Preguntas ante el espejo

El actor reflexiona sobre los dilemas morales que plantea su nueva película, tal vez la más exigente de su carrera en términos dramáticos
Marcelo Stiletano
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28 de noviembre de 2013  

Hugh Jackman nos acostumbró desde siempre a disfrutar de su lado más festivo, alegre, dinámico y glamoroso. Que haya llegado en dos décadas de exitosa carrera a lo más alto en múltiples desafíos simultáneos (candidaturas al Tony, al Emmy y al Oscar tuvieron en algún momento su nombre) explica un éxito sostenido en gran medida en una afortunada mezcla de atributos que el actor australiano supo explotar al máximo: apostura, destreza, vitalidad, profesionalismo.

A principios de septiembre, frente a la prensa internacional congregada en Toronto alrededor del gran lanzamiento internacional de su nueva película, Jackman volvió a repartir sonrisas, pero acompañadas esta vez con palabras más reflexivas e interrogantes cargados de dilemas morales.

Jackman admite que el personaje que le tocó interpretar en La sospecha ( Prisoners ), uno de los estrenos de hoy en la Argentina, es tal vez el de mayor carga dramática de toda su carrera. "No podemos contentarnos solamente con ver comedias", dice el actor australiano.

De saco y camisa en tonos oscuros, luciendo su elegancia natural en uno de los hoteles más importantes de Toronto, Jackman explicó en detalle a un grupo de medios internacionales (entre ellos LA NACION) por qué se comprometió con un papel tan atípico dentro de su carrera, el de un carpintero cuyo ímpetu (en cuestiones de temperamento y de convicciones religiosas) se expone al límite después de que su hija (junto con la de un matrimonio amigo) desaparece de manera abrupta en pleno festejo del Día de Acción de Gracias.

"Me atrajo el personaje, me atrajo la historia -explica Jackman, con su musical y a veces casi ininteligible acento australiano-. Si me pongo en el lugar del espectador, reconozco que la cosa a veces se pone difícil de ver. No es algo grato, tranquilo, suave que te pongan delante de las narices un tema como el secuestro de un hijo. Pero siempre hay una razón de peso para ver esta clase de películas."

-¿Cuál sería la razón?

-Detrás de la búsqueda de escapismo o de relax, que en este caso tiene que ver con el hecho mismo de ir al cine, desde hace miles de años el género humano vive acompañado por miedos colectivos e individuales a los que quedamos expuestos de un modo inexorable. Son miedos que nos golpean, que nos ponen en juego, nos toque o no ser padres. Y en situaciones como las que enfrenta mi personaje, la protección de los hijos se transforma instintivamente en el único horizonte, en la única explicación de nuestros movimientos. Toda la vida se reduce a proteger lo más importante que uno tiene en la vida. Hacer una película así, además de verla, por supuesto, creo que tiene un efecto catártico muy poderoso.

-Hay momentos que se hacen difíciles de ver, sobre todo cuando su personaje parece preparado para lo peor.

-La película no es fácil ni cómoda y muchas veces me pregunté por qué hacemos cosas así si podríamos contentarnos con ver comedias. La verdad es que, como humanos, necesitamos acercarnos a nuestros miedos y, sobre todo, permitirnos discutirlos.

-De lo que usted señala se desprenden los complejos y densos temas que la película aborda. Si usted tuviera que definirla con pocas palabras, ¿cuáles elegiría?

-La ambigüedad moral de algunos de nuestros comportamientos en situaciones límite, que ponen en juego todas nuestras fuerzas. Veo esta película como una gran radiografía de la violencia y sus efectos más profundos en las personas, en la sociedad, en las parejas, en instituciones como la policía. Y también veo que, a partir de las consecuencias que esa violencia deja en las personas, nunca surge un claro ganador.

-Parece difícil encarar una película como ésta sin armonía y equilibrio en el set de filmación. ¿Puede decirse que hubo química entre los actores durante el rodaje?

-Sí, por supuesto, pero con cada persona la química es distinta. No es lo mismo estar con Terrence Howard, alguien muy excéntrico y divertido, pero capaz también de llorar en una escena decisiva, como hacerlo con Paul Dano, al que tenía que enfrentar en un momento muy fuerte sabiendo que no tenía la posibilidad de una segunda toma si me animaba, como ocurrió, a jugar al límite con la conducta de mi personaje. La química está en el aire, pero hay que salir a buscarla. Es por sobre todas las cosas una cuestión de confianza. Parece fácil, pero no lo es.

-Con tantos temas duros y complejos sobre la mesa, ¿hubo tiempo para relajarse?

-Por supuesto, aunque siempre hay personas más divertidas que yo en estos casos. Lo más complicado fue la falta de sueño, porque la historia que contamos en la película se desarrolla a lo largo de ocho o nueve días en los que nadie duerme. ¡Y eso fue lo que pasó en la realidad!

-Jake Gyllenhaal dijo en la mesa de al lado que si hay alguien que merece una nominación al Oscar por esta película es usted.

-Ésas son cosas de mi publicista, yo no tengo nada que ver... Hablando en serio. La sospecha no es una película pequeña, sino un proyecto importante con un gran estudio de Hollywood detrás, un thriller del que se habla de cosas que no siempre se ven. Eso es lo más importante. ¿Las nominaciones? Mi lema es: "No esperes nada y recibirás todo".

-¿Y de aquí en adelante?

-Por primera vez en 20 años de carrera me tocó hacer cuatro películas de un tirón, una inmediatamente después de la otra. Por eso llegué a una instancia en la que mis hijos lo único que me preguntan es cuándo voy a volver a casa. Ahí me quedo hasta Navidad. Me voy a dedicar a mi familia, a buscar a los chicos al colegio, a jugar al fútbol, al Monopoly. ¿Saben que mi hijo dejó de comer carne? Tuve que aprender a cocinar hamburguesas vegetarianas.

Tratamiento inesperado

Jackman reapareció la semana pasada para dar una noticia inesperada. Mostró una foto suya en las redes sociales en la que aparece con una banda protectora sobre su nariz. "Tengo un carcinoma de células basales. Por favor, no sean tan tontos como yo. Háganse revisar ¡y usen protector solar! Por suerte, le hice caso a mi mujer y me hice un control. Se trata de algo leve y tratable si se descubre a tiempo", explicó. Jackman volverá al trabajo como anfitrión de un concierto benéfico de Navidad en Washington, que tendrá como invitados de honor al presidente Barack Obama y a su esposa, Michelle.

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