Híbrido de géneros que no llega a buen puerto
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"Mataperros" (Argentina/2000). Dirección y guión: Gabriel Adrián Arregui. Con Ernesto Mussano, Paola Matienzo, Erica Spósito, Alejandro Fega, Graciela Privitella y otros. Fotografía: Mariano Cúneo. Música: Francisco Bochatón. Presentada por el Instituto Nacional de Cine y Artes Audiovisuales. Duración: 87 minutos.
Nuestra opinión: mala.
Es una tarea casi ciclópea desentrañar qué se propuso el director y guionista Gabriel Adrián Arregui con "Mataperros", su primer largometraje.
Un esfuerzo de imaginación apunta a presumir que intentó adentrarse en el micromundo de la juventud solitaria y desesperada que busca la evasión a cualquier costo. Existe también la presunción de que el realizador apuntó al género policial con una fauna de perdedores sin remedio, o quizá se dejó tentar por el "road-movie", o ancló en un estudio de caracteres trazados con lápiz grueso y carente de emoción.
Lo definitivo es que "Mataperros" defrauda en su totalidad. La protagonista de la historia (de alguna manera hay que denominar lo que refleja la pantalla) es Teresa, una adolescente atormentada que vive en un asilo de menores y que se obsesiona con una telenovela protagonizada por una pareja de patéticos enanos.
Cuando el aparato de televisión se rompe, Teresa huye y se vincula con Damián, un marginal que le hará conocer la realidad de la existencia. Arregui, como varios de los realizadores del "nuevo cine argentino", no tuvo en cuenta que la humildad es uno de los preceptos básicos del séptimo arte. Y precisamente "Mataperros" no sólo carece de humildad, sino que, como un espiral sin fin, aspira a decir muchas cosas y queda envuelto en un galimatías que desubica a los espectadores.
Puzzle sin armar
Para Arregui, su opera prima es moderna, irónica y sutilmente cruda. Para el público, en cambio, apunta a una forma muy personal de acceder al largometraje por el camino de una intercomunicación carente de sustento dramático, de interés narrativo y de esa ternura que es prioritaria para plasmar en imágenes lo que se nutre en la imaginación.
Nada de lo que ocurre en este film es creíble, ni siquiera entretenido. El novel director, al que hay que recordarle que no sólo de entusiasmo se nutre nuestra pantalla, se dejó tentar por una temática que se le escapa de las manos, y el resultado final es un rompecabezas imposible de armonizar.
Poco es lo que se puede decir de un elenco que en ningún momento halló en el guión un buen asidero para demostrar sus condiciones artísticas. En tanto, los rubros técnicos -con una banda musical estridente y una fotografía despareja- suman desaciertos a este film de pronto olvido.


