El cine argentino ante una nueva encrucijada

La cartelera está cada vez más tomada por los estrenos norteamericanos, pero las nuevas políticas del Incaa pueden mejorar la situación
Pablo Sirvén
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29 de junio de 2008  

Otros campos (más virtuales, pero no por eso menos concretos) se están moviendo mucho, aunque no se noten tanto, tapados por el tsunami agrario que no deja mayor espacio para que se hable y se escriba de otras cuestiones. Sin embargo, están pasando (y van a pasar) cosas trascendentales en la industria y en el negocio del cine de nuestro país que tanto hacen al comportamiento del mercado privado como a las políticas estatales en la materia.

* * *
Veamos:

  • A principios de la semana que pasó, desde el sitio especializado OtrosCines.com , se llamaba la atención sobre la preocupante hipertrofia de la oferta cinematográfica local que expande cada vez más el espacio de los megaestrenos norteamericanos en desmedro de producciones de otras latitudes y, fundamentalmente, de la local. Allí se indicaba que "el último fin de semana, los cinco títulos más vistos (todos tanques de los Estados Unidos) tuvieron el 60 por ciento de las salas y el 80 por ciento del público". Los exhibidores se defienden al alegar que grave sería si esos porcentajes hubieran estado invertidos.
  • Todo se agudiza dramáticamente por estas horas, porque a Las crónicas de Narnia: Príncipe Caspian; Hulk: el hombre increíble; El fin de los tiempos; Sex and the city e Indiana Jones y el reino de la calavera de cristal se han sumado las 105 copias del Súper Agente 86 , estrenada el jueves. De hecho, otra decena de estrenos anunciados fueron corridos para más adelante.
  • En el contexto de una cartelera de cine tan tomada por un mismo tipo de películas -de entretenimiento, acción o fantasía- y un idéntico origen (el gran cine comercial de los Estados Unidos), el espacio mínimo que queda para géneros y cines de otras procedencias sofoca sus posibilidades o las condena directamente al anonimato.
  • Situación del actual cine argentino: hasta el 18 de este mes atrajo a 856.386 espectadores sobre un total de 14.728.292 entradas vendidas, es decir un escaso 5,81 por ciento (en 2000 ese porcentaje estaba en el 18% y el año pasado terminó en 9,1). Es cierto que la lectura es parcializada porque tradicionalmente el segundo semestre aporta mucha más facturación a la producción nacional que el primero y suma especialmente durante las vacaciones de invierno, en las que algunos productores locales concentran sus estrenos. De hecho, para el receso escolar que se avecina, habrá cuatro títulos argentinos que aspiran a quedarse con una buena porción de la taquilla. Ellos son High School Musical, el desafío (a partir del 17/7); y Valentina, 100% lucha y Los superagentes, la nueva generación (estos tres llegarán juntos el 24/7).
  • El escuálido porcentaje que hasta ahora alcanzó el cine nacional en cantidad de espectadores se elevará con la segura repercusión que obtendrán algunos de los títulos mencionados. Si está claro que la más impactante producción, el poderoso marketing publicitario y la creciente cantidad de copias con que el cine norteamericano desembarca en nuestras costas no favorece las condiciones para una buena visibilidad de la producción vernácula, hay algunas señales de alarma que son más propias que achacables a esa invasión.
  • Ejemplo 1: si en cantidad de espectadores, el cine argentino sólo arañó en lo que va del año un ínfimo 5,81 por ciento, que la cantidad de películas locales sobre el total de estrenadas casi triplique ese porcentaje (14,61%) denota que el público no se interesa por ellas o que llegaron a la exhibición con inadecuados o inexistentes lanzamientos o en fechas por demás inoportunas. La película argentina más vista del año hasta ahora ha sido El nido vacío , de Daniel Burman (270.000 entradas), que competirá por el máximo galardón del Festival de San Sebastián.
  • Ejemplo 2: para no irnos tan lejos veamos lo que sucede en estas horas. Súper Agente 86 , el fin de semana pasado, se encaramó al tope de la taquilla norteamericana y dejó en boleterías 38,6 millones de dólares. Este que transcurre es el primer fin de semana de exhibición en nuestro medio y lleva todas las de ganar. Si esto era tan previsible, ¿no es un verdadero despropósito que el jueves se hayan estrenado tres documentales argentinos ( Café de los maestros; 1973: un grito de corazón y Puerta 12 ) que verá muy poca gente?
  • Ejemplo 3: Aniceto , la bella, sensible y original película de Leonardo Favio se estrenó sin un conveniente lanzamiento, para colmo en el mismo momento de la llegada de muy atractivos y esperados megatanques norteamericanos. A pesar de sus 32 copias, pasó fugazmente por la cartelera, con más pena que gloria, aunque se defiende marginalmente en el Gaumont y en el Atlas Lavalle. Mejor estrategia parece desarrollar Patagonik, que espera a agosto para lanzar Un novio para mi esposa , de Juan Taratuto, con Adrián Suar, Valeria Bertuccelli y Gabriel Goity.
  • * * *

    Buenas y malas noticias del Instituto de Cine y Artes Audiovisuales. Primero las buenas: cayó muy bien en el medio cinematográfico local que Liliana Mazure, flamante y agradable presidenta del Incaa, se haya decidido a subir a Internet la antes muy escondida y vidriosa información relacionada con créditos y subsidios otorgados por ese organismo y que haya resuelto no otorgar más los controvertidos "3ºJ" (un polémico procedimiento, que se presta a incómodos favoritismos, que les posibilitaría conceder de facto dinero a determinados productores). Pero lo importante es que está resuelta a parar con la máquina de lanzar 70 estrenos nacionales, que casi nadie ve, en que se convirtió el Incaa en los últimos años. La idea es menos películas, que conecten más con el público, con mayor presupuesto y ayudar a construir productoras más fuertes. Habrá un proceso de mayor selectividad de óperas primas mediante dos concursos anuales; ídem con los documentalistas y cortometrajistas. Y se dará una gran batalla para imponer una cuota de pantalla a la TV y promover algún tipo de fomento a los exhibidores que lo necesiten.

    Las malas: Mazure debe evitar dar a conocer políticas de Estado en la materia por medio de primicias en un solo medio y es, por lo menos, desafortunado que, no bien comienza su gestión, se estrene su película 1973: un grito de corazón (para colmo una reivindicación de la lucha armada de los 70). También resulta muy oportunista que haya sumado al Incaa a la prédica oficial contra el campo con el ciclo "Un debate sobre el poder de la oligarquía rural", que rejunta forzadamente cinco películas argentinas más o menos relacionadas con temáticas campestres.

    Por temperamento y buenas intenciones, no parece difícil que, si se lo propone, Liliana Mazure logre imponer su parte buena sobre su parte mala. Ojalá lo consiga. Para bien de todos.

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