La misión de los Mbya

Dolores Graña
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14 de diciembre de 2006  

Mbya, tierra en rojo (Gran Bretaña-Argentina/2006). Dirección: Philip Cox & Valeria Mapelman. Editor: Ben Stark. Presentada por Matanza Cine, Native Voice Films y CBL. Duración: 68 minutos.

Nuestra opinión: Buena

Por segunda vez en pocas semanas, la lucha del pueblo guaraní por conseguir la propiedad de las tierras misioneras que habitan desde hace siglos es el sujeto de un documental que intenta transmitir la riqueza de su cultura, la miseria de sus circunstancias actuales y la justeza de su reclamo a las autoridades provinciales y nacionales.

Pero, a diferencia de Yaipota Ñande Igüi: queremos nuestra tierra , de Lorena Riposati -centrado en la reivindicación social y política de un grupo de indígenas de El Tabacal que reclaman al ingenio azucarero local la titularidad de las tierras en las que viven y que cultivan-, Mbya, tierra en rojo se concentra en el factor humano, acompañando durante un año de sus vidas a un grupo de habitantes de las comunidades misioneras de Kaaguy Poty (Flor de monte) e Yvy Pyta (Tierra colorada). La prolongada convivencia permitió a los realizadores mostrar con llamativa lucidez y no poco sentido del humor el difícil equilibrio que supone para los Mbya guaraní conservar la vitalidad de sus tradiciones y, a la vez, enfrentar su obligada adaptación a los cambios en un mundo cada vez más cercano, con múltiples tentaciones y atractivos.

Pasado y presente

Por allí pasan, por ejemplo, la historia de Kerechu, que explica a su hija embarazada que el secreto de la longevidad de su pareja de décadas con el sensible Sebastián es el diálogo, mientras el padre del hijo de esta última, Cirilo, confiesa a cámara el secreto de su infidelidad, o la historia de Marcelo, experto cazador y fanático de James Bond que acompaña a los caciques de la comunidad hasta La Plata para reclamar a la universidad nacional -titular de sus tierras- su pronta devolución y luego se pierde irremediablemente y con simpáticos resultados por la calle Florida.

La inagotable curiosidad, el amor por la tierra y la simpatía a toda prueba de éste último lo convierten en lo más parecido que tiene Mbya, tierra roja a un vocero de los deseos y esperanzas de su pueblo. Que, por supuesto, son muy similares a los del público, pero que, a la vez, se manifiestan en obstáculos únicos.

Paradojas que el documental acierta en explorar a través de las contradicciones e ironías inherentes a su experiencia con el "mundo de los blancos", desde el alcohol hasta los yerbatales y el cristianismo, como se observa en una lograda secuencia en la que la comunidad observa absorta la película La misión, de Roland Joffé,y, frente al encuentro del personaje de Jeremy Irons con sus antepasados (del que participaron en su momento y como actores, varios integrantes del poblado) uno de sus líderes explica a los demás, extasiados frente a la reconstrucción épica y hollywoodense de su historia: "¿Ven? Así éramos antes".

El enfoque humanista de los realizadores de Mbya, tierra en rojo y la mirada a veces risueña, a veces clínica, pero siempre cálida que los une a sus entrevistados terminan por redondear un retrato directo, sencillo y entretenido, que apela permanentemente a la empatía del espectador frente a la realidad de un pueblo reflejado en pantalla con refrescante vitalidad y una encomiable ausencia de idealización o academicismo.

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