Lumiton, o cuando el cine era industria

"Los tres berretines" marcó el inicio
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18 de mayo de 2003  

El comienzo del cine hablado en la Argentina estuvo íntimamente ligado a la construcción de los grandes estudios en los que, casi sin excepción, se rodaron aquellas primeras películas que, con el transcurso del tiempo, se convirtieron en emblemáticos esfuerzos de esos pioneros que apostaron pasión y dinero en los albores de nuestro séptimo arte.

En 1931, de acuerdo con la escritura respectiva, un grupo de audaces visionarios integrado por César José Guerrico, Enrique T. Susini, Luis Romero Carranza y Miguel Mugica comenzó a construir los estudios Lumiton -los primeros levantados en nuestro país para esos fines- en dos manzanas adquiridas en la localidad de Munro. Allí nacieron esas galerías fílmicas dentro de una versión en escala local de lo que ellos habían visto en los "sound stages" de Hollywood. Entre esas paredes se rodó "Los tres berretines", estrenada en el cine Astor el 19 de mayo de 1933 y convertida hoy en un icono de la pantalla nacional.

A setenta años de aquella hazaña, queda hoy en el lugar en el que operaba Lumiton una casona y funciona una galería comercial. Entre los recuerdos y la nostalgia figuran, también, algunas anécdotas y muchas líneas de tinta, tanto en libros como en diarios y revistas, de lo que en su época fueron los estudios Lumiton, dotados de la más moderna tecnología de su tiempo, aunque Argentina Sono Film se les adelantó algunos días al estrenar su película "¡Tango!", la primera producción hablada y cantada de nuestra historia cinematográfica, rodada en lugares que nada tenían que ver con la amplitud de los sets que se levantaban en Munro.

Tanto Guerrico como Susini, Romero Carranza y Mugica no eran unos improvisados en aportar innovaciones técnicas a toda forma de cultura popular, ya que el 27 de agosto de 1920 pasaron a la historia cuando transmitieron desde el teatro Coliseo la ópera "Parsifal", de Wagner, tras instalar una antena en la terraza de un edificio y dar el puntapié inicial a la radiofonía argentina. Expertos en electricidad y sonido, los cuatro visionarios -"los locos de la azotea", como comenzaron a llamarlos luego de su exitoso suceso con el primer intento radial- soñaban con la idea de levantar un estudio fílmico. Para poder concretar esa idea se unió a ellos el ingeniero Oyarzábal Quintana y se sumaron al quijotesco proyecto John Alton, que viajó desde Europa con un enorme conocimiento de fotografía, el húngaro Laszlo Kisha, experto en montaje, el técnico argentino Juan Carlos Lemos y, como colaborador, allí estaba también Francisco Mugica, por entonces estudiante de Medicina y luego prolífico director de las películas de Lumiton.

Con un capital de 300.000 pesos, los responsables de los estudios Lumiton estaban muy ansiosos por comenzar la tarea fílmica y eligieron como primer paso un gran éxito teatral de ese momento, "Los tres berretines", y a Luis Sandrini, un joven actor que se había consagrado en el teatro con esa pieza de Malffati y De las Llanderas, a quien contrataron para el personaje central del film. "Los tres berretines" costó 18.000 pesos y rindió más de un millón a su productora, y lo que le dio fuerza popular fue la enorme atracción de Sandrini, cuyo trabajo fue retribuido con 500 pesos y la peluca que usó en el film.

"Los tres berretines" es una pintura de barrio con personajes entre cálidos y melodramáticos que, desde el título, ya atraía a un público dispuesto a verse reflejado en la pantalla de plata. Esos "tres berretines" eran, claro, el tango, el fútbol y el cine. Luego de esta notable repercusión entre los espectadores y los críticos los responsables de Lumiton creyeron que ya habían aprobado un duro examen. El sello continuó produciendo casi un centenar de películas en las décadas del treinta y del cuarenta, hasta que, a comienzos del cincuenta, perdió su poderío en el mercado y, tras la venta de los estudios, que pasaron por varias manos, quedó como un recuerdo nostálgico. El espacio en el que se hallaban las galerías fue declarado lugar histórico en 1993 por la municipalidad de Vicente López.

Ahora, y por el esfuerzo de la directora de Turismo de Vicente López, Silvia Vázquez, y de la estudiosa Cristina Mirabelli, ese lugar entrañable se convertirá en museo y en lugar de promoción turística cuando mañana quede inaugurado con el audiovisual "Vicente López, un lugar de película". Lumiton, pues, será mucho más que un recuerdo entrañable para los memoriosos. Será, sin duda, el reconocimiento a un espacio en el que la cinematografía argentina escribió sus primeras palabras en el cuaderno de los afectos verdaderos.

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