El personaje engulló al mito

Pablo De Vita
Pablo De Vita PARA LA NACION
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16 de noviembre de 2018  

Hace medio siglo se colgaba de las pantallas para interrumpir un Festival de Cannes atravesado por el Mayo francés. Hace medio año, todo Cannes estuvo decorado con Pierrot, el loco y, casi nonagenario, volvió con una nueva película. Pero Godard "va a Cannes" sin querer siquiera pisar Cannes. Cuando estrenó Film Socialisme canceló su presencia a último momento; con Adiós al lenguaje, circuló una foto de su supuesto perfil mirando la bahía del Mediterráneo pero la presentó con una carta-video: "No soy el que ustedes creen que soy aún", decía. Y este año, en un Cannes antistreaming contestó a la prensa por FaceTime. Para muchos cinéfilos, Godard sigue siendo el mismo. Para otros, el personaje engulló al mito: en Visages Villages no le abría la puerta a Agnès Vardá y la martirizaba hasta las lágrimas: "La palabra me hizo mucho peor que la ausencia", dijo a este cronista la cineasta francesa un tiempo después. Después del rostro infinito de Belmondo en Sin aliento comenzaría la polémica. Polémica que, eso es seguro, a Godard le encanta.

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