"Los chicos pueden reinventar el mundo"

El cineasta habla de su film"Tideland"
El cineasta habla de su film"Tideland"
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26 de septiembre de 2005  

SAN SEBASTIAN.- Terry Gilliam saltó a la fama hace un cuarto de siglo como integrante del célebre grupo de la TV británica conocido como Monty Python. Con el paso de los años, dirigió un puñado de películas, algunas de ellas memorables (como "Brasil" y "12 monos", por ejemplo) y otras no tanto. Ahora está en San Sebastián presentando en la selección oficial del festival el último de sus proyectos. Compitió en Venecia con "Los hermanos Grimm", su versión de la vida de dos de los mejores exponentes de la literatura clásica infantil del siglo XIX, inspirada principalmente en la tradición oral. La respuesta del público y la crítica no fue demasiado halagadora.

Pero Gilliam no se inquietó demasiado. Su preocupación por el universo fantástico de los niños no comenzó ni terminará con esa realidad fantástica, o viceversa. "Hay otros sueños más allá de los que vende la TV, que son más interesantes", dijo el cineasta a LA NACION tras la presentación de "Tideland", que adapta una novela de Mitch Cullin. Este relato gótico tiene como eje a una pequeña de diez años que intenta sobrevivir a la autodestrucción de sus padres drogadictos en un viaje desde Los Angeles a Texas. Como la protagonista de "Alicia en el país de las maravillas", de Lewis Carroll, Jeliza-Alice hace lo que puede entre muñecas mutiladas que son sus "amigas imaginarias" y sueña -igual que podría hacerlo don Quijote- con liquidar a un tiburón gigante, que no es otra cosa que un tren plateado que surca el campo comiendo monedas.

Del podio al abucheo

Como ya había ocurrido con "Los hermanos Grimm", este cuento protagonizado por los canadienses Jodelle Ferdman y Brendan Fletcher, Jennifer Tilly y Jeff Bridges recibió durísimas críticas del público y de buena parte del periodismo acreditado.

"En la actualidad todo lo determinan las cifras y las estadísticas, como ahora ocurre en Nueva Orleáns, donde lo importante es hacer el cálculo de cuál es el costo económico de lo ocurrido", dice. En la conferencia de prensa, el cineasta al que San Sebastián había dedicado una retrospectiva en 2003 trató de "estúpidos" a los que prefieren las historias predigeridas y a todo ritmo, en lugar de esas otras, como la que él propone, que requieren "hacer funcionar la cabeza y que se toman el tiempo necesario para expresar una idea".

"Los chicos son capaces de reinventar el mundo; en ellos hay que poner las esperanzas", dice y explica que su película está contada desde los ojos de una niña y que cualquier interpretación maliciosa corre por cuenta de los adultos.

La película de Gilliam, que saca partido de su extraordinaria capacidad para convertir fantasía en realidad, deviene en una apuesta moral, una audaz demolición de cultura pop, y en especial de la extraordinaria capacidad de los adultos de destruir lo que deberían amar. Es una película oscura, con personajes que se inyectan droga y mueren en primer plano, pero con una mirada desprovista de malicia: "Soy tan optimista como realista. Si el final lo es o no, eso depende del público", asegura.

Cuando el niño era niña

-Primero fue Münchausen, después los hermanos Grimm, y en ésta, uno de sus personajes sueña con ir a Jutlandia, en Dinamarca, como una suerte de tierra prometida?

-Me fascina la mitología vikinga, la de Islandia y en general la de los países nórdicos, historias que se anticiparon a las de los hermanos Grimm. Son historias primarias, oscuras, tan poderosas como fundamentales. Islandia forma parte del libro de Cullin, que se refleja en la claustrofobia de la chica. Es culpa del autor, no mía.

-¿Desde qué lugar cuenta la historia de Cullin?

-Está contada por una niña, con toda la inocencia que eso implica. Creo que los chicos podrían verla sin asustarse en lo más mínimo. Sé que en mi película algunos adultos ven cosas terribles. Que quede en claro: es el sueño de una niña al borde de la pubertad, con todo lo que eso implica. Está desesperada en la búsqueda del amor, de lo nuevo, pero es una niña que cree que se puede quedar embarazada con un beso, que los hombres son más inocentes de lo que son en verdad. Pensar maliciosamente está fuera de lugar: la fantasía de los adultos es la que tergiversa esa pureza. Mi película desafía al público adulto, en especial a los hombres. Las mujeres interpretaron la película sin prejuicios. Es una buena oportunidad para que los hombres enriquezcan su parte femenina. Yo lo hice. Incluso jugué con muñecas como una niña, un gusto que no pude darme cuando era niño.

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