Leonardo DiCaprio: tras los pasos de Hoover

El actor cuenta cómo interpretó al poderoso jefe del FBI durante casi 50 años en J. Edgar, el nuevo film de Clint Eastwood, estreno del jueves
Marcelo Stiletano
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22 de enero de 2012  

LOS ANGELES.– Impecable de la cabeza a los pies (saco gris, camisa celeste, pantalón oscuro, la cabellera rubia perfectamente peinada), Leonardo DiCaprio ingresa con indiferencia en el salón donde lo aguarda la prensa internacional en la soleada mañana de Beverly Hills.

Parece inmune a lo que ocurre alrededor, casi entrenado en eso de saber encerrarse en su mundo y pasar inadvertido por más que todas las miradas estén puestas en él y pendientes de sus movimientos. Tras unos segundos de cavilaciones con el ejército de publicistas y acompañantes que suelen participar de estas ceremonias ocurre la transformación. DiCaprio se sienta, regala una sonrisa generosa, saluda como toda gran estrella de Hollywood con seductora naturalidad y se dispone a una jugosa media hora de charla.

Acaba de interrumpir en Australia el rodaje de la remake de El gran Gatsby para ocuparse aquí por unos días de J. Edgar, tal vez el compromiso más exigente de su veloz y consagratoria carrera. A los 37 años, el rostro de DiCaprio conserva sus rasgos más juveniles, pero sus dichos son los de una persona afirmada, sólida, rigurosa y compenetrada con cada papel que acomete. Ante los medios internacionales convocados aquí por Warner (que estrenará J. Edgar en nuestro país el próximo jueves), DiCaprio se muestra más como el comprometido productor de Una verdad incómoda que como el galán que sigue dándoles letra a los cotilleos e indiscreciones de la prensa más frívola.

La seriedad de DiCaprio va de la mano con el personaje que interpreta en la nueva película de Clint Eastwood, escrita por Dustin Lance Black (ganador del Oscar por Milk). Hoover fue un hombre de ribetes extraordinarios: DiCaprio interpreta al director del FBI durante más de medio siglo, con una vida pública que atravesó tres guerras y el mandato de ocho presidentes estadounidenses, de Roosevelt a Nixon. Pasaron por sus manos la muerte de John Dillinger, el secuestro del pequeño hijo de Charles Lindbergh, la investigación del asesinato de Kennedy, los conflictos raciales.

Hoover sospechó de todo y de todos, pero con la misma obsesiva actitud protegió al extremo su vida privada, apoyada en tres vínculos decisivos: con su madre (Judi Dench), con su eterna secretaria Helen Grady (Naomi Watts) y, sobre todo, con su asistente Clyde Tolson (Armie Hammer), que estuvo a su lado desde que se conocieron hasta su muerte, en 1972. Un vínculo que a partir de un único interrogante (¿Hoover era o no homosexual?) alimenta hasta hoy todo tipo de conjeturas, suspicacias y especulaciones.

"En el fondo –dice DiCaprio, resuelto a no agotar cada respuesta hasta que sea preciso, con toda clase de argumentos, explicaciones y detalles–, la vida de Hoover es un modelo de la transición vivida por la sociedad de mi país a lo largo del mandato de ocho presidentes. Convirtió al FBI en una de las fuerzas de investigación más importantes y eficaces que el mundo haya conocido e hizo mucho para que los Estados Unidos dejara de ser aún el reino del Salvaje Oeste para convertirse en una nación unificada con un sistema de leyes unificadas, nuevos procedimientos para la identificación de personas, cambios en la investigación forense. Quiso también que cada agente del FBI fuese un caballero, que vistiera bien, que no fumara, que no tuviera comportamientos indignos. Pero también fue un hombre obsesivo y megalómano, que veía amenazas en todas partes, sobre todo por el lado del miedo rojo a los comunistas.

–¿Cómo encaró su papel?

–Cualquier persona con semejante poder quedará obsesionado por la necesidad de conservarlo y retenerlo el mayor tiempo posible. Empecé investigando eso y tal vez esa obsesión le haya venido de su madre y de su educación represiva como niño prodigio. En cuanto a la preparación en sí, Dustin me acercó unos 20 libros con toda clase de puntos de vista sobre Hoover. Viajé al Este para reconstruir sus pasos. Estuve en su casa y en la habitación donde murió, me senté en el escritorio que ocupaba en el FBI, conocí al último sobreviviente de sus colaboradores. Gracias a él pude entender lo que sentía y pensaba, cómo se movía, cómo te tomaba la mano, qué comía y sobre todo su increíble relación con Clyde Tolson. Todo eso me ayudó muchísimo, además, por supuesto, de YouTube.

–¿Y del rodaje del film propiamente dicho, qué podría decir? Es la primera vez que usted trabaja con Eastwood.

–Clint tiene un ritmo de trabajo increíblemente rápido. Y es algo deliberado en él. Quiere que trabajes desde el instinto, con la mayor naturalidad, evitando cualquier artificio o sobreactuación. No le gusta perder tiempo con los ensayos. Filma rápido, con poca gente en el set y confía en el instinto del actor. Es uno de los directores más intuitivos con los que trabajé y da gusto verlo confiar tanto en lo que el actor entrega de inmediato, sin vueltas.

–Debe haber sido muy exigente someterse a tantas horas de maquillaje para varias secuencias del film.

–No tenga dudas. Fue así. Pero más allá de las capas de maquillaje, lo más fuerte fue la carga de tener que incorporar todo el peso de la edad y el temperamento del Hoover más anciano frente a otros personajes y actores que tienen mi edad verdadera. Tenía que configurar mi mente de un modo muy especial para mostrar a Hoover como un dinosaurio. Fue un esfuerzo enorme.

–¿Y cómo se encaró la relación entre Hoover y Tolson? Muchos dicen que deliberadamente quedó oculta una verdadera historia de amor entre ambos.

–No hablamos mucho acerca de ese tema o de ese enfoque. De hecho, esa actitud tiene que ver con la manera de trabajar de Clint, que trata a cada uno de sus actores como individuos que hacen en casa la tarea y llegan al set preparados para cumplir con su labor, sin nada preconcebido o forzado. Yo me propuse trabajar aquéllo que me atraía más del personaje, y en este caso todo tiene que ver, según creo, con la represión de las emociones. Estas personas (Hoover, Tolson, Helen Gandy) jamás se casaron, no se les conoce vida personal. Toda su existencia se consagró al servicio público, a trabajar por su país. Así lo sentían. Vivieron en una época cuya mentalidad seguramente nos costará entender. Eran devotos absolutos de su trabajo. Hoover repetía exactamente cada día la misma rutina, porque se sentía seguro de esa manera. Pero al mismo tiempo era un hombre seguramente maniático y paranoico que temía que trascendiera la más mínima sospecha sobre su vida personal, sobre todo alrededor del tema de la homosexualidad. Esa obsesión por contener las emociones caracterizó su vida y marcó también su manera de trabajar.

–Después de meterse tan de lleno en la vida de Hoover, ¿llegó a alguna conclusión personal?

–Creo que al fin y al cabo nadie conoce realmente la verdad. Aún si juntamos aquí a todos los que investigaron su vida, a los más serios, jamás podría llegarse a una conclusión definitiva. Si usted habla con la gente del FBI, ellos dirán que Hoover y Tolson fueron profesionales estrictos que cumplieron su deber. Si habla con otros, le dirán que no hay mejor ejemplo que el de ellos para hablar de una auténtica pareja gay. Trabajaron juntos, almorzaron y cenaron juntos cada día de sus vidas, vivieron bajo el mismo techo, no dejaron casi indicios de relaciones con mujeres, pasaron cada fin de semana apostando en las carreras de caballos, compartieron vacaciones. Sin duda había sentimientos muy fuertes entre ellos y la película muestra la tensión de lo que significa compartir todo entre dos personas, trabajo y ocio, durante las 24 horas. Pero lo que pasó detrás de las cortinas y dentro de una habitación es una cuestión de ellos. No me corresponde decir nada al respecto y creo que a la película tampoco.

AL MARGEN DE LA CAMPAÑA POR EL OSCAR

LOS ANGELES.– Otra vez el nombre de Leonardo DiCaprio se asocia a una posible nominación para el Oscar. Fue candidato tres veces, dos como actor protagónico (Diamante de sangre y El aviador) y uno como actor de reparto (¿A quién ama Gilbert Grape?), pero hasta ahora nunca obtuvo la estatuilla. Pasado mañana se anunciarán las nominaciones y DiCaprio suena fuerte por este film, pero el actor siente que está al margen del tema. "Al final de cada día –dice– lo que importa es estar satisfecho por tu trabajo. El resto queda en otras manos, pertenece a otras personas. El tema está tan fuera de mi alcance que ni siquiera se me ocurre pensar sobre eso. Por supuesto hablo y hablaré a favor de la película, pero ese es mi límite. Jamás diré algo relacionado con un posible premio."

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