Los juegos del hambre y el cine megamix

Javier Porta Fouz
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23 de noviembre de 2013  

Moulin Rouge! pegaba un fragmento de canción con otro de otra, los mezclaba, los cortaba, los picaba y los licuaba. Los reconstituía y los presentaba como otra canción, unificada, que funcionaba por sí misma.

Algo así pasaba con la primera parte de Los juegos del hambre, en este caso con fragmentos, partes, ideas de películas y otros materiales. Tal vez porque era la primera se notaba demasiado: esto viene de acá, esto otro de allá. Como primera película de una serie (o saga) necesitaba más pausas para explicar y hacía más visibles las costuras de los retazos.

Para En llamas , la segunda parte, se cambió de director (adiós Gary Ross, hola Francis Lawrence) y la idea de mezclar componentes se mantiene, pero a mayor velocidad, con mayor ritmo de mezcla y con mejor integración. Los juegos del hambre -una propuesta megamix, digamos- le sigue debiendo a 1984 , a Battle Royale de Kinji Fukasaku y a Crepúsculo y su trío adolescente, entre otras cosas (también a la historia, en especial al ascenso y caída del Imperio Romano). Y ahora, cada vez más, a la saga de Star Wars , con un final que recuerda mucho al de El imperio contraataca . No necesariamente por sus resoluciones argumentales (no contemos detalles) pero sí hay contactos con esa película del medio de la primera trilogía de Star Wars , aunque el film protagonizado por Jennifer Lawrence cuenta con menos melodrama familiar que la creación de George Lucas. Nadie dice "yo soy tu padre" en En llamas , pero esta película hereda de muchos lugares sin esa necesidad filial.

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