La identidad quebrada y su ardua recuperación

Fernando López
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25 de marzo de 2004  

"Nietos (Identidad y memoria)" (Idem, Argentina/2003, documental en color y blanco y negro). Dirección: Benjamín Avila. Estructura e investigación periodística: Lorena Muñoz y Florencia Amato. Fotografía: Amanda Calvo y Mailín Milanes. Sonido: Sergio Falcón. Producción: Cecilia Diez. Producción ejecutiva: Daniel Cabezas. Edición: Benjamín Avila. Presentada por Sudamérica Cine y Abuelas de Plaza de Mayo. Duración: 75 minutos. Apta para todo público.

Nuestra opinión: buena

Una vez más, el cine vuelve a ocuparse de la Argentina de la dictadura. Pero en este caso no se trata de mirar atrás, sino de buscar en el presente algunas de las secuelas de aquellos años sombríos. Quizá la más ardua y lacerante: la situación de los niños secuestrados junto con sus padres o los nacidos en cautiverio, que crecieron junto a las familias que se apropiaron de ellos o que los tomaron en adopción sin saber de su origen.

El film, pues, intenta abordar desde distintos ángulos y a partir de la reconstrucción de casos personales el complejo y doloroso conflicto de identidad que padecen esos chicos, hoy jóvenes, a los que se ha despojado de su historia y de sus lazos familiares, así como el drama vivido por los parientes directos -abuelos, tíos, hermanos- que sabían de su existencia (o la presumían) y que durante años superaron obstáculos y extremaron esfuerzos con el propósito de establecer su paradero.

En este punto se pone especial atención al laborioso trabajo desarrollado desde su nacimiento por la agrupación Abuelas de Plaza de Mayo, muchas de cuyas fundadoras intervienen en el film y exponen sus propias experiencias.

Emoción y calor humano

"Nietos" no apunta a una revisión de los hechos desde una perspectiva histórica o política: el acento está puesto en el drama humano, y éste se ilustra a través de las historias de algunos de los casi ochenta chicos "desaparecidos" que el empeño de la entidad logró reunir con sus familias biológicas.

La película no procura innovaciones en lo formal: su materia sustancial está en testimonios directos que dan a las imágenes una fuerte carga emotiva y cuyo efecto conmovedor crece en la medida en que quien está frente a la cámara se muestra más expresivo o más transparente. El realizador Benjamín Avila ha sabido articularlos con cohesión y sensibilidad, sin apoyarse en recursos melodramáticos o en subrayados que en estos casos siempre resultan superfluos. Fragmentos de archivo se alternan con los relatos que cada uno de los "nietos" hace de sus propias experiencias, con las imágenes que dan cuenta de su vida tal como es hoy o de las recuperadas relaciones con sus familiares; a veces también se los confronta con imágenes "caseras" de su pasado.

El sentimiento y la palpitante humanidad que transmite el film se hacen particularmente intensos en más de una escena: las que ilustran sobre el abismo interior que los nietos deben sortear para recomponer su mundo afectivo, por ejemplo; las que tienen como protagonista a la chica que ha tendido todos los puentes para recobrar a su hermano y que confía en el tiempo como único bálsamo de las viejas heridas, o las que muestran a los dos hermanos que se han vuelto inseparables desde el demorado reencuentro. También es de fuerte impacto la breve secuencia con el antropólogo forense que reflexiona sobre los cuerpos escindidos de su identidad, entre las estanterías que guardan restos todavía anónimos.

"Nietos" no desconoce el pasado, pero se afirma en el presente para contribuir en su medida con la valiosa labor de las abuelas y para dar testimonio de su fe en la recuperación. Porque "hay que seguir nomás", como aconseja la canción del padre Carlos G. Saracini que cierra el film.

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