"El arte de resistir", de Uruguay a la Argentina
1 minuto de lectura'
"El arte de resistir" (Uruguay, 2004). Guión y dirección: Eduardo Orenstein. Documental en tres capítulos, titulados "Macaquitos", con Diego Portela y Francisco Ros, "Yoel Novoa: alquimista de papel", con Yoel Novoa y "La lucha por la vida de Ral Veroni", con Ral Veroni. Hablado en español. Presentado por Rayo Rojo Documentales, en video. Duración 77 minutos. Calificación: apta para todo público.
En el género documental, los personajes y sus historias son, la mayoría de las veces, los que dan o no interés al producto terminado. El resto es parte del trabajo de selección y montaje. Al menos eso ocurre en la mayoría de los ejemplos que abundan en las señales del cable, que fueron las que dieron al género la oportunidad de llegar en forma masiva como nunca antes había ocurrido. A pesar de esta concentración, en la pantalla de los cines, siguen, cada vez con mayor frecuencia, apareciendo trabajos independientes que, más allá de su calidad, difícilmente puedan llegar a su público, como deberían, a través de la pantalla chica. Es el caso de "El arte de resistir", del uruguayo Eduardo Orenstein, que puso su cámara delante de un grupo de artistas tan solitarios como no convencionales, de una y otra margen del Río de la Plata, para que expusieran cada uno a su manera cuáles son las razones que los impulsan a crear (incluso a contracorriente) y cómo producen sus obras, obsesivamente, pensando en ellas desde que se levantan y hasta que se acuestan, incluso cuando duermen.
De muñecos a billetes
El trabajo de Orenstein (registrado en video, con algunas limitaciones técnicas en cuanto a imagen y sonido) está compuesto por tres capítulos. En el primero, "Macaquitos", el videasta retrata a Diego Portela y Francisco Ros, fabricantes de muñecos de madera en Montevideo, que, al margen de toda convención artística y comercial, consiguen dar a sus juguetes el valor agregado de obra única, de pieza de colección. Para ellos, diseñar y construir juguetes es una manera de divertirse que no están dispuestos a cambiar por más dinero que el suficiente, mucho menos a convertir en productos seriados. Cada uno de ellos expone sus inquietudes con firmeza, más allá del sacrificio que significa seguir con otros oficios menos creativos (como el de pintores de brocha gorda) para subsistir.
El segundo de los personajes elegidos es el argentino Yoel Novoa, un librero "de viejo" de esos que se ven en el parque Rivadavia, que, además de comprar y seleccionar publicaciones de otros tiempos para exponer y vender en su quiosco, se dedica a desmenuzar muchos de esos impresos amarillentos por el paso del tiempo, para construir complicadas esculturas de papel mâché (machacado), muchas de ellas basadas en personajes de Jorge Luis Borges y Roberto Arlt. Novoa, también obsesionado por los recortes de viejas revistas y el tema de los vampiros, se dirige a la cámara con soltura y demuestra algo de cinismo al confesar que es capaz de cocinar, hasta convertir en pulpa o algo parecido a una sopa pegajosa, un clásico ("a pesar de que la literatura se resista", dice mientras lee una frase en el brazo de una de sus figuras), o pegotear de a tiras fragmentos de los autores de "El aleph" o "Los siete locos", con tal de dar a sus obras el toque distintivo que las convierte en algo más que papel hecho piedra.
El tercero es Ral Veroni y su obsesión por dar otro sentido a papeles impresos o figuritas, en esta mirada de Orenstein, viejos billetes, papel moneda que convierte en piezas de colección cuando los sobreimprime con igual técnica a la usada para serigrafías.
Orenstein deja a cada uno de los personajes expresarse libremente y ellos aceptan participar incluso como si la cámara estuviese apagada. Se detiene en la técnica de cada uno, pero fundamentalmente en la palabra y en el discurso, que va más allá de lo simplemente dicho. A veces recurre al primer plano, cuando se propone captar las obsesiones que se esconden detrás de esos gestos mínimos.


