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Cuando el suspenso ingresa en la oficina

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16 de marzo de 2006  

"El método" (España-Argentina-Italia/2005). Dirección: Marcelo Piñeyro. Con Eduardo Noriega, Najwa Nimri, Pablo Echarri, Eduard Fernández, Ernesto Alterio, Natalia Verbeke, Adriana Ozores y Carmelo Gómez. Guión: Mateo Gil y Marcelo Piñeyro, basado en la obra teatral "El método Grönholm", de Jordi Galcerán. Fotografía: Alfredo Mayo. Diseño de producción: Verónica Toledo. Música: Frédéric Bégin y Phil Electric. Edición: Iván Aledo. Producción hablada en español y presentada por Alfa Films. Duración: 121 minutos. Sólo apta para mayores de 13 años.

Nuestra opinión: buena

En su primera incursión en la industria cinematográfica española, Marcelo Piñeyro sale más que airoso de un doble desafío: por un lado, haber dirigido con su habitual solvencia a un verdadero seleccionado del grandes actores ibéricos (más el argentino Pablo Echarri) y, por el otro, haber conseguido un relato lleno de intensidad con ocho personajes encerrados durante dos horas de metraje en un único decorado sin caer en el estatismo ni en la teatralidad (la película está inspirada en la popular obra "El método Grönholm").

El guión coescrito por el propio Piñeyro y Mateo Gil (habitual colaborador de Alejandro Amenábar) agrega varios nuevos personajes (aquí son siete los aspirantes a un cargo ejecutivo en una multinacional) y, en la decisión más discutible, este despiadado proceso de selección "darwiniano" está ambientado durante una violenta jornada de protestas antiglobalización contra una cumbre del FMI y el Banco Mundial en Madrid. Ese contexto, de todas formas, no alcanza a generar un marco de tensión adicional, no sirve para airear la abigarrada narración ni tampoco ofrece nuevos elementos para reflexionar respecto de las inquietantes cuestiones centrales que bien plantea el film: los dilemas éticos y morales que se les presentan a aquellos que están dispuestos a prácticamente todo con el fin de alcanzar un objetivo, el cinismo, la hipocresía y el nihilismo de los profesionales exitosos, el sexo como herramienta de poder, la decisión íntima de lidiar o no con las peores miserias humanas, la aceptación de la manipulación y la humillación, la lealtad y la culpa, el peso del pasado personal y de los actos que cada uno pone en juego en situaciones tan extremas como las que propone el film.

Siete candidatos

Cinco hombres (Eduardo Noriega, Pablo Echarri, Eduard Fernández, Ernesto Alterio y Carmelo Gómez) y dos mujeres (Najwa Nimri y Adriana Ozores) se enfrentan al método Grönholm, una serie de juegos de alianzas y traiciones (que llegan a la delación), ejercicios de ingenio, psicodrama y acusaciones cruzadas, para determinar quién es el más "apto" para ocupar el puesto vacante.

El resultado es un thriller psicológico de gran solidez, pero en el que por momentos se subraya demasiado los paralelismos y los abusos típicos de los reality shows como "Gran Hermano". En cambio, la posibilidad de la existencia de un "topo" (un informante al servicio de la empresa), un decisivo triángulo amoroso, y la inclusión de un enigmático candidato argentino (Echarri) son elementos que Piñeyro capitaliza muy bien en términos dramáticos.

Precisamente Echarri y la sugerente Nimri se destacan dentro de un elenco casi sin fisuras, en el que hasta el único personaje externo al grupo, la secretaria del holding que encarna la bella Verbeke, encuentra pasajes de lucimiento que justifican plenamente su inclusión. Así, más allá de sus (escasos) desniveles, de los apuntados subrayados y obviedades, y de algunos coqueteos con los estereotipos, "El método" resulta no sólo una buena película sino también una interesante indagación en estos tiempos de capitalismo salvaje y deshumanización de las relaciones laborales (y de las otras).

Para Piñeyro, finalmente, resultó un tour-de-force estilístico y narrativo que pudo sostener con un innegable profesionalismo ya evidenciado en sus cinco largometrajes anteriores y con un minucioso control sobre los complejos materiales disponibles. Atributos no demasiado frecuentes que le han permitido, en este caso, trascender fronteras y triunfar en una industria ajena como la española.

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