Los peligros del éxito

Fernando López
(0)
29 de enero de 2002  

La secuencia es conocida. Un film europeo, preferentemente una comedia, encuentra favorable respuesta en el público norteamericano a pesar de la incomodidad que supone leer los odiosos cartelitos del subtitulado. El reflejo es casi instantáneo en Hollywood: un tropel de productores de imaginación más bien magra se lanza a la cacería de los derechos. Calculan que bastará con traducir al inglés la festejada historia, beneficiarla con una inversión más generosa, añadirle algunos toques locales, limar convenientemente alguna rispidez o alguna osadía y poner al frente un par de estrellas para que el éxito pueda darse por descontado. El procedimiento, que no es nuevo, ha dado muy esporádicos triunfos en lo artístico, un considerable número de éxitos en lo comercial y muchos más fracasos en uno y otro terreno. Pero perdura. Y no son muchos los autores europeos que se resisten a la tentación y a los dólares.

Algunos, quizá para no ceder del todo la paternidad, se atreven a cruzar el océano, participar de la adaptación y, ocasionalmente, hacerse también cargo de la dirección: el caso más ilustrativo debe de ser el de Francis Veber ( "El juguete", "El placard"), que además de intervenir en varias reescrituras de films suyos, dirigió la versión norteamericana de "Los fugitivos", cambiando a Depardieu por Nick Nolte y a Pierre Richard por Martin Short, y fue productor ejecutivo de "Un papá de sobra", malograda versión de "Los compadres". Otros venden la idea y se desentienden del proyecto, como hizo el brasileño Bruno Barreto con "Doña Flor y sus dos maridos", convertida en la insulsa "Kiss me Goodbye". Y hay otros que resisten, como ha venido haciendo Almodóvar con la propuesta de recrear "Mujeres al borde de un ataque de nervios" en inglés.

* * *

Dos films conocidos la última semana entre nosotros traen de regreso el remanido tema de las remakes. Uno, "Vanilla Sky", revisión de "Abre los ojos", del chileno-español Alejandro Amenábar, porque ilustra acerca del proceso pasteurizador que suele aplicarse en Hollywood a los films europeos, así como de otra práctica tanto o más malsana: la de hacer explícito lo que el original sugería con sutileza (que lo diga Claude Miller, cuya recordada "Ciudadano bajo vigilancia" perdió todo su clima de encierro sofocante en los pintoresquismos tropicales de "Bajo sospecha", su reciente réplica).

El otro, "Amélie" porque al haberse puesto ya al tope entre los films franceses más vistos en el mundo en toda la historia (por encima de "La jaula de las locas", otra comedia devaluada en la remake), debe de estar ahora en la mira de productores a la caza del éxito garantizado. Tranquiliza saber que Jean Pierre Jeunet, el afortunado padre de la criatura (al que la TV norteamericana ya le había ofrecido el oro y el moro para usar al personaje como excusa para una serie), acaba de jurar: "No habrá remake mientras yo viva". Y tranquiliza también que haya desechado el otro peligro que acecha detrás de cualquier éxito: la secuela. No quiere que haya oportunidad de ver a Amélie y Nino viviendo juntos, discutiendo por tonterías y aplastados por la rutina. Tiene razón: ¿por qué destruirles esa ilusoria e inmortal felicidad que el cine decreta para siempre con la imagen congelada del final?

Ojalá no cambie de idea.

MÁS LEÍDAS DE Espectaculos

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.