Regreso a Nueva Orleáns

El prolífico Nicolas Cage vuelve a filmar en su ciudad favorita
Fernando López
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3 de abril de 2013  

En 1997, Con Air significó el encuentro de Nicolas Cage (que a esas alturas ya había ganado el Oscar por Adiós a Las Vegas y venía abriéndose paso como nuevo héroe de acción en La roca ) con Simon West, un montajista inglés con experiencia en la dirección de documentales y films publicitarios, pero debutante en la ficción. Fue el primer éxito de West en una carrera que alcanzaría varios más, de Lara Croft: Tomb Raider y La caída del Halcón Negro hasta la reciente segunda entrega de Los indestructibles . La trayectoria de Cage, ya se sabe, no se ciñó solamente al cine de acción y ha sufrido unos cuantos altibajos, lo que no impide que siga siendo una de las figuras más atareadas de Hollywood. Intérprete y director vuelven a encontrarse ahora en Contrarreloj (Stolen) , el nuevo thriller cuyo estreno anuncia Alfa Films para mañana y que, en el caso de Cage, marca otro reencuentro: el escenario en que transcurre la acción es el mismo que Werner Herzog eligió en 2009 para recrear la historia del maldito policía creado por Abel Ferrara: el film se llamó Un maldito policía en Nueva Orleá ns. Y le dio al actor la oportunidad de componer un papel a su medida: un detective adicto a la cocaína y las apuestas, capaz de robar y chantajear, de detener a una parejita de enamorados sólo para conseguir crack y sexo gratis o de obtener información para un caso que investiga impidiendo la salida del oxígeno que mantiene con vida a una anciana lisiada. También un tipo acosado por delirios y alucinaciones: casi un convite irresistible para que el gran director alemán sacara provecho de los tics y los desbordes que suelen criticársele al actor norteamericano.

En Contrarreloj , los uniformes están en la vereda opuesta. Cage es Will Montgomery, un habilísimo ladrón de bancos que tras concretar otro golpe maestro termina cayendo en manos de la policía y condenado a pasar ocho años en la cárcel. Cuando sale en libertad, sin que hayan podido recuperarse nunca los millones robados, será -por supuesto- observado de cerca por quienes -de un lado y otro de la ley- tienen interés en el copioso botín. Pero él tiene otros propósitos. Dice haber reflexionado durante el encierro y que ahora sólo le preocupa recomponer la relación con su hija, ya una adolescente.

La misión es bastante más compleja y difícil que el asalto a un banco, y no sólo porque a la chica le cuesta perdonar tantos años de abandono, sino porque ella misma se ha convertido ahora en valiosa moneda de cambio para llegar al codiciado tesoro. Si hay alguien que tiene una cuenta que saldar con su padre y busca venganza, ella está en peligro.

Y lo hay, claro. Es el villano indispensable en este tipo de relatos y lo compone Josh Lucas ( Psicópata americano, Una mente brillante ), que se sale de su habitual registro de galán para introducirse en la piel de un desequilibrado mental, lisiado y enceguecido por el resentimiento. Es el principio del drama de tensión que proponen el libretista David Guggenheim y Simon West y en el que, además de Cage y de Josh Lucas, intervienen Malin Akerman, Danny Huston, M.C. Gainey, Mark Valley, Grant Case y Sami Gayle.

La propia Nueva Orleáns -se cuenta- hizo importantes aportes al film, quizá para retribuir la fidelidad que el actor le demuestra, como se verá. Por ejemplo, prestó el ambiente de su famoso carnaval, el Mardi Gras que se adueña del espacio público y convierte sus calles en un laberinto. Era necesario para que el taxi que juega un papel trascendente en la acción, y en las persecuciones, pudiera perderse en la confusión, ya que en el origen la historia transcurría en Nueva York, donde el número de autos de alquiler es infinitamente mayor que en la ciudad del jazz y el Katrina, y el tránsito, mucho menor.

También prestó para que le sirviera de escondite al villano, el Six Flags Park, un parque de diversiones cerrado poco antes de que se produjera la catástrofe del Katrina y aún abandonado a pesar de los repetidos anuncios de reapertura. Asimismo permitió a la producción que Cage y un numeroso grupo de extras se mezclaran y fueran filmados entre la multitud durante el Mardi Gras de 2011. Así, buena parte de la gente que aparece en esas escenas son participantes en el festejo carnavalesco.

Hay una explicación para tantas gentilezas: la relación del actor nacido como Nicolas Kim Coppola y la ciudad más grande y más famosa de Luisiana no se reduce a Contrarreloj y a la película de Herzog ya citada. También filmó allí, con Roger Donaldson, Fuera de la ley (2011) y algunas escenas de Corazón salvaje (1990), de David Lynch, y la eligió como escenario de la que hasta ahora es su única realización como director, Sonny (2002).

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