De aquí, de allá y de todas partes

Fernando López
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13 de mayo de 2003  

Más de 900 largometrajes (y casi el doble de cortos) provenientes de 81 países fueron puestos a consideración del comité seleccionador del Festival de Cannes para diseñar la programación de su 56ª edición, que está a punto de comenzar. Ya se sabe que todos quieren participar de la gran fiesta anual en el suntuoso balneario de la Costa Azul. Porque la sola presentación en la muestra parece conferir al título elegido una suerte de sello de garantía artística y por lo que el festival significa en términos de promoción: entre los certámenes de más larga tradición, es el que ha logrado consolidarse, por su continuidad y por su crecimiento constante, como la gran vidriera anual del cine del mundo. Comprometida tarea, pues, la que emprenden los encargados de escoger las obras que han de asomarse a ese escaparate de excepción. Una de las condiciones impone descartar cualquier tipo de prejuicio: no se busca privilegiar obras representativas de uno u otro tipo de cine ni de una u otra tendencia estética o política. El objetivo general que prevalece cada año -o el que por lo menos está en la intención de los organizadores- es conseguir una programación equilibrada que considere tanto la variedad estética como la geográfica y que no dé la espalda al público y a su diversidad de sensibilidades. Cannes procura alejarse de la supuesta oposición entre cine de autor y cine para el gran público y se propone al mismo tiempo seguir la evolución de los cineastas consagrados e invitar al descubrimiento de nuevas voces. Para eso cuenta con diversas secciones, además de la competencia oficial y de las proyecciones fuera de concurso: entre ellas, Una cierta mirada, que privilegia las obras de realizadores debutantes y en la que este año habrá doble presencia argentina: "Hoy y mañana", de Alejandro Chomsky, y "La cruz del Sur", de Pablo Reyero.

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Los seleccionadores ya saben que a su trabajo nunca le faltarán voces críticas. Y las habrá este año también, aunque en la carrera hacia la Palma de Oro sobren nombres para un verdadero Dream Team: Alexander Sokurov, Clint Eastwood, Lars von Trier, André Téchiné, Samira Makhmalbaf, Kiyoshi Kurosawa, Raoul Ruiz, Peter Greenaway, François Ozon, Dennys Arcand, Bertrand Blier, Gus van Sant, Claude Miller, Pupi Avati, sin olvidar a Héctor Babenco, que lleva la representación latinoamericana con el film brasileño "Carandirú".

En cambio, es probable que nadie ponga en duda la razonabilidad de algunos homenajes. Por ejemplo, el que se le rendirá, por medio de una gran muestra fotográfica, a Jean Cocteau, que presidió tres veces el jurado del festival y apadrinó la primera edición; o el que recibirá -¿hace falta explicar por qué?- la insustituible Jeanne Moreau. Y ni qué hablar de "Bajo el signo de Fellini", uno de los grandes acontecimientos de este año. Al cumplirse una década de la muerte del genial creador, su presencia se multiplicará en Cannes: estará en las pantallas (incluida la de la playa, al alcance de todos) a través de su obra completa, presentada en copias nuevas o recién restauradas; estará en varios documentales que registraron sus jornadas de filmación, entre ellos "La última secuencia", escrito y dirigido por el crítico Mario Sesti, que tendrá su estreno mundial en el festival y que se interna en el universo visionario del Fellini de "8 y medio" para desentrañar por qué decidió reemplazar la escena del tren que estaba prevista en el guión original y en la que todos los actores, pasajeros inmóviles en sus ropas etéreas, aparecían como espíritus dispuestos a la travesía final, por una ronda circense que recorre el set de filmación.

Y estará, por fin, en la calle, cuando en el Paseo Musical en que se convertirá la costanera de Cannes -la famosa Croisette- se escuchen las melodías con las que Nino Rota (y después Nicola Piovani) pusieron un sello sonoro inconfundible al mundo poético del inolvidable Federico.

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