En estos tiempos, el amor tiene fecha de vencimiento

Sólo dura tres años, según la "comedia para hombres" con la que el escritor Frédéric Beigbeder hace su debut en el cine
Fernando López
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27 de noviembre de 2013  

En Francia no sorprendió demasiado que el múltiple Frédéric Beigbeder, bien conocido como novelista, cronista literario, figura mediática omnipresente, animador de televisión, polemista y últimamente también responsable de la reaparición de una legendaria revista para hombres, decidiera hacer su debut como director de cine. Y menos ha sorprendido que para su ópera prima haya tomado como punto de partida un viejo libro suyo - El amor dura tres años - y que haya definido su film como "una comedia romántica para tipos", es decir, un film que habla del amor desde el punto de vista masculino, con toda la ironía y la pizca de cinismo que puede esperarse y que -también es previsible- no oculta la tierna sensibilidad de un romántico.

Beigbeder prefirió trabajar sobre una novela propia, "para no sentir sobre el hombro la mirada vigilante de un autor dispuesto a señalar correcciones o para advertirme que no estaba siendo fiel al original". Al contrario, él se felicita por haber traicionado muchas veces al libro y de haberlo hecho alegremente, ya que, como no se trata de una obra reciente, le permitió renovar el punto de vista sobre la pareja, sobre las dilaciones amorosas, sobre sus vaivenes y sus altibajos. "Es un viejo escrito ilegible, publicado hace quince años ante la indiferencia general y olvidado en un desván polvoriento", lo describe impiadosamente con la misma autocrítica implacable que se aplica a sí mismo y a sus obras y a sus personajes, que por cierto tienen bastante de autobiográficos. El protagonista de este film que IFA estrenará mañana, por ejemplo.

Payaso triste

Marc Marronnier es al mismo tiempo un poco misógino y bastante sentimental, un payaso triste que se emociona viendo Piel de asno , un tipo inseguro y melancólico que anda en busca de la felicidad, pero teme al compromiso. Tiene, sí, bastante perseverancia. Sigue escribiendo y llevando sus originales a las editoriales a pesar de haber recibido toda clase de rechazos, algunos bastante rotundos (y en este punto, el paralelo con Beigbeder se diluye bastante: el autor y ahora cineasta ha cosechado abundantes éxitos, en especial en los últimos años). A Marc, cuando el film comienza le va bastante peor: su mujer acaba de abandonarlo. Sigue el divorcio, en un juzgado al que según él concluye deberían asistir todos los que están a punto de casarse para que tengan un anticipo de su futuro. Porque fatalmente el amor se esfuma: ya lo advierte en el prólogo de la película el mismísimo Charles Bukowski: "El amor es una niebla que se evapora con la luz de la realidad".

A Marc, desconsolado y víctima de una profunda depresión, podría no quedarle otro camino que el suicidio. Salvo que también en ese terreno fracase y que en cambio se le ocurra volcar su nueva sabiduría en un nuevo libro, una especie de volumen de autoayuda para hombres que el día de mañana podrían pasar por la misma situación y tropezar tardíamente con la cruel evidencia de que el amor viene ahora con fecha de vencimiento. La conclusión a la que ha llegado le servirá de título (también, claro, al film): El amor dura tres años. Y allí, con seudónimo, por si acaso, podrá incluir verdades como éstas: "El primer año de matrimonio se compran los muebles; en el segundo, se los cambia de ubicación; en el tercero, se los reparte entre los dos".

Claro que esta vez, inesperadamente, a Marc le va bastante mejor con la editorial, y con el público lector. Pero al mismo tiempo entra en escena la solar Alice, pura belleza y vitalidad, y todo cambia. ¿Para mejor? Ya se verá. Porque la chica trae consigo un inconveniente: el de estar casada con un primo de Marc. Y además no le caería muy bien el contenido del libro si supiera quién es el verdadero autor.

Uno se pregunta por qué estando el film tan próximo a lo autobiográfico y siendo Beigbeder una figura tan conocida por los franceses no quiso él asumir el papel protagónico al lado de la esplendorosa Louise Bourgoin, a quien se conoció como protagonista de Un suceso feliz . La explicación que da el escritor es contundente: "Yo soy un actor lamentable. Ya hice algunas apariciones en films, siempre desastrosas; la mayoría, felizmente, no pasaron de la sala de montaje". En cambio reconoce que Gaspard Proust, el actor suizo nacido en Eslovenia que encarna a Marc, es su inmejorable álter ego.

Y cuando se le pregunta si hay muchas diferencias entre el joven que escribió la novela hace quince años y este Beigbeder que hace poco volvió a triunfar en una empresa en la que nadie creía -la reaparición de la revista Lui, con su clásica mezcla de artículos de fondo y desnudez femenina en estos días en que sobra pornografía en Internet- responde con cierto dejo de afectado desencanto: "Me gustaría poder responder que he crecido, que he madurado, que ahora soy adulto, pero desgraciadamente viendo la película me doy cuenta -y es aterrador- de que los problemas de Marc Marronnier siguen siendo los míos".

http://guia.lanacion.com.ar/cine/pelicula/el-amor-dura-tres-anos-pe5637

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