El nuevo cine norteamericano

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9 de mayo de 2003  

"Con amor, Liza" es un muy interesante exponente del nuevo cine independiente norteamericano. Surgida, como muchas de las pequeñas producciones de ese origen, del Festival de Sundance (donde ganó el premio al mejor guión en la edición del año último), esta tragicomedia sobre las secuelas que provoca en un hombre el suicidio de su esposa se mantiene en cartel en los cines estadounidenses desde su estreno, el 5 de enero último.

Esta opera prima del actor Todd Louiso (el tímido y sensible empleado melómano de la disquería que manejaba John Cusack en "Alta fidelidad") tiene como protagonista casi excluyente a Phillip Seymour Hoffman, que a los 35 años ya es un icono del cine independiente de su país y actor-fetiche del director Paul Thomas Anderson.

Basado en un guión escrito por su hermano mayor, Gordy Hoffman, el intérprete de "Magnolia", "Casi famosos" y "La hora 25", es el eje de un agridulce y melancólico retrato que jamás cae en el previsible melodrama lacrimógeno. Así, este extraño y por momentos cautivante tono resulta un gran logro artístico, especialmente tratándose de un director debutante como el joven Louiso.

El desdichado protagonista es Wilson Joel, un eficaz diseñador de páginas web de un pueblo de Alabama cuya vida se derrumba tras el incomprensible suicidio de su esposa (la Liza del título). Ella le deja una carta que él no se atreve a abrir, mientras inicia una fuga hacia ninguna parte ante el desesperado seguimiento que intenta su suegra (Kathy Bates) y el interés que por él manifiesta una compañera de trabajo (Sarah Koskoff).

En medio de ese descenso a los infiernos personales Wilson encuentra refugio en una creciente adicción a inhalar nafta y se obsesiona con el aeromodelismo de la mano de otro patético personaje como Denny, que interpreta ese gran comediante que es Jack Kehler.

De estreno

"Con amor, Liza" ("Love Liza" es el título original), que el sello LK-Tel estrenará de manera simultánea en VHS y DVD el próximo martes 13, resulta un retrato ácido y dulce, austero y emotivo a la vez, sobre un ser desesperado y en estado de ausencia que encuentra en las letras y las melodías de Jim O´Rourke y el fallecido Jeff Buckley un muy apropiado sustento musical.

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