De la escena alemana a la pantalla argentina

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30 de agosto de 2001  

Entre las producciones más ambiciosas que integran el II Festival de Cine Alemán, se halla "Ningún lugar al que ir", de Oskar Roehler, que tiene como protagonista a Hannelore Elsner, participante de la delegación artística que llegó a Buenos Aires para asistir a este encuentro cultural.

Basado en una historia real -la de la madre del realizador del film- "Ningún lugar al que ir" es una brillante metáfora de ciertas existencias alemanas luego de la caída del Muro de Berlín, y la crítica celebró al director como un nuevo Werner Fassbinder.

Dueña de una belleza que se traduce en su rostro sin maquillaje, en sus profundos ojos oscuros y en sus gestos, Hannelore Elsner es una de las más importantes actrices alemanas, tanto en teatro (disciplina en la que se inició en su adolescencia) como en cine y en televisión. Durante su charla con LA NACION Elsner punta que nació en Burghausen y creció en Munich. "De los 15 a los 16 años -recuerda- me sentí muy atraída por el escenario, aunque no sé muy bien por qué, ya que nadie en mi familia había manifestado ninguna inclinación por el arte... Con mucha vocación ingresé en una escuela de teatro, y de allí a componer los más disímiles personajes de autores clásicos y contemporáneos hubo un solo paso."

"Tuve mucha suerte -continúa-, ya que después de graduarme comencé a trabajar en el teatro Kammerspiele de Munich, uno de los más prestigiosos de Alemania, y posteriormente en el Kleine Komodie...

-¿Qué la impulsó a alternar el cine con el teatro?

-Deseaba probar todos los matices de la creación artística, y en 1961 se me presentó la oportunidad de actuar en "Die endlose Nacht", una película que dirigió Will Tremper, y de allí hasta ahora actué en casi veinte films, algunos de los cuales me fascinaron y otros que desearía olvidar sin remedio...

-¿Por qué aceptó el papel de Anna en "Ningún lugar al que ir", que representa un gran desafío para cualquier actriz?

-Me gustan mucho los desafíos, tanto en mi vida privada como profesional... "Ningún lugar al que ir" está basado en la vida de la madre de Oskar Roehler, director de la película, quien fue una exitosa escritora filosocialista que denostó las maldades del capitalismo y ensalzó a los países de detrás de la cortina de hierro. Cuando cae el muro, ella no tiene adónde ir, y es repudiada tanto por los alemanes del Este como por los del Oeste, y trata de buscarse afanosamente un camino, un lugar en el mundo. En estos momentos, la cinematografía alemana está revalorando su historia reciente, y para ello cuenta con directores jóvenes e inquietos que apuestan a un séptimo arte alejado de los artificios de Hollywood para insertarse en la verdad cotidiana.

Posiblemente por modestia, Hannelore Elsner no dice que por su labor en este film recibió el German Film Award del año último, y ganó varios lauros en los festivales de Cannes, de Karlovy Vary, de Moscú, de Montreal, de Toronto y de Rotterdam.

"El guión de "Ningún lugar al que ir" -apunta la actriz- era excepcional, todo en él estaba claro, fue un regalo para mí, y todos sabíamos que estábamos haciendo una gran película... Confieso que no debí hacer ningún esfuerzo para ponerme en la piel de Anna, porque de inmediato comprendí sus obsesiones, sus debilidades y sus temores."

-Como mujer alemana, ¿qué significa hoy para usted la caída del Muro de Berlín?

-Un tema no cerrado que tiene que ver con el Este y el Oeste, posiblemente una alegría o una utopía que se pierden... Sólo ahora, casi once años después de la caída el muro, nos atrevemos a hablar de lo que ocurrió hace ya tiempo, y creo que esto es muy significativo.

Hannelore Elsner retoma el diálogo para continuar con sus referencias en torno de "Ningún lugar donde ir": "Es un film que amo mucho, y con mi personaje hice una especie de catarsis que me ayudó como mujer y como artista... El resultado está a la vista, es decir, en la pantalla. A pesar de que la historia estaba basada en la existencia de la madre de Oskar Roehler, su director, él jamás me presionó, me dio una total libertad para elaborar ese papel de alguien falto de protección, inmerso de soledad".

La actriz cierra el diálogo con una frase que la dibuja en su exacta dimensión artística: "Siempre hice lo que quise, lo que me pareció bien... Necesité y necesito sentirme independiente, porque el arte es independiente... De otra manera no podría ponerme en la piel de otras mujeres, porque carecerían de verdad".

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