Olivera, en busca de recuperar el tiempo perdido

Quiere dirigir una película por año
Quiere dirigir una película por año
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2 de mayo de 2001  

"Ahora quiero dirigir una película por año. Acabo de cumplir 70, y no puedo desaprovechar este momento de mi vida. Hasta hace poco me había olvidado de la dirección. Pero ahora no hago más que pensar en proyectos." Héctor Olivera busca ganarle la carrera al almanaque y observa el futuro como una posibilidad de recuperar el tiempo perdido. Hace seis años que no filmaba (su última producción fue "Una sombra ya pronto serás", estrenada en 1994) y ahora, que está en las vísperas del estreno de "Antigua vida mía" -protagonizada por Cecilia Roth, Ana Belén, Juan Leyrado y Jorge Marrale-, se entusiasma al hablar de recuperar su continuidad como director. Y, desde ya, de revisar interiormente las motivaciones que le hicieron reinterpretar el libro de la chilena Marcela Serrano y de volcarse (por primera vez en su carrera) al melodrama, que se traducen en la película que se verá en los cines a partir de este jueves.

-Mi carrera se desarrolló entre varios períodos de gran censura. Fui abordando distintos géneros, como comedias, musicales y realismo mágico (en "Los viernes de la eternidad"). Y cuando había un resquicio, testimoniales. Pero nunca se me había ocurrido hacer un melodrama. Y no por falta de oportunidad: (Fernando) Ayala (codirector, coproductor y su socio de la productora Aries, fallecido en 1997) más de una vez quería entusiasmarme con algún proyecto.

-¿Le parecía kitsch?

-Claro. El cine argentino de los años 60 debía ser cerebral, contener los sentimientos y no caer en lo demostrativo. Y, curiosamente, fue dirigiendo televisión ("Nueve lunas") cuando comencé a valorizar el género. Ahí me di cuenta de que había sido injusto con Fernando, porque es un género muy válido y respetable. Así decidí rodar "Antigua..." con la posición de que no iba a eludir un melodrama. Se me podrá acusar de que por momentos es lacrimógeno. ¡Pero es que somos así! Yo sentí que había que volcar la película hacia los sentimientos.

-¿Siente alguna culpa por volcarse al melodrama?

-No. Soy absolutamente responsable de mis actos. Reconozco haber hecho bodrios en mi vida como director. Como las películas de encargo de Roger Corman, que eran imprescindibles para mantener abiertos los estudios. También incursioné en géneros totalmente ajenos a mí, como "Buenos Aires Rock", como respuesta a una exigencia de los coproductores. Nunca filmé con seudónimo...Y ahora asumí que quería ser sentimental.

-¿Cómo cree que puede interpretarlo el público?

-Si no creo que la película pueda tener éxito, no la hago. No soy tan suicida para jugar el dinero de los productores españoles. Tengo una buena impresión de aquellos que vieron las proyecciones privadas. La mayor parte de ese público salió conmovido. Quiere decir que les llegó.

-Estuvo seis años sin filmar, ¿qué lo impulsó a volver a dirigir?

-Leopoldo Torre Nilsson decía que hay que tener cuidado con ser director y productor a la vez, porque uno se devora al otro. La responsabilidad de Aries en momentos muy críticos, la posibilidad de hacer televisión y la construcción de nuevos estudios me distrajo tres o cuatro años. "Antigua..." debía filmarse el año último, pero el libro no estaba maduro, y Cecilia (Roth) estaba comprometida con Almodóvar para presentar "Todo sobre mi madre" en los Estados Unidos y Europa. Se fue postergando hasta que todos pudiéramos hacerlo.

-¿Pensó que no volvería a dirigir más?

-Después de "Una sombra ya pronto serás" quedé muy golpeado. Era una road movie que no llevaba a ninguna parte, con personajes que giraban en círculos, con un planteo superintelectual. Y no funcionó. No anduvo de público, tuvo una crítica regular, fue al festival de Venecia y no pasó nada, fue seleccionada para el Oscar y no pasó nada. No tenía ganas de volver a dirigir enseguida. Después me enganché con "Nueve lunas" y más tarde, con "De poeta y de loco". Al principio no entendía cómo podía hacer 40 minutos de programa en tres días de grabación, cuando en cine eso demandaba cuatro semanas. Pensé que no estaba preparado para eso... pero funcionó. Primero Ayala, luego yo, más tarde Alberto Lecchi y Fernando Bassi nos adaptamos y salió muy bien. Y hay que agregarle que construí un estudio de 3500 metros cuadrados en Palermo Viejo, lo que revela nuestra pasión por reinvertir en el cine, y que produje las dos películas de mi hijo Javier, "El visitante" y "El camino".

-Hasta que apareció el libro de Marcela Serrano. Y la posibilidad de hacer una película con mujeres como protagonistas...

-Fue un desafío. En "Nueve lunas" hubo muchos capítulos que me movieron especialmente porque tenían que ver con el universo femenino. Además, mi proceso familiar también ayudó. Conmigo vivían tres hijos varones. Me casé y pasé a tener tres hijas mujeres. Simultáneamente, mi mujer me decía que mientras yo siguiera con cierta mentalidad cartesiana iba a ser difícil que pudiera hacer un cine de ese tipo. Alguien me recomendó a Marcela Serrano. En "Antigua vida mía" encontré tópicos femeninos muy atractivos: la amistad, la intimidad, el tipo de conflictos. Y había otros elementos dramáticos importantes: la maternidad, la mujer golpeada, la mujer profesional que se olvida de su familia por su trabajo. Había material para trabajar con un criterio de dirección distinta.

-En estos seis años no se alejó del cine, pero había perdido el hábito de dirigir y producir al mismo tiempo.

-Lo que ocurre es que teníamos la empresa funcionando: éramos cuatro socios y había otra actividad. Alguna gente nos miraba por encima del hombro por algo que valorizo enormemente, que era hacer dos películas de Porcel y Olmedo por año. Como la serie de "Argentinísima", o las de Sandrini. Ojalá Aries tuviera en este momento una línea de producción continua y comercialmente estable, para poder tirarnos lances. Como lo fueron ciertas películas de Ayala, mías o de Aristarain. Cuando estrenamos "Las noche de los lápices", si la bomba que pusieron en la puerta de las oficinas -que no explotó porque ellos no quisieron que explotara- la hubieran puesto en un cine a las tres de la tarde, ningún exhibidor la hubiera querido estrenar. Pero Aries podía hacer esas cosas, y mis socios me apoyaban, porque llevábamos 6.200.000 espectadores por año. Eso era industria. Lamentablemente, hoy ese star system se perdió.

-También se perdió público.

-Debería haber muchos directores que filmaran pensando en el público. Lo más importante de los últimos tiempos es "Nueve reinas", una obra inteligente y un excelente entretenimiento. Que hayan ido a verla 1.350.000 personas me alienta, porque sé que existe un público ávido. Eso me da la sensación de la existencia de una "clientela" (es una palabra que usaba Sandrini). También por eso quiero dirigir una película por año: me doy cuenta de que no tengo que desaprovechar más el tiempo.

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