Raúl Ruiz: planes de un creador incansable

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25 de abril de 2004  

Considerado uno de los directores más prolíficos, provocativos, audaces e imaginativos del cine contemporáneo, el chileno Raúl Ruiz (o Raoul, como le dicen los franceses que lo acogieron hace ya tres décadas) es una máquina de filmar. Tiene más de 100 películas realizadas y muchísimos proyectos en carpeta. "En estas dos libretitas -muestra al cronista- tengo esbozados cinco guiones, y hay muchos más en marcha."

No hay nada que pueda detener a Ruiz -que ha dirigido a varios de los grandes intérpretes del cine mundial como Isabelle Huppert, Catherine Deneuve, Michel Piccoli, Marcello Mastroianni, John Malkovich, Charles Berling, Anne Parrillaud y Emmanuelle Béart- ya que se adapta a todos los formatos (filma en video digital o en 35 milímetros, en Chile o en Europa, con actores ignotos o grandes estrellas) y con todos los presupuestos. "Mis películas van de 30.000 dólares a 10 millones de euros, como una sobre Gustav Klimt que estoy por empezar", añade.

Amante de la literatura de Jorge Luis Borges, conocedor en detalle de la obra de Sigmund Freud, teórico vanguardista del cine y realizador excéntrico que gusta del artificio y del exceso en sus intentos por desentrañar los aspectos más recónditos de la mente humana en medio de historias fantásticas siempre laberínticas, oníricas, misteriosas, ambiguas y de un extraño lirismo, Ruiz es el eje de la primera parte de una retrospectiva que continuará en próximas ediciones del Festival de Buenos Aires. La posibilidad de acceder a su vasta filmografía, que en la Argentina ha tenido estrenos muy ocasionales (la proustiana "El tiempo recobrado", "Comedia de la inocencia"), o ediciones en video ("Identidad paralela", "Genealogías de un crimen") es -sin dudas- uno de los hechos más destacados de este festival.

-¿Cómo se siente ahora que le ha llegado el momento en que los principales festivales del mundo empiezan a organizar retrospectivas de su carrera?

-Es inquietante (se ríe). Las retrospectivas tienen algo de funerario, pero supuestamente también significan un honor. Por eso, no digo que sea desagradable sino inquietante. Lo que está claro es que ya me han decretado como un director viejo.

-Pero hay pocos cineastas en el mundo más activos que usted…

-Sí, de hecho acabo de llegar de Chile, donde estoy filmando una película con financiación francesa.

-¿Cómo es?

-Se llama "Días de campo", transposición de dos cuentos de Federico Gana, un autor fallecido en 1926 que sólo escribió un libro, que luego fue lectura obligada en nuestras escuelas. Son viñetas sentimentales que, unidas, resultan en tragedia. Es una apuesta extraña, con actores chilenos, que juega con el tono de las telenovelas y con los anacronismos. Son historias de madres e hijos, tanto reales como sustitutas.

-Está rodando mucho en Chile ¿Siente que lo han aceptado finalmente en su país?

-Sigo siendo muy crítico, pero eso es algo que se aprecia bastante allí. No está bien visto ser patriota (se ríe). Igual, mis películas se ven poco en los cines, ahora algo más. Trabajo mucho, con técnicos jóvenes que están conmigo desde hace muchos años. "Cofralandes", por ejemplo, es un megaproyecto sobre Chile de 10 películas y 15 horas de duración, con dos meses de rodaje y seis de posproducción. Ya tengo listas casi seis y algunas ya se están exhibiendo en los centros culturales de Santiago y el interior con muy buena recepción. Las cámaras digitales y el abaratamiento de los costos de posproducción hacen que hoy casi no existan impedimentos ni límites.

-¿Qué recuerdos guarda de su época más militante, cuando era el director más amigo de Salvador Allende?

-Yo quería ayudar a ese gobierno, pero nunca me fue bien como cineasta oficial. Yo siempre filmé situaciones paradójicas. Por ejemplo, en "La expropiación" conté la historia de un hacendado que le tenía que dar las tierras a los campesinos, pero los peones no querían que se fuera su patrón. Los puristas más ideologizados me odiaban, no querían complejidades. Ahora me dicen que haga películas en contra porque, seguramente, terminarán siendo en favor del gobierno (risas).

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