Intenso paso por el cine

Inquieto y visionario, apostó intensamente a la pantalla grande
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30 de noviembre de 2002  

Hugo del Carril fue uno de esos hombres inquietos y visionarios, que se vio seducido por la tentación de arriesgarse e incursionar en terrenos artísticos conocidos, pero no trasitando. Por eso en su trayectoria quedaron registros de su actividad como cantante, actor, guionista, director, productor y asesor artístico.

Si bien fue la canción ciudadana el punto inicial de su carrera artística, no pasó mucho tiempo antes de que descubriera que podía establecer una buena relación con la cámara de cine. La notoriedad que le dio la canción, a través de la radio, de sus actuaciones en vivo y de sus grabaciones atrajo la atención del director Manuel Romero, que en 1936 lo convocó para interpretar un tango en "Los muchachos de antes no usaban gomina" (1936).

Esa fue la llave que le permitió abrir la puerta de Lumiton y cimentar una carrera que continuó con "Tres anclados en París" y "La vida es un tango". Desde aquí empezó a consolidar su presencia cinematográfica, acentuada cuando Mario Soffici lo incluyó en "La cabalgata del circo". No faltaron los títulos donde se impuso como actor dramático. Fue Leopoldo Torres Ríos quien le dio la oportunidad en "La piel de zapa" (1943).

Pero el éxito local y latinoamericano obtenido no le alcanzó. Intuía que en ese campo incipiente de la cinematografía él podía volcar una vocación que yacía latente. En 1949 dirigió su primer film, "Historia del 900", y a partir de esa fecha siguió alternando la actuación con la dirección, investigando una temática social que pudiera registrar en celuloide. "Surcos de sangre", "Esta tierra es mía", "Las tierras blancas", "La Quintrala" y su mejor producción, "Las aguas bajan turbias", dan prueba de su compromiso ideológico.

No faltó el tema melodramático, pero envuelto en una factura formal y una narración cinematográfica que casi fue su sello de distinción: "Amorina", "Una cita con la vida", "Más allá del olvido".

En 1973, durante el último gobierno de Juan Perón, aceptó el cargo de director del Instituto Nacional de Cinematografía, gestión que fue muy breve.

Entonces regresó al canto y al cine, pero como intérprete. En 1974, después de 10 años de ausencia, volvió detrás de la cámara para dirigir "Yo maté a Facundo". Pero los vaivenes lo obligaron, en 1976, a radicarse en México, ciudad en la que permaneció hasta 1981.

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