es propiciar la diversidad, mostrar al mundo el cine que generalmente no se ve, apoyar las historias que de alguna manera se oponen al modelo hollywoodense. Nosotros no somos una agencia humanitaria; no apoyamos al cine del Tercer Mundo porque nos da lástima. Queremos ser parte de un fenómeno creativo genuino y sin paternalismos".

Tras el crecimiento exponencial que la Berlinale ha tenido en los últimos años (en 2006 el European Film Market inaugura una nueva sede con el doble de espacio, pero cuyos stands ya están completamente vendidos), Kosslick dice: "Ha llegado el tiempo de solidificar todos estos nuevos espacios creados. No podemos seguir ampliándonos indefinidamente. Ahora tenemos que lograr que cada uno de esos ámbitos funcione a la perfección; que Berlín siga siendo un festival popular (con 400.000 espectadores cada año), un evento indispensable para los profesionales (17.000 acreditados) y un ámbito para mostrar el mejor cine del mundo (345 films en las distintas secciones y otros 560 en el mercado). Pretendemos, además, que a diferencia de otros grandes festivales, la Berlinale mantenga el nivel de excelencia en la organización y un clima amistoso que permita disfrutar esos diez días de febrero. A pesar del frío, claro".

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