El gaucho, la leyenda y el presente

Juan Armando Soria
Juan Armando Soria
La nostalgia del centauro, que se estrena mañana en el Malba, retrata con sensibilidad poética y precisión la vida del personaje fundacional argentino
Pablo De Vita
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6 de febrero de 2019  

Dentro de la tradición nacional, la figura del gaucho es parte vital del arquetipo que construye nuestra identidad. Así lo han entendido la literatura y -hereditariamente- el cine, que refleja sus costumbres, pero también el símbolo donde su perfil se erige en el imaginario colectivo. ¿Pero cómo sobreviven en el devenir del tiempo el mito fundacional y su estampa frente a aquello que no fue? Algunos de estos pensamientos -que entrecruzan por igual el recuerdo del poema de José Hernández y a Don Segundo Sombra, de Ricardo Güiraldes, con ficciones fundacionales del cine argentino como La guerra gaucha, de Demare- sobrevienen al ver La nostalgia del centauro, que se exhibirá desde mañana en el Malba. Su mirada diáfana a la tradición que se extingue y, por qué no, al mito orientador nacional que se aleja a galope del tiempo son algunas de las claves para entender este sensible y lúcido trabajo de Nicolás Torchinsky que con pulso documental se entronca en ese universo ficcional en el que descansa el legado de la historia. La primera advertencia al espectador: su visualización no es sencilla si busca un cine de tiempos urbanos, de realidades inmediatas, de historias directas. Por el contrario, encontrará la noche cerrada, el canto de los grillos, la penumbra iluminada por la noche estrellada que es plena de misterio y solo es interrumpida por sutiles marcas de la existencia humana. Así se aborda la historia de Alba Rosa Díaz y Juan Armando Soria en los valles tucumanos. El retrato certero del mundo privado en la mitad del documental se expande mostrando sus reflejos en las fiestas patrias hasta que la naturaleza impone su propio paso como la otra auténtica protagonista de la historia. Las condiciones de vida postergadas, lejos del motivo folclórico, se insinúan aunque no ponen en duda el inquebrantable amor a la tierra de sus protagonistas con sus miradas cansinas al expandido horizonte. Con un elaborado trabajo fotográfico, sonoro y de montaje, Baltasar Torcasso, Sofía Straface, Sebastián González y Ana Poliak consiguen apuntalar con solvencia la labor del director en una búsqueda en la que "el recuerdo es poesía, es tradición, es historia y es resurrección", tal como anotó el gran escritor tucumano Pablo Rojas Paz en El patio de la noche y que pareciera escrito para esta película, hecha en un tiempo suspendido como el de una luz que lentamente se extingue.

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