La crisis amenaza el cine independiente

El público argentino está habituado a una diversidad de oferta que ahora peligra ante los costos dolarizados que deben afrontar los distribuidores locales
Marcelo Stiletano
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29 de junio de 2002  

Durante varias semanas de 1998, frente al cine Lorca, largas y llamativas filas de público aguardaban cada jornada el momento de ver la película iraní “El sabor de la cereza”. El inesperado éxito que obtuvo entre nosotros aquel laureado film de Abbas Kiarostami (nada menos que 140.000 espectadores) inició un camino que, en los años siguientes, llevó al tradicionalmente cinéfilo público argentino a tomar contacto permanente con películas procedentes de las geografías más diversas.

Films llegados del Lejano Oriente o de Escandinavia, de México o de Asia central lograron, quizá como nunca antes, la posibilidad de ser estrenados comercialmente en un circuito cada vez más amplio, sumándose a películas francesas, italianas y norteamericanas ajenas a la industria más poderosa que, aun con altibajos, seguían poblando la cartelera local.

El crecimiento de la distribución y la exhibición de cine independiente en la Argentina fue una de las tendencias más consolidadas de los últimos cinco años, pero la situación planteada por la persistente y cada vez más profunda crisis socioeconómica que golpea a la Argentina amenaza con torcer este rumbo casi de cuajo.

La mayoría de los distribuidores de cine independiente que trabajan en la Argentina advierte por estos días que la situación del sector es cada día más problemática, sobre todo porque deben afrontar costos e insumos dolarizados para adquirir films en el exterior, copiarlos y promocionarlos en el país, e ingresos en pesos con entradas que no alteraron su valor pese al proceso inflacionario. Algunos ya han decidido interrumpir momentáneamente su actividad, otros reducen al mínimo la cantidad de estrenos y hay quienes ya afirman que, a fin de año, la actividad podría quedar reducida a la mínima expresión o directamente desaparecer.

El concepto de cine independiente adquiere en la Argentina un rango amplísimo. En él se incluyen desde las películas que responden al criterio de cine de arte (con escasa salida comercial) hasta la mayoría de los films europeos (taquilleros o no en sus países), las producciones de origen nacional y los títulos norteamericanos que se estrenan al margen de las filiales locales de los estudios más importantes. Todos ellos llegan hasta nosotros por medio de distribuidores independientes que hoy, como nunca, ven peligrar su actividad.

Después de 20 años en el sector, Pascual Condito resolvió no estrenar más films extranjeros, al menos hasta fin de año, después de encontrar serias dificultades para recuperar los 28.000 dólares que invirtió en el lanzamiento del film francés “El empleo del tiempo”.

El responsable de Primer Plano Film Group, que desde “El sabor de la cereza” distribuyó en la Argentina una importante cantidad de films independientes dirigidos, entre otros, por Alain Resnais, Eric Rohmer, Alexander Sokurov o Shohei Imamura, dijo a LA NACION que el negocio independiente es hoy imposible de sostener. “No voy a bajar la cortina definitivamente, sino a hacer un paréntesis porque no cubro los costos y subir el precio de las entradas es imposible. Todos, desde los laboratorios hasta los que hacen publicidad, quieren cobrar al contado y de acuerdo con la cotización del día del dólar”, advierte.

Condito dice que la situación lo lleva a no poder presentar cinco películas extranjeras listas para su estreno. Luis La Valle, de Eurocine, afirma algo parecido: apenas tiene previsto lanzar tres novedades de aquí a fin de año. “En 35 años de actividad jamás vi algo semejante. El negocio ya no es redituable, los costos aumentan en dólares y si aumentamos la entrada hay todavía menos público. Va a llegar un momento en que nadie tendrá capital para reinvertir y dejaremos de traer cine independiente inglés, italiano, francés o norteamericano. Sólo quedarán los estrenos más importantes y el público se va a pochoclizar”, se lamenta el distribuidor que trajo al país films como “Pan y tulipanes”, “Storytelling” y los más recientes de Woody Allen.

Rubén Katzowicz, responsable de Good Movies, que distribuyó recientemente la chilena “Coronación” y las francesas “Menage á trois” y “Tres romances en París”, que con dos copias congregó a 25.000 espectadores, es terminante: “Cualquier negocio de importación en la Argentina es deficitario, ya que hay que asumir los costos en dólares. Y frente a una divisa a cuatro pesos, estamos totalmente indefensos”.

Mecanismo sin salida

Para Katzowicz, los distribuidores independientes se convirtieron en artesanos enfrentados a un mecanismo sin salida. “En nuestro negocio, la Argentina hoy está a la altura de Bolivia. Podemos contar con la buena voluntad de los productores extranjeros, que nos dan sus films sin exigir anticipo, pero todo queda librado al azar.”

Luis Alberto Scalella, de Silver Films, apuesta en tanto a la esperanza de renegociar los contratos con las productoras norteamericanas de la mayoría de las diez películas que tiene para estrenar. “Los costos fijos son en dólares y al contado, lo que problematiza el negocio”, afirma.

La Valle, en tanto, teme que además se extinga la influencia que los distribuidores tenían sobre films de calidad. “Hasta ahora, cuando había alguna película difícil que sabíamos que el público argentino iba a querer ver, hacíamos lo imposible para conseguirla. En 1989, en la época de la híper, el dólar estaba igual de loco, pero la gente consumía y no había recesión. Hoy estamos en una disyuntiva de la que nadie sabe cómo salir.”

Sin embargo, hay quienes, sin dejar de reconocer los problemas que afronta el mercado, vislumbran algunas perspectivas diferentes. La distribuidora de origen mexicano Nu Vision acaba de iniciar sus actividades locales con dos films norteamericanos (“Juego de espías” y “Secretos ocultos”) y aspira a presentar otros 12 títulos de aquí a fin de año. “Nuestra apuesta es fuerte y a mediano plazo, porque éste es un mercado atractivo. El distribuidor independiente sufre mucho por los costos dolarizados y hay que cuidar los gastos hasta el mínimo detalle. Lo importante es que el país vuelva a estabilizarse”, sostiene Alejandro De Grazia, representante local.

Luis Vainikoff, que distribuye films a través de Artkino Pictures y a la vez es propietario del Cosmos, clásica sala de cine de arte, dice que con esta situación el mercado retrocede 15 o 20 años, pero a su juicio todo es resultado de una política errónea que llevó a pagar precios desmesurados para el mercado local por films que en todo el mundo tienen escasas posibilidades comerciales.

“Lo que debió haberse lanzado en 4 o 6 copias se hacía en 15, en vez de limitarse a una distribución limitada. Había que ser prudente y se hizo todo lo contrario”, sostiene. Vainikoff cree que, ante un nuevo cuadro de inestabilidad, el público volverá a refugiarse en la cultura y particularmente en el cine (aun el de arte), que a su juicio fue el sector del entretenimiento menos golpeado por la crisis.

“Nosotros seguiremos distribuyendo películas aun en espacios atípicos, como el Village, como lo demostró el estreno con dos copias de un film nuestro como «A la izquierda del padre». Esto va a seguir funcionando, pero con un criterio selectivo para la distribución y la exhibición”, dice.

Hay quienes, como Condito, se concentrarán de aquí en más en colocar sus películas en video o TV. Otros, más pesimistas, aseguran que la crisis se extenderá a las películas medianas o chicas que distribuyen las majors norteamericanas, lo que traería aparejado un masivo cierre de salas por falta de títulos para exhibir. Y están los que confían en una recuperación. Pero todos, en mayor o menor medida, coinciden en el diagnóstico: acostumbrada a conocer casi al día el cine de un mundo globalizado, también en esta industria la Argentina corre el riesgo de quedar cada vez más aislada.

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