Obra que carece de conflicto dramático

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13 de diciembre de 2001  

"Cine quirúrgico", idea de Edgardo Rudnitzky y texto de Alejandro Tantanian. Intérpretes: Javier Lorenzo, Rubén Szuchmacher, John Bolster, Norberto Costantino, León Dogodny, Héctor Drachtman, Pablo Ferrero y Daniel Lunazzi. Vestuario: Oria Puppo. Iluminación: Jorge Pastorino. Arte y escenografía Jorge Macchi. Dirección: Edgardo Rudnitzky. Duración: 58 minutos. En El Portón de Sánchez, Bustamante 1034, sábados, a las 21, y domingos, a las 21.30.

Nuestra opinión: regular.

Sin lugar a dudas, Alejandro Posadas (1871-1902) fue un adelantado a su época. Cirujano de profesión, no vaciló en recurrir al aventurado invento de los hermanos Lumiére, el cinematógrafo, para utilizarlo en la filmación de una operación que realizó en el Hospital de Clínicas, al aire libre. Esta es la más pintoresca de sus iniciativas, hubo otras -científicas- que le permitieron descubrir enfermedades y perfeccionar tratamientos. Fue pionero en aplicar el aparato de radiografías, iniciador de la cirugía pediátrica y de varios procedimientos quirúrgicos. Una tuberculosis consumió su vida cuando sólo contaba 31 años de edad.

Edgardo Rudnitzky trata de rescatar del olvido a la figura de este poco reconocido científico argentino. Por eso, en "Cine quirúrgico" -su debut como director-, trata de recrear la vida de Posadas como si fuera un documental. Y concibe esta puesta como un registro fílmico, con atractivos diseños plásticos. El director va delineando los diferentes espacios, ilustrados con una dinamo lámpara; proyección de diapositivas: fotos antiguas que reflejan cuerpos de niños con deformidades genitales (material tomado por el doctor Posadas), una pantalla para radiografía, una camilla. Toda una atmósfera, acentuada por la iluminación, donde se combinan el misterio y la incertidumbre sobre lo que va a pasar.

El punto débil

Y aquí está el punto débil de este texto porque la acción queda relegada por un discurso narrativo, y sin un desarrollo dramático, que poca luz arroja sobre la activa vida del protagonista. La ausencia de un conflicto impide encontrar la inflexión para que adquiera potencia el drama de este médico que solitariamente renovó su profesión. Y por esta falta de sostén dramático, el trabajo de Javier Lorenzo no alcanza una mayor proyección.

Un relator-coprotagonista, Florencio, actúa como un solemne anfitrión que va guiando al espectador a través de algunos detalles de la historia. Con suma verborragia y palabras grandilocuentes, propias de la época de los grandes discursos políticos de las primera décadas del siglo XX, Rubén Szchumacher logra una interesante creación al componer a un médico, muy histriónico, que se enfrenta, por momentos, a la admiración por su colega, arrastrando sin embargo, siniestros resentimientos. No queda claro si él es un representante de la sociedad médica de su época, receloso y conspicuo, o simplemente un ser envidioso de la genialidad de su colega.

Como éste son muchos los interrogantes que quedan sobre los actos de Posadas, pero lo importante es que el espectador tiene la sensación de que es un texto que podría haber sido muy rico por la personalidad versátil y pionera del protagonista, pero que se ha escurrido entre los dedos, dejando las manos y la emoción vacías.

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