El Triángulo de las Bermudas de los cineastas modernos

De Coppola a Scorsese, pasando por Brooks, todos fracasaron con sus musicales
Javier Porta Fouz
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26 de junio de 2014  

En la lista de grandes catástrofes, locuras y fracasos cinematográficos de la revista Time Out, el primer lugar está reservado para "todo musical de rock que se haya hecho desde 1964 en adelante". Sí, parece una afirmación exagerada, pero contiene no pocos ejemplos para sostenerla. En el sexto lugar está el tremendo fracaso comercial musical de Francis Ford Coppola Golpe al corazón (One from the Heart, 1982), que lo llenó de deudas.

En ese mismo listado, un poco más atrás, aparece otro gran fracaso, en este caso de Martin Scorsese: New York, New York (1977), protagonizado por Liza Minnelli (genéticamente musical por herencia de padre y madre) y Robert De Niro. Además de los dos ítaloamericanos más famosos, varios grandes directores de las últimas décadas se han tentado por las luces y los sonidos del género. Tanto es así que ni siquiera escucharon las alertas de la experiencia anterior de sus colegas. Coppola gastó fortunas en Golpe al corazón. La de Scorsese había sido una película cara (y además larga). Y eso que Scorsese en ese momento tenía fresca otra catástrofe en la taquilla: dos años antes, Peter Bogdanovich había hecho Al fin llegó el amor (At Long Last Love), con Burt Reynolds, Cybill Shepherd y nada de recaudación.

Cada director que se ha aventurado con el musical luego del fin de su período clásico (es decir, después de la década del cincuenta) seguramente habrá creído que él podía hacerlo con éxito. James L. Brooks (el señor Simpson junto a Matt Groening) tuvo que deshacer su musical de 1994 I'll Do Anything, pero a pesar de quitarle las canciones igual fracasó ruidosamente. Hay que decir que a la tentación musical de Woody Allen de 1996, Todos dicen te quiero, no le fue especialmente mal en la taquilla, pero el público de Allen es una comunidad singularmente fiel.

En sus inicios, Coppola había probado con otro musical, Finian's Rainbow (1968), con Fred Astaire con casi 70 años. Eran los sesenta, y todavía había lugar para reventar taquillas con excepciones como La novicia rebelde, Mary Poppins o West Side Story. Por esas épocas, un actor de éxito que todavía no había empezado a dirigir protagonizaba, junto a Lee Marvin, La leyenda de la ciudad sin nombre (Paint Your Wagon): Clint Eastwood aparecía en este musical ambientado en la fiebre del oro en California.

Ahora, a los 84 años, el Eastwood director presenta una -otra- de sus películas magistrales: Jersey Boys, basada en el musical de Broadway y con un acercamiento que juega con los fundamentos del género (ese hablar mientras se canta, al revés de la canción que irrumpe en los diálogos). Y centrada en Frankie Valli y los Four Seasons. Valli, justamente, cantaba la canción principal de Grease (1978), uno de los escasos musicales de éxito del último medio siglo.

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