Desde Berlín, una proeza del rodaje

Javier Porta Fouz
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1 de octubre de 2015  

Victoria (Alemania, 2015, hablada en alemán, inglés y español) / Dirección: Sebastian Schipper / Guión: Olivia Neergaard-Holm, Sebastian Schipper, Eike Frederik Schulz / Fotografía: Sturla Brandth Grøvlen / Edición: Olivia Neergaard-Holm / Música: Nils Frahm / Elenco: Laia Costa, Frederick Lau, Franz Rogowski, Burak Yigit, Max Mauff, André Hennicke, Anna Lena Klenke / Distribuidora: Mirada / Duración: 138 minutos / Calificación: sólo apta para mayores de 16 años / Nuestra opinión: muy buena

V ictoria, de Sebastian Schipper, es una de esas proezas de rodaje que valen la aclaración: es una película filmada en un único plano, sin cortes, en tiempo real, en el fin de una noche en Berlín. El camarógrafo noruego Sturla Brandth Grøvlen fue reconocido con un Oso de Plata en la última Berlinale por su trabajo, además de aparecer primero en los créditos finales del film. Y no estamos ante un relato basado en la quietud o en simples conversaciones por las cuales los actores meramente hacen gala de su memoria: en más de dos horas pasan un montón de cosas, hay cambios de escenario, hay acción, hay persecuciones, hay planes y ejecuciones, incluso hay desesperación. Estamos ante un singular policial urbano.

La primera mitad de la película se centra en conversaciones y en la construcción de confianza entre la protagonista -española que vive en Berlín- y el grupo de amigotes alemanes, especialmente con Sonne. Antes de ese encuentro vemos que Victoria está deseosa de conocer gente -hasta intenta invitar un trago al barman de la discoteca- y quizá por eso conecta y permanece con estos muchachos no del todo brillantes y termina involucrada en sus actos.

Luego de un inicio más arenoso, que plantea sin apuro la deriva nocturna y los intentos de seducción, la película avanza cada vez con mayor vértigo de una noche de borrachera a fuertes tensiones, y asombra con el registro de crímenes en perpetuo movimiento, con picos en las explosiones de euforia y también en los peligros y las caídas en una ciudad de Berlín aprovechada con sabiduría (como lo supo hacer desde otro ángulo, desde una lógica narrativa muy distinta, Tom Tykwer en Corre, Lola, corre). Victoria es una película fascinante y, como ambicioso relato que no se detiene, puede llegar a ser también extenuante y flaquear en su verosimilitud, aunque el tipo de cansancio que genera se deriva de una experiencia cinematográficamente enriquecedora. No hay puntos que separen una secuencia de otra, aunque a veces podamos ver algunas comas en ciertas pausas sin sonido ambiente -aunque con música- que permiten cierto relax de nuestra energía y tensión espectatoriales. Victoria es una cabal película en movimiento, un recorrido agónico en una ciudad atrapante. Y la protagonista, Laia Costa, además, es de un carisma notable.

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