Ironía y humor en Monicelli

Se estrena el jueves su comedia La rosa del desierto, filmada en el Sahara
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30 de mayo de 2009  

Hace un par de semanas, Mario Monicelli cumplió 94 años. Ha sobrevivido a todos los grandes cineastas de la época de oro del cine italiano, pero, además, continúa en actividad. A los 91 filmó una desafiante producción en Túnez, en el desierto del Sahara, un esfuerzo al que otros realizadores hubieran renunciado, aun siendo jóvenes. En marzo de 2007 vino a Buenos Aires y poco después viajó a la costa para presentar esa película, La rosa del desierto ( Le rose del deserto ) en el Festival Internacional de Mar del Plata, fuera de concurso. Ahora, esta costosa producción tendrá su estreno en Buenos Aires.

Después de presentarse en Mar del Plata, Monicelli regresó a la Capital y tuvo un encuentro con el público en el teatro Coliseo, organizado por el Instituto Italiano de Cultura, al que asistieron alrededor de mil quinientos fans del maestro, para dialogar con él. A la pregunta de cómo podía desplegar tanta vitalidad a los 91 años y después de setenta de carrera, Monicelli respondió que siempre había tratado de "trabajar sin tomar demasiado en serio la vida". Pero el oficio de divertir al público -eso sí- siempre fue para él algo muy serio. La popularidad y prestigio del director en nuestro medio quedó incontestablemente probada esa misma noche, durante una cena en el Círculo Italiano, cuando se le acercó a saludarlo un admirador calificado, el doctor Raúl Alfonsín, quien, en una mesa vecina, celebraba sus ochenta años.

Camino de comedia

Monicelli inauguró el exitoso género de commedia all´italiana en 1958 con Los desconocidos de siempre , debut de Vittorio Gassman en el rubro comedia (gracias a que el director insistió ante los productores), y el año siguiente ganó el León de Oro de la Mostra de Venecia con La gran g uerra, un film en el que afirmó el carácter tragicómico del género, tal como él mismo vuelve a definirlo ahora con La rosa del desierto : "Allí se cuenta un evento con duro fondo de guerra, a partir de Il deserto della Libia , la novela de Mario Tobino, un escritor oriundo de Toscana, como yo, y del episodio «Il soldato Sanna», de Guerra d´Albania , de Giancarlo Fusco. Pero no fui muy fiel a esos textos, ya que en el guión hay mucho inventado por mí. Lo que se cuenta no es una aventura heroica, sino la desilusión de un contingente de la Cruz Roja enviado al norte de Africa y el brusco despertar de los sueños engañosos de la mitología fascista".

Situando la acción en 1940, Le rose del deserto plantea el desconcierto de unos jóvenes que atienden un puesto sanitario, creyendo que la guerra está por terminar; el contraste entre el entusiasmo jocoso y la patética decepción que tiñe la trama (porque la guerra recién está empezando) no son nuevos para el cineasta. Porque Mario Monicelli, como pilar de la commedia all´italiana , siempre se manejó con esas premisas: "Se trata de contar con humor algo que en el fondo detenta amargura, miseria y frustración", ha puntualizado más de una vez.

Aparte de los títulos consignados, la carrera de Monicelli como comediógrafo marcó inolvidables aciertos, a lo largo de varias décadas: Los compañeros (film que en 1963 vino a Mar del Plata, pero sin el director, y ganó); La armada Brancaleone (1966, que tuvo una segunda parte, tan divertida como la primera, varios años después); Amigos míos (de 1975, después retomada por él mismo en 1982 y rematada por Nanni Loy en 1985); la estremecedora Un burgués pequeño pequeño (1978, con un Alberto Sordi que se revela como actor dramático)? y la lista no acaba ahí.

Su manejo del humor engañoso y hasta macabro, más que una postura estética es su propio estilo. Forma parte de su visión irónico-realista de la vida, sobre todo de la suya, que a esta altura suma ya mucho camino recorrido. Así, a propósito del riesgoso compromiso asumido cuando decidió filmar La rosa del desierto , cuenta: "De otros artistas se suele decir «Es el más importante director viviente». De mí deberían decir: «Es el más activo director moribundo» . Lo sé perfectamente, y por eso elegí como protagonista del film a Michele Placido, que también es director: por contrato, quedó establecido que si yo moría durante el rodaje la película la acabaría él".

Pero no sólo sobrevivió al fatigoso rodaje: hoy se divierte oyendo y leyendo lo que, al paso del film por el mundo, dicen los críticos y el público.

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