El festival comienza a tomar buen ritmo

Con los films de Ozon y de Van Sant
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19 de mayo de 2003  

CANNES.- Tras un comienzo algo frío y dubitativo, el festival encontró en su quinta jornada la calidad, las sorpresas, el brillo y la ebullición que generan esos encarnizados debates estéticos e ideológicos que hacen de este ámbito el más influyente del universo cinematográfico. Las proyecciones en la sección oficial de dos películas muy provocativas como "Swimming pool", del francés François Ozon, y "Elephant", del estadounidense Gus van Sant, sumadas a la multitudinaria conferencia de prensa que ofreció el exitoso James Cameron con su documental tridimensional "Ghosts of the abyss", calentaron un domingo de por sí soleado, en el que las playas estuvieron tan llenas como las salas.

Hasta ayer, las presentaciones de los primeros cinco títulos de la competencia oficial habían dejado sólo una grata revelación, como"Uzak", contemplativo y poético tercer largometraje del turco Nuri Bilge Ceylan sobre la crisis íntima de un fotógrafo, mientras que el franco-chileno Raúl Ruiz (con el thriller surrealista "Ce jour-lˆ"), la iraní Samira Makhmalbaf (con su incursión en la crisis afgana titulada "A cinq heures de l´aprés midi"), el también galo André Téchiné (con "Les égarés", sobre la masacre de mujeres y niños en pleno éxodo por parte de los nazis en 1940) y el italiano Pupi Avati (con la tragicomedia sentimental "Il cuore altrove") tuvieron una recepción apenas correcta, pero sin entusiasmos desmedidos del público y mucho menos por parte de los principales críticos, que no les concedieron puntajes demasiado generosos en las tablas que aparecen en los medios que se publican aquí todos los días.

Tras el éxito mundial de films como "Gotas que caen sobre gotas calientes" y especialmente "Bajo la arena" y "8 mujeres", François Ozon regresó a Cannes -donde en el marco de la Semana de la Crítica ya había presentado en 1996 el corto "Vestido de verano" y dos años más tarde su opera prima, "Sitcom"- con "Swiming pool", producción rodada en inglés en la que vuelve a trabajar con dos de sus actrices favoritas: la veterana Charlotte Rampling y la joven estrella francesa Ludivine Sagnier.

El film -que en la función de gala a la que accedió LA NACION tuvo mejor respuesta que en la proyección para la prensa- describe las desventuras de Sarah Morton (otro gran trabajo de Rampling), una exitosa escritora de novelas policiales que sufre una crisis personal y un bloqueo creativo que la llevan a instalarse por una temporada en una paradisíaca mansión francesa que posee su editor (Charles Dance).

Allí irrumpirá la hija francesa del empresario (Sagnier), que no mantiene contacto alguno con su padre y ha perdido a su mamá, pero que sí es capaz de seducir a lo Marilyn Monroe a casi todos los hombres del pueblo. Surge casi inevitablemente entre ellas una relación de amor-odio (¿de madre e hija?) en la que empiezan a jugar los celos, los engaños y también las lealtades, mientras la escritora va cambiando radicalmente el tenor de su novela.

Las plumas del crimen

La película no podía dejar de tener una apasionante trama policial y Ozon disfruta salpicando el personaje de Sarah de guiños cómplices que remiten a grandes escritoras de historias de crímenes, como Agatha Christie, Patricia Highsmith, Ruth Rendell, PD James o Patricia Cornwell, y demuestra una vez más que es uno de los pocos hombres capaces de dirigir a actrices en la línea de un Rainer Werner Fassbinder o un Pedro Almodóvar.

Según el realizador, la idea de "Swimming pool", cuyo estreno en la Argentina está asegurado, "surgió después de "8 mujeres", ya que sentí la necesidad imperiosa de filmar algo más íntimo y más simple. Escribí los personajes pensando en Charlotte, una actriz con la que creamos una química muy especial, y en Ludivine, a la que había descuidado un poco en detrimento de las otras estrellas de "8 mujeres". Lo de filmar en inglés fue muy natural, ya que el personaje de Sarah es una típica escritora británica acartonada y conflictuada".

El poder actual de Ozon en Europa es tal que sus productores salieron a vender hace varios meses su nuevo proyecto (titulado "5 x 2") sólo con el guión. Para los mercados que todavía quedaron libres ahora se está proyectando un par de escenas. El prolífico realizador, de sólo 36 años, ya filmó más de la mitad de esta historia ("la más emotiva de mi carrera", aseguró), que se centra en cincos momentos cruciales en la vida de un matrimonio narrados en reversa. Valeria Bruni Tedeschi y Stephane Freiss son los protagonistas.

Gus van Sant, polémico

Si Ozon generó bastante polémica y las proyecciones previstas para hoy de "Dogville", la nueva película de Lars von Trier, protagonizada por Nicole Kidman, auguran los mayores debates de todo el festival, el primer escándalo de la competencia fue para "Elephant", retrato de una decena de adolescentes rebeldes de un colegio secundario de Portland.

Gus van Sant, originario de esa ciudad y talentoso director de "Mala noche", "Mi mundo privado", "Los marginados", "Todo por un sueño" y "Gerry", intentó, según sus propias palabras, "capturar la atmósfera de los chicos que iban al colegio entre 1997 y 1999, cuando se produjeron matanzas como la de Columbine".

El film, sórdido y desafiante al punto de que algunos lo compararon con "Irreversible", resulta la contracara perfecta de esas comedias escolares que abundan en Hollywood por más que aborde tópicos comunes como el fútbol americano, las clases o la socialización.

Van Sant, que nunca antes había sido aceptado en la competencia de Cannes pese a sus esfuerzos de años lo consiguió con una película que afortunadamente se aleja de la denuncia y los didactismos y se dedica a mostrar en toda su contradicción las vivencias extremas de muchachos interpretados por actores de poca o nula experiencia profesional.

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